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Haghenbeck presenta el génesis del narco

El escritor Francisco Gerardo Haghenbeck, autor del libro "La primavera del mal / EFE

El escritor Francisco Gerardo Haghenbeck, autor del libro "La primavera del mal / EFE

El autor mexicano refleja el sórdido mundo de los cárteles de droga de Ciudad Juárez y Tijuana en su novela La primavera del mal

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Con un planteamiento innovador en una “literatura del narcotráfico” que por lo general alberga obras predecibles y oportunistas, el escritor Francisco Gerardo Haghenbeck aborda en su nueva novela La primavera del mal una violenta problemática mexicana desde su raíz, al ofrecer un génesis que subraya una innegable dependencia binacional entre México y Estados Unidos.

Para Haghenbeck, los desgastados modelos que el género ofrece desatienden un aspecto revelador: el origen del mal. “Es una parte que no había sido tomada en cuenta. Pareciera que nadie había volteado la mirada a esta etapa histórica de las drogas en México. Creo que nadie lo había hecho, no había nada parecido en la literatura, ensayos sí desde luego... Pero en la literatura no había nada, que sería lo que hizo Mario Puzo con El padrino. Al hacerlo, Puzo nos mostró el origen de la mafia siciliana, y era un poco lo que yo quería hacer, entender el origen de lo que estamos viviendo”.

El autor mexicano se refiere al periodo entre principios de siglo XX hasta la década de 1950, que es el que abarca su más reciente trabajo, publicado este año por la editorial Suma de letras. La obra es un intento por retomar acontecimientos que, vistos desde este momento histórico, permiten explicar la violencia que han desatado los cárteles de la droga en México en su lucha territorial y de poder.

La novela, que representó un proceso de tres años para Haghenbeck, está ambientada principalmente en las fronterizas Tijuana y Ciudad Juárez de esas épocas y se centra en acontecimientos que retratan la doble cara de una presunta lucha contra el tráfico de drogas, cuyos protagonistas actúan sólo por beneficio propio.

En el libro desfilan personajes ficticios que se mezclan complejamente con figuras de la vida real como Maximino Ávila Camacho, gobernador de Puebla y hermano del presidente de México Manuel Ávila Camacho (1949-1946), y el gánster estadounidense Bugsy Siegel, inmiscuidos en una lucha entre el bien y el mal que subraya los hilos de la corrupción de los que penden quienes tienen el poder. “A fin de cuentas estamos hablando de eventos históricos que fueron reales, que fueron verdaderos, entonces al ponerle nombre y apellido lo que estamos haciendo es cimentando esa historia”.

Dando muestras de una madurez artística, Haghenbeck no se limita a desmenuzar la organización interna de las células del narcotráfico ni a subrayar su crueldad, sino que apunta al pasado para evaluar, y hasta justificar, el presente. “Cuando ves esta épica de novela que hay que vivirla desde los dos puntos de vista, Estados Unidos y México, te das cuenta de que lo que estamos viviendo no ha sido más que el seguimiento de una línea que ha perdurado en los últimos 50 años. No ha habido ningún cambio, incluso la violencia que parecería que ha crecido hoy en día era la misma en los años cuarenta”, agrega el escritor, que en 2006 recibió el Premio Nacional de Novela Otra vuelta de tuerca por su obra Trago amargo (Roca editorial).

Ya en una novela previa titulada El diablo me obligó (Suma de letras, 2011), el autor de 48 años de edad evidencia haber pasado por un proceso de asimilación y apropiación de una cotidianeidad violenta para, a partir de ahí, crear una narrativa fluida de mundos caóticos, muy reales. Ese desbordamiento narrativo puede ser explicado por su capacidad de favorecer a la imagen, que a su vez proviene de su experiencia en el mundo del cómic, donde comenzó. “Bueno, son mis orígenes. Quizás eso ayuda a que toda mi literatura esté cargada de elementos visuales. Realmente cuando uno lee mis libros es fácil poder imaginar. Yo escribo a través de imágenes y no de palabras”, dice el único mexicano que ha escrito una versión de Superman.