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Hace 10 años se fue la poeta de la nocturnidad

La autora de <i>Formas en el sueño figuran infinitos</i> (1976) falleció a causa de un paro respiratorio / Vasco Szineta

La autora de Formas en el sueño figuran infinitos (1976) falleció a causa de un paro respiratorio / Vasco Szineta

Hanni Ossott murió a los 56 años de edad. Sus aportes a la literatura nacional y, en especial, al fortalecimiento de la voz femenina dentro de ésta aún no terminan de medirse

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Esdras Parra decía que en Hanni Ossott la poesía era una prolongación de su existencia. Pero la autora caraqueña nacida en 1946 lo definía más bien como “una entrega al tanteo” y citaba la frase de Rimbaud, “Yo soy otro”, porque es la otredad lo que ella encontraba en la poesía: una revelación al asombro del ser humano que guió su palabra lírica, esa que se apagó el 31 de diciembre de 2002, cuando sufrió un paro respiratorio y entró definitivamente a la misma noche que durante tanto tiempo trató de entender.

De esta búsqueda surgieron poemarios como Formas en el sueño figuran infinitos (1976), Espacios para decir lo mismo (1974); Espacios en disolución (1976), Cielo, tu arco grande (1989), Casa de agua y de sombras (1992) y El circo roto (1996). Todos hilos que tejieron su aporte a la sensibilidad del país.

A pesar de que su primer poema publicado, “Sombra de las sombras”, data de 1964 y de que en 1972 ganó el premio único de la Segunda Bienal José Antonio Ramos Sucre, Ossott llegó a su madurez como poeta a finales de la década de los años ochenta, según ella misma declaró en las entrevistas a propósito de su libro El reino donde la noche se abre, en 1987.

 

Legado. Su obra, que emerge desde lo ctónico –asociado con el inframundo– y lo nocturno, como territorios propios de lo femenino, se caracterizó porque su palabra poética se alimentaba de la abstracción filosófica y prefería la oscuridad.

“El poeta de la nocturnidad es el que habla desde los bajos fondos del ser. En él prevalece la intuición, lo oscuro. En el poeta diurno, como Valery o Borges por ejemplo, domina lo intelectual, la razón, lo histórico, el mito”, declaró a El Nacional a propósito de la publicación de su poemario. En la misma entrevista se refirió a su visión de lo femenino, particular en una época cuando las mujeres comenzaban a poblar la vida pública nacional y las escritoras estaban articulando sus voces en lo que era el variado pero masculino bosque de la literatura nacional: “Existe una escritura femenina. Una manera femenina de mirar, de entender el mundo y la realidad. Pero debo aclarar que lo femenino no es exclusividad de la mujer”.

Y es que Ossot hablaba también como crítica literaria, pues aunque no era este un oficio que prefería al de poeta, produjo libros notables como Memoria en ausencia de imagen, memoria del cuerpo (1979), Imágenes, voces y visiones (1987) y Cómo leer la poesía (2002). Su obra, como se ve, es global, por eso aún su legado, ni en el ensayo ni en la poesía, ha terminado de medirse.