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Gyllenhaal abraza la madurez

Jake Gyllenhaal | Reuters

Jake Gyllenhaal | Reuters

La estrella, que en diciembre cumplirá 33 años de edad, asegura que ahora le apetecen "personajes a los que cuesta entender, a los que es difícil querer a primera vista”, como el que interpreta en Intriga, cinta que protagoniza con Hugh Jackman. Dice que su mayor reto es crecer como actor y mostrar versatilidad en cada papel

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De negro, con una sonrisa de oreja a oreja y con la confianza que da saber que está en una película adorada por la crítica, Jake Gyllenhaal presentó Intriga en Toronto. Su personaje, un policía con la ira congelada, es el alma de un drama con hechuras de thriller y confirma lo que muchos sabían: el actor ha abrazado por fin una madurez que llevaba intuyéndose desde la impresionante Zodiac.

Por el camino ha firmado películas como Brothers o Sin tregua, que ahora parecen ensayos para una persona que durante mucho tiempo coqueteó con el peligro de ser otro de esos rostros que Hollywood adora y olvida, casi sin tiempo para nada más. “No sé si he cambiado como actor. Creo que he hecho películas mejores y otras peores, pero de todas he aprendido algo. Lo que sí sé es que ahora me apetecen esa clase de personajes a los que te cuesta entender, a los que es difícil querer a primera vista. Por eso me entiendo tan bien con Denis Villeneuve (director de Intriga). A los dos nos gustan esos tipos llenos de dobleces, a los que les cuesta seguir la línea recta y siempre están dando tumbos, sin darte pistas de lo que realmente son, de cuál es su auténtica naturaleza”.

Villeneuve, el realizador de Incendies, parece ahora atado al intérprete al que dirigió en Intriga y en Enemy. No son pocos los que le preguntaban por su –extraña- relación: “Pueden decir que es una relación extraña (risas). Un día le mataría y al siguiente le abrazaría. Creo que nunca he amado tanto a alguien que pudiera odiar en la misma medida. Sin embargo, pienso que esa es la clase de riqueza que necesita cualquier relación y, desde luego, nunca he tenido con ningún director la confianza que tengo con él”.

En Intriga, el personaje de Gyllenhaal luce tatuajes, tics nerviosos y una rabia que le asoma por las mangas de la camisa: “Hablé mucho con Denis sobre mi personaje y su relación con el de Hugh Jackman. El sujeto era muy sensible: la desaparición de dos niñas pequeñas y el impacto en sus padres, en sus madres, en las familias que les rodean. Mi personaje es alguien al que no puedes identificar a primera vista: te despistan los tatuajes, el anillo, su forma de moverse, como si supiera mucho más de lo que realmente dice. Nunca se desvela –y no voy a hacerlo ahora- el origen de todo eso, pero puedes imaginarte que el tipo no ha tenido una vida sencilla y que si le acercas demasiado una cerilla puede explotarte en la cara. Puedes imaginar que él mismo ha visitado el sistema penitenciario, pero que de algún modo ha salido de ahí y está en el otro lado, el de la justicia. Todo eso está ahí e intuyes muchísimas cosas: dicen que el diablo está en los detalles y me gustó mucho hacer ese ejercicio de imaginarme de dónde salía este hombre, qué había hecho antes de ser policía, cuál era su auténtico motor, más allá de su placa. Esa ambigüedad era en realidad lo más atractivo”.

Gyllenhaal, que en su día ocupó corazones cinéfilos con Donnie Darko, parece ahora enfrentarse a un reto mayúsculo, que él mismo admite: “Quiero crecer como actor y eso es fácil de decir, pero difícil de hacer. Cuando rodábamos Intriga miraba a Hugh Jackman o a Terrence Howard y pensaba en la cantidad de recursos que tienen al momento de afrontar una escena. Lo mismo puedo decir de Michael Pena o Robert Downey Jr. Son tipos que tienen una versatilidad y un abanico de posibilidades ilimitadas. Es hacia allá adonde quiero ir”.