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Gisela Kozak: “Hoy más que nunca Venezuela vive de la mentira”

"¿Por qué un país tan chévere está tan polarizado?", se pregunta la autora | Foto Manuel Sardá

"¿Por qué un país tan chévere está tan polarizado?", se pregunta la autora | Foto Manuel Sardá

Con Ni tan chéveres ni tan iguales, la escritora Gisela Kozak presenta en tono de humor un análisis cultural sobre las representaciones que tipifican el ser venezolano

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Un país con altos índices de violencia y desabastecimiento, obsesionado con la belleza, inmerso en 15 años de polarización y agitación política, que se considera como el mejor del mundo, es un caso de estudio.

En Ni tan chéveres ni tan iguales, Gisela Kozak revisa los mitos fundadores del ser venezolano y de los que se originaron a partir de la explotación petrolera. Lo mejor es que lo hace a través de una perspectiva irónica y humorística que genera complicidad con el lector y, al mismo tiempo, lo llama a la reflexión. “Más que orgullosa me siento comprometida con el hecho de ser venezolana. Trato de hacer lo que puedo desde mi posición de escritora para explicar lo que pasa”, dice.

En esta serie de ensayos cortos, publicada por Ediciones Puntocero, la también profesora de Políticas Culturales de la UCV analiza los roles que cumplen dentro del “cheverismo” la figura de la madre, la mamita, el hijo, el Miss Venezuela, la gasolina, la belleza, el poder, lo militar y la violencia. También la hipocresía ante temas como el aborto y la homosexualidad. Y perlas como esta: “Eso del feo hermoso lo inventaron Simón Bolívar y Juan Vicente Gómez”.

—¿La población de Venezuela es la gente más feliz, la más simpática, la gran raza de los chéveres como aparece en el libro?
—Siempre he tenido la percepción de que los venezolanos tienen una idea muy elevada de sí mismos. Esa imagen se rompe con el Viernes Negro y el Caracazo, pero sobrevive la idea de la riqueza, la igualdad y de que somos una población feliz a pesar de todo.

—También ha sido un país para el cual el patio del vecino siempre es más verde…
—Bueno, si yo te digo que tenemos la naturaleza más hermosa del mundo, no estoy diciendo que he conseguido nada; esa es la razón por la cual nos deslumbramos con lo que otra gente obtiene con esfuerzo, trabajo, gobierno y políticas públicas.

—Pero los venezolanos sí tienen una obra que valorar… ¿Dónde quedan entonces Rómulo Gallegos, Teresa de la Parra, Carlos Raúl Villanueva, Aldemaro Romero, Carlos Cruz-Diez…?
—Eso no está dentro de la cultura popular venezolana. Sácalo por los líderes políticos. No nos vemos en términos de hacedores, por eso admiramos tanto lo de afuera. Mientras sigamos pensando que somos Adán y Eva en el país más rico del mundo… No tenemos conciencia de nuestros logros científicos, políticos, económicos, educativos. La oposición compró el discurso de la ruina. Tengo alumnos que piensan que el primer plan de alfabetización lo hizo el gobierno de Chávez, que en los años setenta solo entraban blancos a las universidades. ¿Por qué el taxista de Cartagena sabe quién es García Márquez y el nuestro solo sabe que tenemos petróleo?

—¿Ni tan chéveres ni tan iguales parte como un ejercicio de entendimiento a la profunda crisis en la que viven los venezolanos desde hace 15 años?
—Estamos en un estado de cobardía. Hemos perdido nuestra dimensión cívica. Nosotros tenemos una imagen de nosotros mismos, representaciones e ideas que se convirtieron en nuestra cultura popular. El cheverismo es una. Nosotros somos chéveres, somos solidarios, somos felices. El venezolano es abierto, es tolerante, pero cuando buscas en la vida cotidiana te preguntas a quiénes se están refiriendo. Por qué un país tan chévere está tan polarizado. Por qué un país que se alimenta de la idea de la igualdad tiene grandes diferencias sociales y de ingreso. Además, la diferencia política es una nueva forma de discriminación. Aquí hay una gente más igual que otra.

—El gobierno asegura que “los amargados, excluyentes…” están del otro lado.
—El gobierno se cree dueño del monopolio de la igualdad y la felicidad que encarna en un personaje blanco, sifrino, llamado Cheverito, dotado de una seria de recursos de los que carece cualquier joven venezolano promedio, mientras lo que se ve fundamentalmente en Caracas y el interior es pobreza.

—¿Esta es una sociedad que vive de la apariencia?
—Más que de la apariencia, hoy más que nunca Venezuela vive de la disciplina de la mentira. Se miente con una persistencia y una sistematicidad tremenda por parte del gobierno, pero la sociedad ha adoptado la misma conducta. Vivimos de la mentira de nuestra riqueza, tolerancia, igualdad social, felicidad, ideal democrático. Por qué una sociedad que ha apoyado a un gobierno autoritario durante 15 años puede considerarse democrática. Creo que el autoritarismo ha cundido en toda la sociedad venezolana.

—En el libro se refiere a la hipocresía que rodea a temas como el aborto y  el respeto a los homosexuales…
—Somos una población en la que cunde la hipocresía. Es un tema muy importante que no se quiere implantar por miedo y falta de liderazgo. Se requiere de audacia, capacidad para la ruptura y convencer al otro de que es lo correcto. Son derechos civiles que no han sido abordados como tal.

—¿No teme que la acusen de generalizar en medio del estado de alteración en el que se encuentra todo?
—No estoy haciendo una afirmación sobre una supuesta identidad venezolana, sobre una sola forma de plantearse los problemas. Aquí me pregunto por qué tenemos esa idea de que somos el mejor país del mundo, el más rico y de que somos todos iguales. Qué pasa con nuestra cheveridad.

—¿Qué pretende con el libro?
—Reflexión y risa. Si vendo lo que vendió Mirtha Rivero con La rebelión de los náufragos no estaría mal. En un país en el que el gobierno ha secuestrado a la nación, ser venezolano es una condición que no se olvida ni un instante. Todo el que luche en este momento debe tener un espacio en el que se cultive la propia vida, un lugar que no secuestre ningún gobierno autoritario. Esos políticos para los cuales la patria es la mujer me preocupan mucho.

 

Ni tan chéveres ni tan iguales
Bautizo: librería Alejandría, Paseo Las Mercedes
Sábado 30 de agosto, 11:00 am
Palabras a cargo de Willy McKey