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Gerry Weil desmenuza su trayectoria como artista en un libro

Las conversaciones entre Gerry Weil y Cristina Raffalli comenzaron en 2011 | OMAR VÉLIZ

Las conversaciones entre Gerry Weil y Cristina Raffalli comenzaron en 2011 | OMAR VÉLIZ

La periodista Cristina Raffalli fue la encargada de registrar las conversaciones con el pianista y maestro, quien no se arrepiente de nada de lo que está escrito

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Gerry Weil suele bajar con frecuencia a La Guaira. Necesita la playa, le apasiona, es un lugar para la reflexión, la conversación, la meditación. También para la lectura y la composición.Para él la relación que existe entre el mar y la música es rítmica. 

El domingo pasado iba en un carrito por puesto al estado Vargas. La tranquilidad empezó a trastocarse cuando el conductor encendió la música, que poco a poco empezó a convertirse en un sonido infernal. “Tuve que calarme cuarenta minutos de reguetón. Pensé en decirle al chofer que bajara el volumen, pero decidí que no. Ese es su vehículo y me está prestando un servicio. Entonces agarré el libro y empecé a releerlo”.

Se refiere Al ritmo de Gerry Weil. Conversaciones con el maestro, escrito por la periodista Cristina Raffalli, que será presentado mañana, a las 3:00 pm, en la Sala Experimental del Centro Cultural Chacao. 

Las conversaciones entre ambos comenzaron en 2011, cuando Raffalli decidió emprender el proyecto. Los primeros encuentros ocurrieron en el apartamento del pianista, en Sabana Grande, lugar en el que se han formado decenas de músicos, algunos famosos, otros no tanto. En ese mismo lugar se realiza la entrevista por la publicación de la biografía.

Hay confianza entre ellos. Se interrumpen, se complementan. “Me extraña profundamente que un libro como este no se haya hecho antes”, dice ella. Weil coincide: “Lo que pasa es que Venezuela es un país en el que a los artistas vivos se les hacen pocos homenajes. Cuando leía biografías como las de Miles Davis, él estaba muerto. Este libro me hizo darme cuenta de que a partir de este momento debo vivir con mayor consciencia lo que está ocurriendo”.

El domingo pasado, en la playa, mientras leía esas páginas, reía a carcajadas. Es fácil de imaginar, nada más una conversación de cinco minutos con Weil deja en la memoria por lo menos dos o tres momentos hilarantes. “Entonces, la gente a mi alrededor me veía. Me reía de relatos que me hacen volver a lo vivido, me reafirmo. No me sorprendo. No hay nada en el libro de lo que me arrepienta”, agrega. 

Para Raffalli una de las grandes sorpresas en las entrevistas fue enterarse de que a Weil lo descartaron como músico en Austria, donde nació el artista. “Le dijeron que no tenía ningún talento innato. Eso me descompuso. Me preguntaba en qué se habían equivocado los maestros de Viena. Él me dijo que no era un error, que ellos tenían razón. Lo sabe ahora que tiene alumnos y ve en ellos ese talento que a él le faltaba. Gerry me contaba que su fortaleza era una pasión muy grande puesta al servicio de la disciplina”.

Esa historia de perseverancia, así como la superación de algunos problemas de salud de Weil, son consideradas por la periodista como pertinentes: “Esos episodios de gran combatividad se transforman en grandes alegrías sin victimización o inflación del ego. Hay un contacto gozoso con la lucha, lo que cae como anillo al dedo en un momento en el que el país sufre mucho, cuando se necesita un aliento, especialmente para los jóvenes que tienen mucho por enfrentar". 

Weil es humilde. No son pocos los artistas que se han formado en su casa. Es maestro desde hace más de cinco décadas, cuando decidió formar a jóvenes y adultos y no quiso seguir trabajando de noche, en bares y clubes. “En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Ahora es cuando hay academias e institutos que enseñan música. Por mucho tiempo acá no hubo con quién estudiar, tenías que viajar a Berklee. Había conservatorios, no tantos como ahora con el sistema de orquestas, pero no estaban vinculados con el jazz. He tenido alumnos que han volado mucho más alto que yo”, dice en referencia a personas como Luis Perdomo, de quien muestra su más reciente disco: Montage. “En todos me nombra en los agradecimientos.

Estudió conmigo durante diez años. A él le di clases en su casa, en Coche, adonde iba en bicicleta. Fue en los ochenta”.
Weil, de 76 años de edad, se describe como un guerrero y filósofo. “También voy a usar un término socialista: soy un trabajador del arte" (risas). Considera que su vida ha estado llena de giros radicales, pero siempre con el objetivo de renovarse. Nunca tirar la toalla. “Es un mensaje para Venezuela, mi patria selectiva que me ha dado todo. También es un mensaje para la juventud, que la veo muy confundida. Para muestra, el gusto musical que tiene la mayoría. Este libro nace en el mejor país del mundo, aunque no esté atravesando su mejor momento. Es un mensaje de paz. Si pudo este muchachito que salió de los escombros de una Segunda Guerra Mundial, cualquiera puede”.