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Gaitas de colores sonaron en El Nacional

Los Nene, Benavides y el Gocho fueron los invitados a la premiación que comenzó al mediodía

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Las gaitas tradicionales no fueron suficientes en la final del reality show Operación Furruco, organizado por FM Center. Los colegios participantes echaron mano de diversos géneros y se pasearon por el merengue, el reguetón y la salsa.

El primer lugar fue compartido entre el Colegio San Ignacio de Loyola y el Instituto Andes. El premio a Mejor Repertorio fue para el Colegio Cristo Rey y a la Mejor Coreografía para el Colegio El Peñón.

El jurado estuvo integrado por integrado por Johann Arcaya y Elías Lugo, quienes evaluaron las coreografías, y Bejamín Aldana, Edward Pérez y Elberth Flores, para la parte musical.

La mayoría de los grupos versionó “Vivir mi vida” de Marc Anthony, además de “Aguanile”, de Héctor Lavoe, y “Limbo” de Daddy Yankee. También se escucharon canciones originales de Soledad Bravo, Rubén Blades, Simón Díaz, Oscar D’León, entre otros. Todo fue sensible de ser cantando al ritmo de la gaita, incluso canciones de Disney. Entre las piezas más tradicionales que interpretaron los colegios se repitieron “Orinoco”, “La primavera” y “Amparito”.

Aunque la lluvia amenazó por momentos, ni las nubes grises ni el calor inclemente amainaron los ánimos del público. Los Nene, el Gocho, Oscarcito y Benavides fueron los invitados.

Con un gran despliegue logístico y técnico y 2 tarimas dispuestas, se presentaron las 28 delegaciones representantes de colegios como Emil Friedman, Santa Rosa de Lima, Santiago de León de Caracas, Caniguá, Simón Bolívar 2, San Luis, Claret, Academia Merici, Henry Clay, Instituto Escuela, Teresiano de La Castellana, El Peñón, Nuestra Señora de la Consolación, Humboldt, María Santísima, San José de Tarbes de La Florida, Jefferson, Santo Tomás de Aquino, María Auxiliadora, Agustiniano Cristo Rey, Los Campitos, Champagnat, Don Bosco y El Carmelo.

Al igual que en la música, los vestuarios y los recursos escenográficos variaron. Hubo bomberos, damas antañonas, bailarinas de charleston, entre muchos otros conceptos. Los homenajes a Caracas, al Ávila y al país también abundaron.

Antes de subir a la tarima los jóvenes estaban nerviosos, pero sus representantes, muchas con franelas identificadas como “mamá gaitera”, lo estaban aún más.

“Esto es un desenfreno. Los nervios son insuperables. El colegio, que se había separado por algunos años de la tradición gaitera, regresa, y el gran escenario es Operación Furruco”, comentó Claudia Furiati, representante del Instituto Escuela.

La autocrítica también se sintió cuando los colegios dejaban el escenario. Camila Domingo, del cuerpo de baile del colegio Humboldt, afirmó: “Las experiencias en las gaitas son únicas. Cuando nos bajamos nos damos cuenta de que algo salió mal, pero estamos dispuestos siempre a superarlo en el siguiente toque”.