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Frankenweenie: la resurrección del mejor Tim Burton

Tim Burton | Foto: EFE

Tim Burton | Foto: EFE

La película que devuelve la vida a un perrito, gracias a 24 fotogramas por segundo, cierra un ciclo para un cineasta que encontró belleza donde otros ven oscurantismo

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Su maestra de colegio asegura que era un niño normal. Que no jugaba con murciélagos muertos ni era el débil, pálido y solitario del salón del que todos se burlaban. Quizás mucho de lo que se ha tejido sobre la infancia de Tim Burton en Burbank, el suburbio de Los Ángeles que ha satirizado en sus películas como el lugar de las casitas todas iguales, la eterna y tediosa primavera, el césped cortado como cráneo de cadete y los vecinos insoportablemente decentes, sea una construcción ficticia. Lo trascendente es que el cómplice número uno de esas personas ojerosas a las que llaman “góticas” (término usado despectivamente para el presunto oscurantismo del arte medieval) vuelve como un disco rayado a su mejor cine: el que asocia lo tenebroso y lo tierno.

En Youtube está disponible el original con actores (y perro) de carne y hueso, entre ellos la entonces niña y ahora también cineasta de culto Sofía Coppola, de Frankenweenie (1984). El corto que Burton dirigió a los 26 años de edad y que, según otra de las leyendas sobre su carrera, precipitó que lo despidieran del estudio de animación de Walt Disney: ¿qué padre sensato querría que su hijo viera una historia en blanco y negro acerca de un perrito atropellado, extraído de su tumba por su dueño, resucitado con impulsos eléctricos y muerto en segunda ocasión debido a la quema de brujas de unos vecinos intolerantes?

Del mismo espíritu, el del creador incomprendido de un arte torcido pero auténtico, emergieron otros de los mejores filmes posteriores del director que, en una primera superproducción cinematográfica de Batman (1989), hizo del Guasón de Jack Nicholson un personaje más carismático que el amargado héroe. Ya con su actor fetiche Johnny Depp, en El joven manos de tijera (1990), otra derivación de la narración literaria de Frankenstein en la que rindió homenaje en vida a su admirado actor Vincent Price (fallecido en 1993), mostró la oposición entre la clase media falsamente armónica de casitas color pastel y el artista solitario y rechazado que, muy en el fondo, ansía la aprobación de todo ese vecindario de gente sociable que (le) rechaza. Poetizó a otro “monstruo”, uno de los cineastas más fracasados de la historia de Hollywood, en Ed Wood (1994).

Quien evidentemente no hace películas para niños (o por lo menos para padres que buscan un entretenimiento edificante para sus niños) encontró una afiliación inmediata con la antiquísima técnica de la animación cuadro a cuadro. “Una de las formas de arte más bellas, que devuelve vida a un objeto inanimado con 24 fotogramas por segundo”, declaró a El País de España. Tras El extraño mundo de Jack (1993), en la que cumplió rol de productor, y El cadáver de la novia (2005), la versión animada de Frankenweenie, que se estrena el próximo viernes en Venezuela como un filme de una poética tan pura como imposible de comercializar, es la culminación estética que consume una parte de la cinematografía de Burton.

En la Frankenweenie alargada están de nuevo sus fantasmas: el misterio de la vida y la muerte. La soledad y el desamparo versus la aprobación colectiva. El cine clásico de terror y los monstruos japoneses. Y una de las escenas más góticamente tiernas que pueda concebirse: el regreso de Sparky, un perrito choreto, mal cosido, algo ya comido por las moscas y siempre honesto en su esencia animal, al cementerio del que fue desenterrado en una noche de tormenta.

Compromiso íntimo

Frankenweenie, una de las 21 preseleccionadas para el Oscar a la Mejor Película Animada, llega después de otras revisiones no tan acabadas de lo gótico por parte de Tim Burton. Sweeney Todd (2007) y Sombras tenebrosas (2012) parecieron darle demasiadas vueltas al trompo de su colaboración con Johnny Depp. Incluso el filme más taquillero de toda su carrera, Alicia en el país de las maravillas (2010), desprende cierta sensación de distancia. Al director, más que un humor cínico que no va con su temperamento, parecen adecuársele las cintas en las que está en juego su mundo más íntimo, como Big Fish (2003) y Frankenweenie.  

Frankenweenie
Animación. Estados Unidos, 2012
Director: Tim Burton
Desde el viernes 16 de noviembre en cines