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Francisco Javier Pérez: “Los hombres públicos son cada vez menos virtuosos al usar el lenguaje”

Francisco Javier Pérez fue hasta este año presidente de la Academia Venezolana de la Lengua | Foto Manuel Sardá

Francisco Javier Pérez fue hasta este año presidente de la Academia Venezolana de la Lengua | Foto Manuel Sardá

Entre las preocupaciones del estudioso está el empleo del idioma por personas que tienen poder sobre la población, que puede repetir los errores que estas cometan

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“Venezuela se estrena conmigo en estas lides”, dice con entusiasmo Francisco Javier Pérez, quien acaba de ser elegido por unanimidad como secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

A principios de 2016 se mudará a Madrid, donde vivirá hasta 2019 como parte de un papel intimidante. Será una de las cabezas de la institución que reúne a 22 organizaciones de diversos países, modos, acentos y costumbres; cada una con necesidades y requerimientos, incluso económicos.

Son retos comunes en una lengua que atraviesa un buen momento. “Está en crecimiento. La hablan más de 400 millones de personas en cuatro continentes. Es requerida por muchos que no la tienen como lengua madre por la fascinación que ejerce el mundo hispánico; lo turístico y culinario, por ejemplo. También es percibida como una lengua de creación científica y tecnológica. No desplaza al inglés, pero hay un repunte. Tenemos otras fortalezas que muchas lenguas modernas no tienen”, afirma sobre lo que considera un interés que ubica hasta en países asiáticos.

Incluso, uno de los objetivos de la asociación para el próximo año es la inclusión de la Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española, y a mediano o corto plazo la creación de una institución similar en Israel y Canadá. Claro, advierte que es mejor no hablar de rivalidades, sino de convivencias, la movilización de personas de un lugar a otro, como un factor determinante.

Hay diferencias lingüísticas entre las diversas naciones que lo emplean, pero las ve como elementos de crecimiento. “La diversidad la hace rica”, acota sobre un idioma que si bien experimenta un buen momento, también es maltratado: formas verbales que son impropias, mala pronunciación y otros fenómenos estandarizados como las pérdidas de consonantes finales.

“Hay un renglón que no se puede omitir, es el manejo del idioma por hombres públicos, aquellas personas que tengan un público mayor a una reunión de amigos. No pueden hablar mal porque contagian como una enfermedad. Si ocurre en los medios de comunicación, se potencia”.

Por eso considera importante el empeño en hablar bien, especialmente en aquellos que laboran en canales más inmediatos como la radio, que suele escuchar con frecuencia.

“El esfuerzo es un camino recorrido importante. Destaco a aquellos que se esmeran por hablar bien, que quieren hacer un buen trabajo, incluso aquellos que se excusan cuando lo hacen mal. Sin embargo, hay otros a quienes ni les importa, no hacen ni un mínimo esfuerzo, no les importa”, subraya.

Verdad y mentira. En esa descripción que hace el académico también caben líderes políticos, quienes a juicio del ex presidente de la Academia Venezolana de la Lengua tienen que recordar su responsabilidad. “El lenguaje sirve pare decir verdades y mentiras. Los griegos lo decían, Aristóteles hablaba de los silogismos, modos de pensar lógicos y racionales, pero también está el sofisma, que con la apariencia de un silogismo, desembocaba en falsedades. En Venezuela los hombres públicos son cada vez menos virtuosos al usar el lenguaje. Por eso incurren en inventos léxicos y de otra naturaleza que pueden instalarse. La lengua no evoluciona siempre sobre sus virtudes”.

El avispero, la denigración y la exageración caracterizan a muchos políticos, especialmente en tiempos de campaña, cuando la mentira puede abundar. ¿Entonces quiere decir que un buen uso del lenguaje implica decir la verdad?

“Es complicado de resolver. En un sentido ético, si empleas bien la lengua para decir  o instalar verdades, que no solo es lo cierto, sino lo provechoso para la cultura, sería perfecto. Lo otro es motivo de discusión”, acota el también profesor.

Entre los errores en el uso que considera se podrían establecer dentro de varios años enumera asuntos que hace treinta años se veían como grandes problemas. “La falta de concordancia. En Venezuela hay quien dice: ‘hacen años que no llega la harina Pan’. Es incorrecto, pero está tan instalado que quedará. Es parecido a lo que ocurre con ‘hubieron”.

Modernización de la academia
Durante cuatro años Francisco Javier Pérez fue presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, cargo que desempeñó hasta hace pocos meses. Uno de los méritos de su gestión, asegura, fue continuar un proceso de modernización que comenzó con Óscar Sambrano Urdaneta. “Se quiso que funcionara como institución acorde a nuestros tiempos. Significó ponerse al día en temas de investigación, los diccionarios. También era curioso que no estuviera vinculada a redes sociales y procesos de comunicación digitales. Tenemos página web y canal de Youtube. Quizá lo más importante es que desde hace tiempo tomó conciencia de su importancia para la sociedad”, asevera.

Entre los retos de la Asociación de Academias de la Lengua Española menciona el estudio de la gramática, la ortografía y los diccionarios. “Son tiempos vertiginosos y de relación con la tecnología”, dice.

Afirma también que entre las próximas ediciones están la publicación de antologías de Rubén Darío, Jorge Luis Borges y la reedición de la novela La colmena de Camilo José Cela.