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Filven continúa sin novedades

El pabellón infantil de este año se convirtió en una gran carpa donde el anfitrión es Chávez, el arañero | FOTO Leonardo Guzmán

El pabellón infantil de este año se convirtió en una gran carpa donde el anfitrión es Chávez, el arañero | FOTO Leonardo Guzmán

La feria literaria muestra una erosión de la oferta en editoriales privadas y presenta más de lo mismo en los sellos del Estado

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Pasear por la décima edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela es como meterse en una máquina del tiempo. Una que echa para atrás 12 meses, porque casi no hay diferencia entre la oferta editorial de la convocatoria hecha en 2013 y la de este año, que puede visitarse hasta el próximo domingo en los espacios abiertos del Teatro Teresa Carreño, la Universidad Experimental Nacional de las Artes y la Plaza de los Museos.

Si bien en todas sus ediciones este evento se ha caracterizado por un marcado proselitismo político con material POP de la izquierda, que incluye calendarios del Che Guevara, fotos a tamaño natural de Fidel Castro, así como chapas y libretas con pensamientos de Chávez —especialmente en 2013 cuando al “luto activo” propuesto por Gustavo Pereira, entonces el escritor homenajeado, se le sumó la campaña por la elección de Nicolás Maduro—, este año la sensación de un viaje al pasado se profundiza por el hecho de que las editoriales, tanto las públicas como las privadas, no están presentando novedades. La realidad es que los sellos privados —a excepción de Planeta, Santillana y Libros El Nacional— ya no se interesan por estar representados en la Filven y se apoyan en el trabajo de distribuidoras que comercian sus saldos, así que todas lucen como quincallas de libros viejos.

La directiva del Centro Nacional del Libro ha hecho lo posible por subrayar la popularidad de la Filven —en 2012 la presidente de la institución, Christian Valles, llegó a decir que a la feria venezolana asistían más personas que a la de Guadalajara, que es el encuentro literario más importante del habla castellana—, pero en los últimos cinco años se ha visto una marcada erosión de las editoriales que antes aprovechaban este evento como una vitrina para su trabajo.

Si las cifras del Cenal señalan que este año asisten 142 expositores, apenas uno menos que el año pasado y 20 más que en 2011, cuando el encuentro se mudó del Parque del Este para su actual emplazamiento, es porque en los espacios en los que antes estaban los sellos independientes hoy proliferan las publicaciones de las imprentas comunitarias y los fondos editoriales de organismos del Estado, como el Fondo Editorial de la Asamblea Nacional Willian Lara, que ofrece como una novedad un compendio de los discursos de Chávez en tres tomos y promete editar el cuarto antes finalizar 2014.

En medio de tanta uniformidad, este año debe destacarse el bello diseño abierto del kiosco dedicado al país invitado, Brasil, que se encuentra en la entrada del Teatro Teresa Carreño. Con una síntesis de los colores blanco, verde, amarillo y azul que componen la bandera de la nación vecina se hallan representadas tanto editoriales estatales como privadas de ese país, enfocadas en el público adulto e infantil.

Otros países, sin embargo, no hicieron ni siquiera el esfuerzo de cambiar la decoración del stand del año pasado, tal es el caso de algunos socios de Venezuela, como Cuba, China e Irán.

Lo único que sí cambió fue el pabellón infantil en el centro de la Plaza de los Museos, que este año se amplió y se convirtió en una gran carpa de circo multicolor. En cuanto los visitantes traspasan la puerta se consiguen con la gigantografía de un niño que representa al Hugo Chávez de los Cuentos del arañero.