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Fernando del Rincón: “La cobertura en Venezuela fue un logro periodístico”

El periodista Fernando del Rincón abordó en CNN el tema de las represiones ocurridas anoche en varias ciudades de Venezuela | Captura CNN

El periodista de CNN en Español ahora transmite desde Miami. Su programa, Conclusiones, durará una hora a partir del lunes

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Fernando del Rincón responde el teléfono en Miami. Dejó Atlanta –por motivos personales y laborales– para iniciar otra etapa de Conclusiones, programa que a partir del lunes durará una hora.

“Muchas de las figuras de la actualidad pasan por esta ciudad, eso nos permite acercarnos más a los invitados que normalmente tengo a la distancia y nutrir el programa”, señala.

Durante el ejercicio de su carrera solo ha sido amenazado de muerte en una oportunidad, cuando todavía trabajaba en México. No recuerda haber sido presionado por algún gobierno o poder. “O no me he dado cuenta”, dice.

No evade las preguntas, pero sobre su salida y su regreso a CNN en Español, que generó controversias y rumores en todo el continente, responde lo esperado, lo políticamente correcto.

Tampoco se atreve a evaluar la cobertura que hizo en Venezuela durante 2014 y que lo trajo al país en dos ocasiones. “Esa es una tarea de la audiencia”, afirma. No duda en cuestionar la posición de los latinoamericanos ante la libertad de expresión dentro de la región.

—¿Por qué regresó a CNN en Español?

—Eso es algo que voy a mantener en confidencialidad. Puedo decir que tanto la cadena como yo estamos muy contentos.

—¿Por qué se decide transmitir Conclusiones desde Miami?

—Es una decisión que tiene muchos factores, tanto personales como laborales. La empresa evaluó que Miami es como un resumen latinoamericano, donde se pueden encontrar todas las nacionalidades. Muchas de las figuras de la actualidad pasan por esta ciudad, eso nos permite acercarnos más a los invitados que normalmente tengo a la distancia y nutrir el programa. También se puede hacer más trabajo de campo en cuanto a contactos. Miami favorece y enriquece el contenido de Conclusiones.

—Un año después de la cobertura que hizo sobre las protestas y la situación venezolana, ¿cómo evalúa ese trabajo?

—No soy nadie para evaluarme, la audiencia es la que tiene que hacerlo. Lo que puedo decir es que fue una experiencia intensa, una responsabilidad muy grande. Fueron muchos meses de trabajo con grandes exigencias en lo periodístico, en lo personal y en lo físico. Pero ya la gente lo dirá. Fue un trabajo de equipo muy intenso. No sé si pudimos realizar la cobertura al 100%, aunque sí le hicimos seguimiento. Para el equipo de Conclusiones fue un logro periodístico.

—¿Por qué en ese momento privilegió el caso de Venezuela? ¿No sintió que desatendió otros temas?

—Atendimos otros temas, aunque en lo mínimo. Hay un compromiso muy grande como periodista cuando destapas una noticia. Conclusiones fue el programa que destapó los primeros enfrentamientos en San Cristóbal, de hecho hubo consecuencias después. Teníamos que darle seguimiento a esa situación, era mi obligación. Fue un poco la inercia la que nos llevó a seguir la cobertura. Cada día las cosas iban cambiando, creciendo y no podíamos quitarles los ojos. Cuando nos dimos cuenta ya habían pasado seis meses. Se atendieron otras cosas importantes, como la muerte de Gabriel García Márquez. Siempre he sido creyente de que el periodista que inicia una historia tiene que seguirla hasta sus últimas consecuencias.

—En cuanto a la cobertura de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ¿a qué se enfrentó como periodista mexicano? ¿Cuáles fueron las dificultades?

—Todos los temas de este tipo son muy dolorosos. Como mexicano tiene mayor significado para mí porque ocurrió en mi país y es preocupante. México sufre de altos índices de violencia, asesinatos, secuestros, sicariatos. No es un territorio amigable para investigar, cosa que nunca me ha detenido. El estado de Guerrero es una zona muy peligrosa. Visitamos Iguala, Ayotzinapa, en todos los lugares donde se suscitaron los hechos. Buscamos, incluso, los cuerpos. Fuimos los primeros en llegar al basurero municipal de Cocula, donde se encontraron supuestos restos. Fue complejo porque no podíamos exponernos demasiado. Hubo momentos en los que ni siquiera pudimos regresar al hotel y los lugareños nos ofrecían alojamiento. Sin duda, una cobertura de mucho estrés, de alto riesgo, en una zona militarizada en la que desconfías de todo el mundo. El equipo mantuvo la calma, confiaron en el conocimiento que podía tener del terreno, de la gente. Llegamos a tocar varios fondos, como fue hablar con los grupos irregulares. Logramos mostrar una realidad que era importante que la conociera el resto de Latinoamérica. Tristemente, hasta el día de hoy, solo se ha identificado un cuerpo y hay 42 que todavía están desaparecidos.

—¿Ha sido amenazado por algún factor de poder?

—En mi época en CNN no he recibido amenazas. Si he sido amenazado no me he dado cuenta. Solo por Twitter, pero una persona que se esconde detrás de un avatar en las redes sociales no me preocupa. Y cuando te quieren hacer algo no te avisan. Durante mi carrera en México sí estuve amenazado de muerte, con protección durante seis meses.

—De lo que sucede en este momento en Venezuela, ¿qué le interesaría cubrir?

—¡Hay tantas cosas! No creo que pueda decir una.

—¿En qué temas cree que deben enfocarse los periodistas latinoamericanos?

—No voy a decir que es el prioritario, pero me parece que debemos reflexionar sobre la hipocresía que existe en cuanto a la libertad de expresión. Cuando ocurrió el atentado a Charlie Hebdo, Latinoamérica se manifestó en redes sociales, usaron la etiqueta #JeSuisCharlie y se unieron a un clamor que aplaudo. Pero cuando revisas la casa, te pones a pensar en la cantidad de periodistas que han sido asesinados en América Latina y nunca he visto una manifestación de solidaridad tan intensa. Me parece que tenemos que reflexionar, empezando por los gobiernos que manifestaron sus condolencias para Francia pero no se pronuncian cuando aquí matan periodistas. Esto es terrible, patético. La solidaridad que se tiene con otros países hay que tenerla entre nosotros. También la ausencia de los presidentes en la marcha que se hizo en Francia. Estamos faltando en la propia casa.

—¿Cómo ve desde afuera el periodismo venezolano?

—Limitado, temeroso con justificaciones, además. Son demasiadas las trabas, los obstáculos y los riesgos para los periodistas que se proponen exponer verdades que son incómodas al gobierno venezolano. Muchos hacen un esfuerzo enorme para conocer aunque sea un poquito lo que ocurre y tienen que enfrentar las consecuencias, incluso en lo personal.