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Federico Vegas desentraña sentimientos del que migra

El escritor Federico Vegas siente añoranza por los años cincuenta y las grandes figuras de entonces / Manuel Sardá

El escritor Federico Vegas siente añoranza por los años cincuenta y las grandes figuras de entonces / Manuel Sardá

Los relatos de su más reciente libro de cuentos, La nostalgia esférica, tienen como común denominador la añoranza de momentos cada vez más comunes en las despedidas  

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“Parece mentira cómo recuerda uno a la gente por las cosas más tontas”, afirma Federico Vegas para referirse a detalles como “el suspiro de mantequilla” que su padre le colocaba al pan tostado.

A través de pequeñeces de ese tipo –algunas reales y otras ficticias– el autor se adentra en La nostalgia esférica en los sentimientos encontrados del que toma la decisión de irse, pero también de aquel que vuelve y tiene otra vez deseos de partir.

Son 14 cuentos, varios de ellos con elementos autobiográficos, en el que se cuelan momentos de las relaciones con su padre o cuando se llevó a toda la familia a vivir un largo tiempo en el extranjero, así, sin  más.

La diáspora lo afecta de manera personal y en la literatura encuentra una forma de reencontrarse con aquellos personajes. Sus tres hijos viven en el exterior, al igual que sus cuatro nietos. No ha estado presente, por ejemplo, para ver a los niños dar sus primeros pasos. “Son tesoros que se pierden”, dice.

Son situaciones que lo atormentan, pero aspira a que un día Venezuela se convierta en un país para regresar y todos vuelvan a habitar lugares cercanos, como cuando desempeñó su profesión de arquitecto para crear espacios que fueran sus hogares, “cascarones que ahora están vacíos”.

Vegas quería titular el libro "El dolor del regreso", que sonara a bolero, pero –editor mediante– se decidió por el actual. “La nostalgia más fuerte es la de volver a lo que viviste o querer vivir lo que supones que debe ser. Los venezolanos queremos volver a ser lo que nunca fuimos y queremos que sea lo que nunca fue”, asegura el también autor de Falke.

“Es un sentimiento que nos era ajeno. Todo lo que no es y de repente es, se convierte en exacerbación. Pasamos de una generación de inmigrantes a ser emigrantes. Antes, incluso, había arrogancia ante el español, el italiano o el portugués. Nos sentíamos superiores. Ni me digas lo que pasaba con los colombianos”, agrega.

El escritor se emociona al hablar de reconciliaciones y momentos que hubiera querido finiquitar. Recuerda que la relación con su padre, Martín Vegas, no fue la mejor. “Nos detestábamos. Una vez recorrimos toda Venezuela tomando fotos de arquitectura. Eso fue maravilloso. Terminamos en armonía”, cuenta.

También destaca la añoranza por personajes que considera importantes. Habla de Rómulo Betancourt, Armando Reverón, Rómulo Gallegos y Carlos Raúl Villanueva. “Siento nostalgia por los años cincuenta. Cuando se compara, te preguntas las razones por las que ahora no hay grandes figuras. En el arte no lo sé. ¿Qué escritor hay que podamos comparar con Rómulo Gallegos? No lo veo. Yo no soy”.

El autor de La nostalgia esférica actualmente trabaja en su próxima novela, cuyo motivo es la figura del preso. “Es el personaje del momento. No me refiero a Leopoldo López ni a Antonio Ledezma, sino a la metáfora de lo que ocurre en el país, estar preso porque te rodean unas circunstancias que sientes que no hay posibilidad de cambiar, en las que se pierden los mecanismos para modificarlas”, expresa Vegas.