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Falleció el pintor Tomás Enrique Salazar

El pintor formó parte del proyecto Creadores Visuales de Venezuela, promovido por el referido despacho, y dentro del cual se han dictado, en diferentes estados del país, cátedras y talleres culturales

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Este jueves 28 de noviembre a las 10 de la mañana falleció en el estado Sucre el pintor Tomás Enrique Salazar, quien en vida destacara como uno de los pintores más respetados en el país, por su gran aporte a la plástica nacional.

"Él (Salazar) siempre puso el nombre de Carúpano en alto. Era muy comprometido con la vida, con la familia, el arte y el pueblo", expresó Omaira Gutiérrez, directora del Gabinete Estadal de Sucre, del Ministerio para la Cultura, de  acuerdo con una nota de prensa. 

El pintor formó parte del proyecto Creadores Visuales de Venezuela, promovido por el referido despacho, y dentro del cual se han dictado, en diferentes estados del país, cátedras y talleres culturales para el aprendizaje de los venezolanos.

Nació en Carúpano, estado Sucre, el 20 de diciembre de 1963. Desde niño, Salazar trazó su sendero en la pintura a raíz de una experiencia que vivió durante la primaria, y que le hizo merecedor de un premio por su brillante actuación en un concurso de arte. Esta anécdota, sumada a otros encuentros con la pintura, le hizo perfeccionar su trazo hasta convertirse en uno de los exponentes más importantes de Venezuela.

"Aún vibran en las paredes sus obras, esas pinturas, selvas, paisajes. Una explosión de color y alegría característica de este creador que siempre fue optimista", refiere la nota informativa. 

En la edición 2001–2002 del Catálogo para la exposición, vida y obra de artistas populares del estado Sucre, se lee una pequeña reseña de la obra de Salazar.

"Tomás Enrique Salazar nos introduce a un mundo mágico, donde el tiempo y el espacio son manejados a su voluntad. Su pintura es el umbral a la selva imaginaria poblada de raíces, ramas entrelazadas con flores fantásticas, irreales e hipertrofiadas, donde habitan ondinas y mujeres encantadas, mundos seductores que embriagan los sentidos y quiebran la voluntad, haciéndonos olvidar por algunos momentos nuestra realidad. La obra de Tomás Enrique logra transmitir armonía, permitiendo una lectura reposada y coherente dentro del aparente caos de su universo", se lee.