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Luis Fernández está atrapado en un estuche de hombre  

“El machismo forma parte de la estructura social de Venezuela”, opina la directora Schneider, que no pretende dar lecciones morales con su película | FOTO Williams Marrero

“El machismo forma parte de la estructura social de Venezuela”, opina la directora Schneider, que no pretende dar lecciones morales con su película | FOTO Williams Marrero

En un bar de ambiente de la avenida Libertador se filmó una escena de la película, inspirada en la historia real de la activista Tamara Adrián 

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Karish Bardoth, Dakota Jhonson, Antonella, Gabo Queen y Sasha Di La Cour son los fascinantes nombres de batalla de algunos de los artistas que hacen shows en Zig Zag Club, un bar de ambiente en la avenida Libertador. El pasado jueves en la tarde, cedieron su espacio a un Luis Fernández encorbatado y a una actriz debutante muy especial: Jhovanna Lozada, doble oficial de Kiara y una caraqueña de Simón Rodríguez que experimenta el proceso de transformarse completamente en la mujer que siempre fue en pensamiento. La claqueta decía “rollo 65, escena 65, plano 1, toma 1”, aunque en realidad ya no se usan rollos de película sino una cámara digital. Se rodó una de las secuencias más importantes de Tamara, la próxima película de Elia K. Schneider.

Fernández interpreta a Teo, un abogado que, en ese momento de la trama, ha tirado la toalla en la meta de convertirse en mujer (la película se inspira libremente en la vida de la activista Tamara Adrián, que nació con el nombre Tomás) y está casado para aparentar lo que no es. Sin embargo, en las noches insiste en investigar sobre lo que más le cautiva: el universo transgénero. Jhovanna, que también imita a Thalía, Alejandra Guzmán y Christina Aguilera, hace de Carmencita, aunque el papel tiene mucho de sí misma. Schneider, directora de Huelepega y Punto y raya, desea que la escena se parezca a un documental con precaria cámara en mano, en el que Jhovanna cuenta el testimonio real de su metamorfosis a Teo. Probablemente esas imágenes llegarán a las pantallas de cine en 2014.

“Elia tiene una sensibilidad muy especial para los actores, y en este caso queremos que Carmencita, que no es una verdadera actriz, se sienta lo más libre posible y diga todo lo que quiere”, explica el espigado director de fotografía, Petr Cikhart, que es todo un personaje de película: un checo con aspecto de rockero argentino, que aprendió español mientras jugaba fútbol con bolivianos en Nueva York. Viene de rodar una producción bélica de Hollywood, Fantasmas del Pacífico, en el mismo estanque donde se hizo Titanic. Su tarea implica examinar todas las fuentes de luz dentro del bar, incluido el bombillito de 100 vatios de un altar de santería instalado en una esquina.

Con prótesis mamarias. Una de las complicaciones de la escena es dónde ocultar el micrófono de Jhovanna, embutida en un vestidito de color plomo que no deja espacio para meter nada. Lo intentan en algún punto de la entrepierna. “Hago personajes en shows desde 1995, cuando todavía no había empezado mi transformación. Pero este es mi debut. Así sea un papel pequeño, para mí es un personaje grande y quiero aprovecharlo al máximo. Imagínate, admiro a Luis Fernández desde niña”, indica Lozada, que agrega: “Creo que será una película educativa. Le informará a la gente que desconoce el significado de por qué alguien desea pasar de hombre a mujer. En el espejo, yo veía algo que no quería ver. Después te aceptas y es más fácil. Y empieza una larga lucha, porque siempre es un proceso muy lento. Ha sido difícil, pero estoy llena de orgullo”.

Luis Fernández, protagonista de Tamara, confiesa su admiración por la persona en la que se inspira la historia: “Entrevisté a Tamara Adrián en mi programa de radio y me parece una mujer importante y valiosa, a la que admiro y aprecio. Es uno de los mejores personajes que te pueden llegar en la vida, algo que nunca nadie ha hecho en el cine venezolano”.

Para Elia, dirigir es un trabajo en familia: en el Zig Zag Club la acompañan otros dos directores: su esposo José Ramón Novoa (el de Sicario), que aquí es su productor; y su hijo, Joel Novoa, que acaba de debutar con Esclavo de Dios y ayuda a su madre como asistente. “Me siento muy segura con ellos, es un apoyo”; dice ella, una dama severa y delgada, de cabello corto y rubio, uniformada para la ocasión con gorra, chaqueta, jeans y botas de exploradora. Como los próximos proyectos de Joel serán fuera de Venezuela, José Ramón dice que quizás es la última vez que estén juntos en un rodaje: “Los tres rotamos roles y ponemos nuestra experiencia compartida. Tratamos de no repetir los horrores que hemos cometido en el pasado: cometemos horrores nuevos”.