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"Existe una estructura metodológica para despreciar la cultura"

Javier Vidal / Leonardo Noguera

Javier Vidal / Leonardo Noguera

El también director y dramaturgo, que celebra cuatro décadas de trayectoria artística con un ciclo de lecturas dramatizadas, afirma que las artes escénicas tienen todavía cierta libertad, aunque deben luchar contra la presión del Gobierno. “El teatro no tiene aún Conatel ni Ley Resorte”, señala

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Javier Vidal ha actuado en 13 películas, 50 telenovelas y cerca de 60 montajes teatrales. Ha dirigido un número similar de piezas y escrito otras tantas. Cifras que se traducen en 40 años dedicados a crear historias y transformarse en otros personajes. El comunicador social de profesión, mas no de oficio, forma parte actualmente de MJM Producciones y Tráfico Teatro, además de que es vicepresidente del Grupo Theja y miembro de la junta directiva del Festival Internacional de Teatro de Caracas. Desde el lado de quien ha experimentado varias etapas del teatro venezolano, reflexiona sobre la situación de la escena y la televisión en una época determinada por Conatel y que le abre las puertas a una controversial Ley de Cultura.

–¿Cree que existe un deber ser del teatro?

–Entretener. El teatro está para cubrir los espacios de ocio del ciudadano que trabaja durante todo el día y quiere un momento de diversión. Pero todo eso conlleva a una reflexión, porque el teatro tiene palabra y la palabra es idea y la idea tiene ideología, se compromete rápidamente. Por eso el teatro siempre es incómodo para el poder y siempre se le ha perseguido. Hoy en día afortunadamente están más encandilados con la televisión y el cine, que son de masas, por lo que tenemos más libertad. El teatro no tiene aún Conatel ni Ley Resorte. Y digo todavía porque de alguna manera se ejerce algún tipo de presión. Tanto así que la diferencia que hay entre los tiempos de la democracia y los tiempos del proceso es que la democracia, con todo lo imprecisa y desordenada que era con la cultura, la dejaba ser. No creo que tuvieran conciencia en la cuarta república de que es un deber de Estado preocuparse por la cultura. Aunque las cosas que hizo están ahí: los museos, los teatros. Ahora lo que creo que existe es una estructura metodológica para despreciar y arrinconar la cultura, y especialmente el teatro. Yo llegué a aplaudir el festival que organizó Fundarte, porque bueno, están haciendo algo. Pero al final es un gran despliegue de dinero, llaman a toda la comunidad teatral, pero no queda nada. Sea lo que sea, en los tiempos democráticos hubo la posibilidad de consolidar el sector. Por ejemplo, uno aplaude el rescate de los teatros, pero deberían tener agrupaciones residentes que los defiendan, que digan qué les hace falta porque son la gente que sabe, no un burócrata de oficina. Porque de lo contrario se convierten en estacionamientos como el Trasnocho, el Urban Cuplé: que entra uno y sale el otro. Son detalles que uno no entiende, como tampoco comprendo lo que sucede con la Compañía Nacional de Teatro: ¿es compañía o un ente que moviliza grupos del interior para que hagan obras?

–Con la nueva Ley de Cultura, ¿cómo se perfila el futuro del teatro?

–El Estado no apoya ni ayuda a los grupos de teatro privados ni independientes, ni ganas tenemos de que lo haga. Estaba la empresa privada, que también era subir escaleras y patear pasillos para ver si daba, pero ahora con el famoso 1% se va a armar un pote que le darán al amiguito que esté más cerca y cuando uno toque su puerta dirá que ya dio su 1%. Así que se perfila muy mal, peor de lo que ya está en cuanto a recursos.

–¿Cómo ha visto los cambios en las artes escénicas y en la televisión?

–En el teatro hemos sabido sobrevivir a pesar de que nos cambien los ambientes. La televisión, por ser una industria y no depender de los artistas, sí que ha sufrido y creo que está en una terrible crisis difícil de superar: la desaparición del dramático. Con el cierre de RCTV, otro de los triunfos de la revolución, se acabó ese género, que parece que el proceso odia, no sé por qué, porque al pueblo le encanta la telenovela. Ya la industria venezolana no es manejada por el país, sino por México y Colombia. Tanto así que hemos llegado a barbarismos que afectan el decir, que es el famoso “acento neutro”, una imposición de mercado en la que algunos actores incautos han caído. En cambio, en el teatro trabajamos y lo manejamos los artistas todavía.

–¿Y cuál ha sido la actitud del artista frente a la situación?

–El actor de televisión tuvo que irse al teatro. Entonces surge la pregunta: ¿qué tipo de teatro podemos hacer para poder ir al supermercado todos los fines de semana? Y la respuesta es la comedia ligera, no comprometerse políticamente. También ha habido el exilio, el autoexilio, la migración. No es fácil.

–¿Cuál el es discurso que se maneja en la escena actual?

–Hablaré por mí. Y siempre he pensado en el entretenimiento: quiero que la gente pase horas de diversión pero que también se impacte, que le pase algo. Hay artistas que se han ido por el régimen, que hacen películas para que el Gobierno se encuentre cómodo, como es el caso de todas estas cintas épicas.

–¿Cómo se ha comportado el teatro frente al poder?

–El teatro contemporáneo, durante toda su historia, ha actuado en contra del sistema. Rafael Guinand, en los tiempos de Juan Vicente Gómez, tenía que ver cómo hacía para decir lo que quería. Leoncio Martínez, por ejemplo, terminó en la cárcel. Siempre ha tenido una actitud de piedra en el zapato. En la actualidad creo que también. Nosotros, que hemos vivido en los tiempos democráticos, nunca fuimos complacientes desde el teatro. Uno de esos exponentes era Román Chalbaud, a quien aun no siendo complaciente el Estado venezolano le otorgó dos premios nacionales, que no se los dio la revolución. Y era muy gracioso, porque él escribía guiones en contra de Carlos Andrés Pérez y era él quien le daba el dinero para que lo hiciera. Uno dice: ¡Epa! El Estado nunca le dijo a Chalbaud que no hiciera tal cosa, que no escribiera sobre tal otra o que le iba a dar menos dinero. Todo lo contrario, fue el niño mimado de la democracia.

–Como comunicador social, ¿qué opina de lo que ha sucedido con los medios televisivos?

–Al darse cuenta de que metieron la pata con RCTV decidieron que antes de cerrar es mejor comprar. Eso fue lo que hicieron con Globovisión, es hipócrita no decirlo. Y aunque la caída en el rating ha sido estrepitosa, abandonar el barco de ese canal también puede ser un gran peligro. Yo no quiero perder un espacio. A veces estar dentro del sistema y darle mordiscos al culo del sistema es una forma de luchar. Comprendo a los que se van, pero también a los que nos quedamos.

Aniversario

Javier Vidal celebra cuatro décadas de trayectoria con un ciclo de lecturas dramatizadas coordinado por su hijo Jean Vidal y que comenzó ayer en el Ateneo de Caracas. Incluye la participación de diversos grupos y directores de teatro. Las funciones son los sábados, a las 4:00 pm, y los domingos, a las 3:00 pm. Se presentarán las piezas Tal para cual, dirigida por Enrique Salas y con las actuaciones de Caridad Canelón y Carlos Cruz; Actos ilícitos, con la dirección de Luis Alberto Rosas; Compadres, la más reciente, dirigida por su esposa, Julie Restifo; Trastos viejos, producida por Tumbarrancho Teatro; y otras como Eflam, toda una dama, Sex Point y Mojiganga clásica.