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Tabakian habla del intelectual incómodo que fue Cortázar

Eva Tabakian | Ernesto Morgado

Eva Tabakian | Ernesto Morgado

Para la editora, es crucial la relación entre la obra y la militancia política del autor argentino

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El aniversario de la novela Rayuela de Julio Cortázar, que este año cumple medio siglo, no pasará inadvertido en el Festival de la Lectura Chacao. Mañana a las 4:00 pm, en la Tarima Norte de la plaza Francia de Altamira, Eva Tabakian hablará sobre esta obra tomando en cuenta múltiples perspectivas, entre las que se incluyen el contexto histórico y social de su aparición, así como sus lecturas más contemporáneas.

La visita de la editora de Paidós y colaboradora de la revista argentina Ñ ofrece la oportunidad de asistir a un taller de lectura y análisis literario de los cuentos del autor nacido en 1914. El objeto de estos seminarios que terminarán hoy en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes es valorar el cambio en la temática de la literatura de Cortázar cuando descubrió la Revolución cubana y, según sus propias palabras, se deslizó desde una preocupación metafísico personal a una histórica y de su responsabilidad. “Descubrir la Revolución cubana lo hizo pasar de ser un escritor que escapaba de la realidad a uno que la buscaba. Me interesa cómo fue que, con los mismos recursos literarios, pudo escribir de otro modo”, señala Tabakian que creció en una generación intelectual que tenía como centro el estudio de la obra del autor de Historias de cronopios y famas (1962). “Intelectualmente, Cortázar es un desafío por el tipo de críticas que recibió, tanto desde las izquierdas –que lo acusaban de ser un escritor burgués y de haber descubierto la política tardíamente– como de los intelectuales del otro lado, por apoyar la revolución. Nunca fue un escritor cómodo y eso es lo que más me interesa”.

—¿Cómo la polémica sobre Cortázar describe el mundo literario argentino?

—A partir del corte temporal que ocurrió en la década de los años sesenta, con el final del peronismo. Cortázar se fue en 1951 a Francia “asfixiado por el régimen peronista”, como dijo entonces. Y el peronismo representó la entrada de la clase popular en el mundo de la media. Y después, con su apoyo a la Revolución cubana dio una vuelta ideológica hacia la preocupación por las masas. Entre que se fue del país y escribió sus primeros libros, el peronismo salió del poder y llegó la presidencia de Arturo Frondisi, que vino con una mentalidad desarrollista; su gobierno fue de apertura en lo cultural y circulación de revistas culturales. Este es el momento en el que cambia el rol de los escritores argentinos, porque empiezan a convertirse en temas de notas periodísticas y empiezan ellos mismos a escribir en revistas literarias y formar grupos de intelectuales. Eso es lo que representa Cortázar: la inserción en ese mundo.

—¿Cómo la discusión de crítica alrededor de la obra de Cortázar en su país describe las particularidades del estamento intelectual argentino?

—A partir del modelo intelectual que describían las variantes ideológicas. La polémica surge alrededor del modelo de intelectual que se propugnaba desde la derecha o la izquierda. Cortázar tuvo una buena relación con escritores de izquierda y sus conflictos con otros como Jorge Luis Borges, de quien es absolutamente deudor. Él es único que escribe una reseña de la novela peronista Adán Buenosayres (1948), de Leopoldo Marechal. Y con esto se gana el malestar de la revista Sur, pero es que tampoco se gana el beneplácito de la otra parte. Cortázar siempre estuvo en el lugar incómodo de la literatura.

—¿Cómo ha influido la figura de Cortázar en los modelos contemporáneos de intelectual en Argentina?

—Hay una serie de escritores que han tenido que ver en sus principios con su narrativa. Un ejemplo son los primeros cuentos de Ricardo Piglia y los de Juan José Saer. Hoy el escritor argentino también está comprometido con el devenir político del país, a favor o en contra del proyecto cultural del Gobierno y hay foros donde se presentan como antagónicos o no. Esto quiere decir que ahora ha vuelto a estar sobre el tapete el escritor el militante.

La intelectualidad de Rayuela

Eva Tabakian considera que el valor central de Rayuela no radica tanto en la ruptura estilística que propone, sino en la temática. Señala que más allá de su experimentación narrativa está su discusión sobre el rol del intelectual. “Esta novela es también una metanovela que habla de la cultura y del escritor todo el tiempo. Como proyecto literario me parece de una audacia increíble”, concluye.