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Espectros y viejas glorias deambulan entre la ruina y el olvido

La Zaranda con el montaje Nadie lo quiere creer abrió el telón del Festival Internacional de Teatro de Caracas 2013, creado hace 40 años por Carlos Giménez y María Teresa Castillo, homenajeada de la edición. La pieza es de Eusebio Calonge

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El ingenio de Carlos Giménez y el impulso de María Teresa Castillo, que hace cuatro décadas crearon el Festival Internacional de Teatro de Caracas, volvieron a abrirse camino entre las dificultades. Esa complicidad entre dos grandes figuras de la cultura que colocó luz sobre la capital del país volvió a surgir con una nueva muestra del FITC, que se inauguró anoche en el Teatro de Chacao.
El grupo La Zaranda (Teatro Inestable de Andalucía Baja) fue el encargado de abrir el telón en la edición XVIII de la fiesta de las artes escénicas. Minutos antes, los organizadores recordaron cómo lograron llevar adelante el proyecto por otro año más a pesar de las coyunturas que se sucedieron. Un reconocimiento a la dama de la inclusión María Teresa Castillo –homenajeada de la edición– y un mensaje que llama al entendimiento y la necesidad de tender puentes en el ámbito cultural, seguidos de la entonación del Himno Nacional, fueron los predecesores del montaje de la agrupación española que dio inicio a los 10 días de teatro, danza y talleres que coparán las salas de los municipios Sucre, Baruta y Chacao.
Nadie lo quiere creer fue la pieza seleccionada por la compañía que acumula más de 30 años de trayectoria artística. Fue fundada y es dirigida por Francisco “Paco” Sánchez y cuenta en su haber con el Premio Nacional de Teatro de España. La Zaranda ya había sido parte de festivales teatrales en tres ocasiones anteriores, cuando trajeron piezas como Cuando la vida eterna se acabe y La puerta estrecha. Ambas fueron escritas por el dramaturgo de la agrupación Eusebio Calonge, también autor de la obra con la que llegan al país este año y que presenta a tres personajes/espectros cuyo patetismo es absorbido por la ruina del espacio que habitan.
Estrenada en el más reciente Festival Temporada Alta de Girona en Cataluña, la obra habla a través de las voces de esas sombras anquilosadas sobre la muerte inexorable, el paso destructor del tiempo y la moralidad corrompida. “¡Qué efecto de realidad! Nadie notará ninguna diferencia”, son las primeras palabras de los seres de la historia: la dueña de la casa –una anciana decrépita–, su ambiciosa doméstica y su inútil sobrino. Estos son interpretados por Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos. En su ambiente no hay aire, sino sábanas y polvo, esqueletos de lo que una vez fue una lujosa casa señorial.
Una iluminación de marcados contrastes va unida a los gestos, voces y movimientos bruscos, casi mecánicos, de tres figuras que deambulan entre escombros y maderas apolilladas; se lamentan y se inventan en otras historias nada más que para seguir repitiendo sus tragedias. “La vida es lo que tengo muerta”, exclaman entre ventiladores, pieles que huelen a cloroformo y una especie de mueblería mortuoria.
La realidad se confunde con el engaño –tal como se repiten los personajes durante los 80 minutos que dura la pieza– y al final es la taxidermia la que gana espacio. Nadie lo quiere creer ofrecerá tres funciones más en el festival que clausurará el próximo domingo con el único espectáculo de calle de la edición, que tendrá lugar en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes.

Nadie lo quiere creer
Teatro de Chacao, avenida Tamanaco, El Rosal
Funciones: hoy y mañana, 8:00 pm; domingo, 5:00 pm
Entrada: 225 bolívares
Venta: taquillas del teatro y a través de www.ticketmundo.com