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“Escribí la obra pensando en Venezuela, aunque disfrazada de Cuba”

La pieza surgió de un guión que Hausmann había escrito hace diez años | CORTESÍA CAROL ROSEGG

La pieza surgió de un guión que Hausmann había escrito hace diez años | CORTESÍA CAROL ROSEGG

The Golem of Havana estuvo más de dos semanas en Off- Broadway. Ahora la llevarán a otros teatros

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Desde Nueva York, a ratos entrecortado por la brisa otoñal, Michel Hausmann habla de sus logros en el competitivo mundo de los musicales. Ha presentado con éxito en Off-Broadway El color del deseo, del escritor cubano ganador de un Premio Pulitzer Nilo Cruz, y Black Milk, del autor ruso Vassily Sigarev. Ahora inauguró la temporada 2013-2014 de La MaMa Experimental Theatre Club con The Golem of Havana, escrita por él y el director musical de Producciones Palo de Agua, Salomón Lerner. La pieza se estrenó el 25 de agosto y estuvo en cartelera durante dos semanas y media.

—¿Cómo recuerda la salida de Producciones Palo de Agua del país?

—El motivo fue una suma de cosas. Los problemas comenzaron en 2009, con la producción de El violinista sobre el tejado, cuando el presidente de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho dijo que se iban a retirar del montaje porque tenían miedo de perder el subsidio. Luego Movilnet trató de imponerse para que firmáramos una carta en la que jurábamos que no íbamos a publicar en medios que tildaba de opositores. Fue algo que no pudimos aceptar; atentaba contra nuestros valores. Siempre hemos sido una empresa abierta, no tenemos bozal de arepa y decimos las cosas como son. No había forma de hacer el trabajo que nos gusta y tomamos una decisión muy dura. Pero me alegra que nos pudimos dedicar a algo que nadie sabe: dictamos talleres gratuitos de teatro musical en Petare, junto con la alcaldía y el apoyo de la Embajada de Estados Unidos. Es menos sonoro que los grandes musicales, pero más importante.

—Ahora en Nueva York, luego de versionar dos musicales, estrenaron uno propio. ¿Qué representa eso?

—Nueva York ha sido interesante y difícil, pero no me puedo quejar: he trabajado desde que llegué. Salomón Lerner y yo hemos traducido musicales y eso hace que uno los entienda por dentro. Así que, desde que nos vinimos, nos sentimos con ganas de escribir el nuestro. The Golem of Havana trata sobre la decisión de una familia de hacer por un guerrillero cubano lo que nadie hizo por ellos en el Holocausto: esconderlo. Fue un gran éxito, se agotaban las entradas, había lista de espera. Hemos hablado con teatros regionales de Estados Unidos para llevarlo. Ha sido un sueño y me enorgullece el hecho de que lo he logrado con el mismo equipo que tenía en Venezuela: mi productor Yair Rosemberg, el escenógrafo Edwin Erminy, el diseñador de sonido Yair Szarf y el diseñador gráfico Manuel González. En Nueva York se trabaja muy duro, es una ciudad donde alguien puede estar protagonizando en Broadway y al día siguiente ser mesonero. Todo es una carrera a largo plazo y poder hacerla con este grupo de profesionales ha sido extraordinario.

—¿Cómo afrontó la doble labor de escribir y dirigir?

—Es una muy mala idea. Ahorita que se acabó todo tengo otra perspectiva, pero durante el proceso fue complicado. Pocas cosas dan miedo como enfrentarse a una página en blanco. The Golem of Havana es un guión que había escrito para cine hace 10 años, muy distinto: ocurría en Venezuela en 1967 en San Bernardino, basado en la experiencia de mi familia. Pero en el país la guerrilla no logró tumbar al Gobierno; en Cuba, sí. Y me llamaba la atención no sólo la misericordia de una persona hacia otra que lucha por un ideal, sino qué pasaba con ese ideal una vez que el poder lo acompaña. Al final la obra es menos política de lo que parece, es más humana. Dirigirla fue un dolor de cabeza porque, al ser un texto mío, si no funciona no sé si es culpa del director, del escritor o de ambos. 

—¿Lo volvería a hacer?

—Sí. Esta obra terminé de escribirla durante los ensayos. En el proceso se reescribió el principio y surgió el final.

—¿Qué ha podido escuchar del mundo teatral en Venezuela?

—Lo que más me emociona es el surgimiento de escritores con propuestas relevantes para el país, como Luigi Sciamanna y Karin Valecillos. Hacen lo que hacían Chocrón y Cabrujas: tomar nuestra existencia y explorarla a profundidad. De los musicales no he podido ver ninguno, pero le deseo lo mejor a todo el mundo. Me sorprende que las personas olviden que el Teresa Carreño estuvo cerrado para una gente y que la orquesta nunca se disculpó.

—¿Tiene planes de regresar?

—Quiero llevar The Golem of Havana. Escribí la obra pensando en Venezuela, aunque disfrazada de Cuba. Siento que no nos hemos ido. Me gustaría regresar de una forma más definitiva, pero no creo que las circunstancias estén dadas para ello. También cocinamos la idea de hacer un remontaje de Los navegaos en homenaje a Isaac Chocrón a principios de 2014.