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Los 12 de 2013: Escénicas

Obra de teatro infantil, El día que cambió la vida al Sr. Odio, dirigida por Oswaldo Maccio, presentada en La Caja de Fósforos | Foto: Alexandra Blanco

Obra de teatro infantil, El día que cambió la vida al Sr. Odio, dirigida por Oswaldo Maccio, presentada en La Caja de Fósforos | Foto: Alexandra Blanco

En un año difícil, marcado por elecciones, el teatro sobrevive. A contadas piezas de calidad, se suma una intervención por decreto presidencial. Críticos, coreógrafos y directores evalúan el arte

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1 Los festivales que resisten la crisis
Porque el arte permanece a pesar de los contextos hostiles. Porque el intercambio cultural fortalece. Porque la voluntad de los creadores no decae. Son esas y otras tantas las razones por las cuales los festivales de teatro fueron lo más importante del año.
En 2013 el Festival Internacional de Teatro de Caracas cumplió cuatro décadas. Creado por Carlos Giménez y María Teresa Castillo –a quien se rindió homenaje en esta edición–, incluyó obras de altísima calidad, entre ellas Nadie lo quiere creer, con la que La Zaranda demostró cómo se elaboran unos esperpentos en escena. El argentino Arístides Vargas volvió con Instrucciones para abrazar el aire, en la que destacó la enternecedora actuación de María del Rosario “Charo” Francés. Y sobresalieron la compañía coreana de danza EDx2 y Luigi Sciamanna con El gigante de mármol.
Se celebró el II Festival de Teatro de Caracas, que organiza la Alcaldía de Libertador a través de Fundarte. A pesar de que tuvo que ser suspendido por luto nacional, convocó a 150 compañías en 27 salas del circuito teatral del oeste y 50 espacios comunitarios. Además, continuaron las ediciones del Festival Internacional de Teatro de Oriente, el de Maracaibo y el de la Colonia Tovar.
 
2 Otra caja negra para crear
Los fatídicos acontecimientos de Macbeth fueron los que inauguraron La Caja de Fósforos en la Concha Acústica de Bello Monte. Una sala teatral dirigida por Orlando Arocha, Diana Volpe y Ricardo Nortier, en convenio con la Alcaldía de Baruta. Nació a mediados de mayo con la intención de armar un laboratorio para la investigación, la pedagogía y el teatro de autor. Desde entonces se han presentado importantes montajes como Saverio, el cruel, dirigido por Gabriel Agüero; El Piquete, un proyecto que reunió a nueve directores y dramaturgos en una experiencia de indagación creativa; Mi amiguito Frankenstein, protagonizada por Elvis Chaveinte; y Agreste, original del brasileño Newton Moreno. “Este montaje demuestra que Orlando Arocha sigue siendo uno de los mejores directores de teatro de este país”, dijo el crítico Edgar Moreno Uribe con relación a la pieza.
Ofrece obras infantiles y para adultos a precios económicos. Ha sido tal la receptividad que ha tenido por parte del público que las entradas se deben apartar a través de un correo electrónico. “¡Cómo se agotan los boletos! La calidad va atrayendo a la gente y hace que se movilice”, señaló el periodista y director de teatro José Luis Ávila.
 
3 Jazmines de tristeza y esperanza
Llegó a la escena en julio. Pero llevaba varios meses de trabajo y 54 testimonios que fueron depurados hasta convertirse en 6 historias. Destacada por el director del Grupo Actoral 80, Héctor Manrique, Jazmines en el Lídice fue escrita por Karin Valecillos y producida por Tumbarrancho Teatro. Hizo un llamado sobre la violencia en el país en el Trasnocho Cultural, con lágrimas corridas y funciones agotadas. Fue una idea que surgió con el proyecto Esperanza Venezuela, que despierta la conciencia sobre la inseguridad. Incluyó en el elenco a Omaira Abidané, Rossana Hernández, Patrizia Fusco, Tatiana Mabo, Gladys Prince y Samantha Castillo. La actuación de estas últimas fue elogiada por Moreno Uribe y por el actor y director Luigi Sciamanna.
La pieza, considerada por varios consultados una de las mejores del año, fue reconocida con el Premio Isaac Chocrón, que en su primera edición entregó la fundación homónima que preside Javier Vidal. El jurado, integrado por Douglas Palumbo, Yoyiana Ahumada y Moreno Uribe, describió a su autora como la voz emergente que “reinterpreta la tradición del realismo en el teatro venezolano y hace uso inteligente y poético del diálogo para retratar el dolor de un país”.
 
4 Porque en la vida siempre hay más de una puerta
En una oferta infantil en la que escasean la originalidad y la sustancia, Oswaldo Maccio supo hacer arte. El actor y director fue el autor de uno de los montajes para niños más completos en cuanto a texto, puesta en escena y actuación: El día que cambió la vida del señor Odio. Protagonizada por Gabriel Agüero, otro de los destacados por varios consultados, la pieza habla –entre temas de The Beatles y los Rolling Stones– sobre las diversas puertas que tiene la vida. En el montaje, que juega con la paleta de colores y los elementos de utilería, actúan también Orlando Paredes y Citlalli Godoy.
Maccio escribió también La luna y el niño juegan un juego que nadie ve, ingeniosa pieza que destacó el periodista José Luis Ávila y que se presentó en el Teatro César Rengifo de Petare durante el FITC 2013. Entre versos de Mariano Brull, Federico García Lorca, Jairo Aníbal Niño y Eduardo Polo, un niño le pide a la Luna –que le ha robado la sombra– que inventen mundos con el poder infinito de la palabra. Y sobre la “Tonada de luna llena” y “Walk on the Wild Side” surgen los cuentos de Edmundo, el primer vagabundo del mundo, El zarcillo colgante de la elegante mujer gigante y El cortejo del cangrejo Alejo.
 
5 Cuatro dramas paralelos
Edgar Moreno Uribe, presidente de la Asociación Venezolana de Crítica Teatral, es uno de los que considera que Marburg fue un montaje que sobresalió en el año: “Hubo una generalidad de medianía, aunque no de mediocridad. Sin embargo, se realizaron espectáculos que destacaron y Marburg fue una de las cuatro grandes direcciones”. En esto coincide Douglas Palumbo, que lo manifestó a través de Twitter. Fue Juan José Martín quien se encargó de darle forma escénica a la pieza del catalán Guillem Clua, producida por el Grupo Actoral Dram-ON y presentada en octubre en la Asociación Cultural Humboldt. La puesta incluyó cuatro ambientes que tenían lugar en épocas y países distintos, con transiciones marcadas por la iluminación. Con la tragedia como argumento común, la historia contó con las actuaciones, entre otros, de Diana Volpe, Eulalia Siso y Guillermo Díaz Yuma.
 
6 Una familia sin festejo
La referencia inmediata es el filme Festen, dirigido por el danés Thomas Vinterberg, integrante del movimiento Dogma 95. Pero la versión teatral dirigida por Diana Volpe y protagonizada por Gabriel Agüero, Rossana Hernández y Elvis Chaveinte dio de qué hablar. De Celebración se rescata sobre todo el trabajo de dirección actoral. En la obra una familia sucumbe ante un pasado terrible. El montaje toca temas como el racismo, los abusos y la violencia.
 
7 La dictadura de las mayorías
Luigi Sciamanna destaca las actuaciones de Basilio Álvarez y Jorge Palacios en Enemigo del pueblo, presentado por Skena. La pieza de Henrik Ibsen, que también escenificó el Grupo Teatral Emergente de Caracas, trabaja la idea de cómo la manipulación puede enceguecer a una sociedad. “Me dio un placer morboso ver cómo la gente era sacudida ante una obra, algo que hace mucha falta en la escena nacional”, declaró su director, Armando Álvarez.
 
8 Cien años de primavera
El crítico Carlos Paolillo considera que 2013 fue un año plano para la danza venezolana: “Fue discreto y sin sobresaltos. Un tiempo de callada continuidad y permanencia”. Sin embargo, enumera algunos acontecimientos artísticos destacables, encabezados por la producción de La consagración de la primavera que realizó la Compañía Nacional de Danza. La pieza se presentó en el Teatro Teresa Carreño con motivo de la celebración de los cien años de su estreno. Con música de Stravinsky –ejecutada por la Filarmónica Nacional de Venezuela– y basada en la coreografía de Nijinsky, la versión que hizo Claudia Capriles sobresalió porque fue capaz de seguir esa línea de la obra original que se caracteriza por la ruptura de estructuras dramáticas. Más de 20 bailarines se valieron de sus emociones más primitivas para danzar una historia de sacrificios.
 
9 Regreso cromático y sobre el mar
El coreógrafo Leyson Ponce coincide con José Luis Ávila en que el regreso de Oto, el pirata fue uno de los momentos importantes de la danza. Estrenada en la década de los años noventa por la compañía Danzahoy y luego de una década fuera de la cartelera, la pieza compuesta por Adriana Urdaneta se presentó en el Teatro Teresa Carreño. Incluyó la música original, compuesta por Oswaldo Rodríguez y Jacques Broquet, así como la voz del Tío Simón. Edwin Erminy –que recientemente deburó como dramaturgo– estuvo a cargo una vez más de la escenografía. “Ahora soy más valiente que hace 20 años y puedo hacer las cosas con más desparpajo”, dijo. El clásico de vacaciones que desempolvó el barco, los personajes y las aventuras permitió que adultos revivieran su juventud y las nuevas generaciones entraran en contacto con un musical que tiene la luz del trópico.
 
10 El mundo que sale de las tinieblas
El montaje de Las cosas más hermosas no solo fue un emotivo montaje sobre la capacidad del ser humano de afrontar la tragedia y sobrevivir. Sino también una ventana para que las nuevas generaciones de actores pisaran firme. Y fue eso lo que sucedió con Ana Karina Castro, 10 años de edad, que interpretó a una niña ciega y sordomuda. Se llevó elogios por su fuerza y concentración en escena. La pieza contó con la dupla Orlando Arocha y Diana Volpe.
 
11 La locura multidisciplinaria
La versión que presentó la compañía Ciane de la obra Hamlet se destacó por su vanguardia. A través del circo, la danza, la música y el teatro, el montaje creado por Soraya Orta fue una sorpresa visual permanente. “Es realmente memorable", afirmó el crítico Edgar Moreno Uribe. "Tiene una dirección creativa en la que priva la utilización de elementos nuevos. Es una gente que realiza grandes trabajos con los pocos recursos que tiene”, agrega.
 
12 Presidente que interviene fundaciones
Aunque no figura en la lista de hechos importantes de 2013 de los expertos porque la consulta se realizó antes, no se puede obviar la intervención por decreto presidencial de la Fundación Teatro Teresa Carreño. El motivo: el incumplimiento de objetivos que le corresponde desarrollar “como política del Estado revolucionario”. De acuerdo con la Gaceta oficial 40319, se destituyó el consejo directivo de la fundación y se otorgó las más amplias facultades a una junta interventora que estará presidida por Gustavo Arreaza, director de VTV, y el ministro de Cultura, Fidel Barbarito. Esta decidirá sobre convenios, proyectos y recursos; sobre los ingresos y egresos de personal; y sobre la actuación del sindicato. A esto se suma la renuncia de la presidente de la fundación, Saulibeth Rivas. Habrá que esperar el camino que tomará esta intervención en 2014.