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Eritza Liendo: "El arte siempre es un elemento de salvación"

"Yo creo que ningún libro es más complejo que la vida, ni siquiera Ulises, de James Joyce" | Foto: Cortesía Eritza Liendo

"Yo creo que ningún libro es más complejo que la vida, ni siquiera Ulises, de James Joyce" | Foto: Cortesía Eritza Liendo

La escritora y profesora de Literatura Venezolana de la UCV es una ferviente defensora de la importancia de la literatura para la sociedad. Señala que esta expresión artística, como muchas otras, es un mecanismo de compensación para contrarrestar la fealdad del mundo

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El año pasado la literatura venezolana tuvo autores que se destacaron internacionalmente. Alberto Barrera Tyszka ganó el Premio Tusquets de Novela por Patria o muerte, Rafael Cadenas fue reconocido con el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca y Yolanda Pantin obtuvo el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval. Entonces, la literatura aún es una manifestación artística en la que el venezolano puede confiar y creer.

Eritza Liendo es una de sus más fervientes defensoras. Para la profesora de la cátedra de Literatura Venezolana de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, la literatura es un mecanismo de compensación ante la crueldad y la fealdad del mundo.

Fiel lectora de Juan Rulfo, Alfredo Bryce Echenique, Eduardo Liendo y Rosa Montero, Liendo afirma que leer Pedro Páramo en el siglo XXI es igual de importante que leer a Dostoyevsky o ver las pirámides de Egipto. No deja de lado las obras literarias actuales, pero opina que es importante reconocer las influencias del pasado.

En 2013, ganó el Concurso para Obras de Autores Inéditos de Monte Ávila por su libro Shadow y otros cuentos sombríos, que aún no se ha publicado. Sobre estas narraciones, recuerda que surgieron de arrebatos y que están llenas de honestidad y de pasión. Por lo tanto, no estaban concebidas en principio para concursar, de acuerdo con la autora.

Consultada acerca de cómo sabe cuando un cuento está listo, la profesora ejemplifica con la comida: hay un punto en el que se debe apagar la cocina. Y lo dice con experiencia, pues combina su vida literaria con su entusiasmo por preparar repostería, de la que publica fotografías en sus perfiles de Facebook e Instagram.

Eritza Liendo es licenciada en Letras por la UCV y en Comunicación Social por la misma casa de estudios, donde además cursa actualmente una maestría en Literatura Venezolana.

Como profesora de literatura, ¿qué opina del comportamiento de los estudiantes ante esta rama artística?

Mira, hay un espacio dividido: la materia de Literatura Venezolana, al menos, en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, es de carácter obligatorio y se dicta en el primer semestre de la carrera. Eso significa que todo el que entra a estudiar esa carrera tiene, a juro, que ver literatura venezolana.

Hay alumnos que la disfrutan mucho y otros que no tanto. En mi experiencia, cuando el semestre termina, hay una actitud muy positiva hacia el gesto de leer y comprender el devenir de la literatura venezolana y de qué se han ocupado los autores. Mi más grande triunfo como profesora de esta materia es ver que, cuando se aproxima el final del semestre, que solo faltan dos o tres obras por leer, hay una muy buena disposición de encontrar, buscar, reconocer e interpretar.

Eso es una semillita que queda sembrada y que despierta en ese grupo de alumnos el interés por seguir indagando acerca de lo que se hace en la literatura venezolana. Eso siempre es ganancia y es positivo.

¿Qué libros recomienda a los estudiantes?

Empezamos la materia con la exploración de la influencia de los cronistas de indias. Pasando por los distintos movimientos estéticos, como el criollismo, el romanticismo, el modernismo, la vanguardia, el experimentalismo estético. Hasta llegar a los autores de este tiempo.

En ese sentido, lo que el profesor hace es buscar libros emblemáticos que estén insertos dentro del canon de la literatura venezolana, para que ellos vean los autores que fueron determinantes en un momento dado. Cuando se aproxima el final del semestre, hay una cierta libertad para que cada profesor que dicta la materia elija el autor con el que más y mejor tenga afinidad. Así los estudiantes conocen a los escritores de esta década.

Esto también les permite ver cómo se está batiendo el cobre. Cuáles son las preocupaciones, los temas de interés, las motivaciones de los escritores y qué tan cerca están ellos de esas propuestas estéticas.

¿Debe una persona, que no estudia una carrera relacionada directamente con la literatura, leer escritores del los siglos XIX y XX para entender a los actuales?

Yo diría que sí. Siempre es bueno reconocer las influencias. Los pesos. Y sobre todo, es muy importante que los estudiantes sepan que nadie está descubriendo el agua tibia y que hay preocupaciones que son constantes, que no se pasan por alto ni se olvidan nunca. Por ejemplo, la preocupación por los procesos históricos, sociales y políticos siempre está presente. Y se manifiesta, obviamente, con efectos y búsquedas retóricas distintas.

Por supuesto, en los últimos tiempos uno puede advertir que hay una gran preocupación por explorar el universo interno de los personajes. Del hombre como individuo social, real y tangible. Eso se manifiesta en la construcción de los personajes, que tienen una conflictividad, una vulnerabilidad y una forma de estar en el mundo.

¿Lo que cambia es la manera en que se expresa el problema?

Sí, definitivamente sí. Bien lo dijo Eduardo Liendo: "Las historias de amor ya se escribieron. Así como las historias de odio y de venganza". Ya están escritas. Esos son temas recurrentes porque son inherentes a la naturaleza humana; y la literatura y el arte en general, aunque pueda sonar mal, son variaciones permanentes acerca del mismo tema. El hombre siempre va a responder a las mismas pulsiones, y eso no cambia.

El arte lo enfoca según su tiempo, su circunstancia y los elementos que disponga para ello. Pero los dramas de amor, odio, locura y venganza ya fueron escritos. Entonces varían en la forma.

¿No le da miedo que se agoten los temas o las maneras de manifestación?

A mí no me da miedo. Para nada me da miedo porque cada hombre es un universo distinto. Tu mirada nunca va a ser igual a la mía. La mirada de cada hombre es diferente. Si así fuera, nadie escribiría. La gente diría: "¿Para qué voy a escribir un cuento de amor, locura o muerte si ya lo hizo Horacio Quiroga?".

Entonces, ciertamente, Horacio Quiroga escribió Cuentos de amor de locura y de muerte, pero como esos son temas que no se agotan, el hombre seguirá amando y sentirá miedo y locura. Pero cada locura, cada enamoramiento y cada miedo será diferente. Cada quien lo contará, pues, a su manera. Con sus propósitos, con la búsqueda de un efecto particular. Esa es la gracia del arte, que es inagotable. Si no nadie esculpiría, haría música, pintaría o haría teatro.

¿Cómo cree que influye la tecnología en la literatura?

Ese es el tipo de recurso que, como todos, dependerá del uso que le des. Hay gente que se siente más cómoda escribiendo a mano, que necesita tener siempre su libro de notas porque ocurren cosas que deben ser registradas inmediatamente. Hay gente que se siente más cómoda si escribe a máquina. Yo escribo en mi computadora, pero no dejo de anotar. Donde sea, si tengo que hacerlo en un billete, pues lo hago, igual que en una servilleta o en una factura. También con lápiz o con lo que sea, pero en el celular no anoto porque tengo que buscar la aplicación y se me escapan las ideas. Ni siquiera lo he intentado. Pero siempre tengo algo con que escribir para anotar cualquier escena que ocurra a mi alrededor, para utilizarla oportunamente.

Uno tiene como una intuición de que ese algo que te está pasando, que escuchaste o viste tiene una aplicabilidad, una utilidad y un aporte estético para un proyecto literario que tengas. De repente una expresión que a alguien se le escape en un carrito por puesto, un supermercado o una farmacia pueden servir.

Los cuentos nos pasan al lado a diario. Y uno tiene que estar preparado para verlo. Uno tiene que aprender a mirar y escuchar los cuentos que suceden cerca de nosotros sistemáticamente.

El cine se ha convertido en una opción narrativa que cada vez cobra más fuerza. ¿Es más complejo este arte que la literatura?, ¿podría opacarla?

El cine tiene la gran ventaja de la inmediatez. Del sonido, de la movilidad de los personajes. Pero son goces estéticos diferentes. En mi caso particular, disfruto los dos enormemente. Puedo disfrutar tanto la lectura de un buen libro, como ver una buena película.

De hecho, yo soy recurrente en los dos ámbitos. Puedo leer el mismo libro muchas veces y, conforme cambie, yo cambiaré el libro. Nunca se lee dos veces la misma obra. Tampoco se ve dos veces la misma película. Uno cambia, aunque sea mínimamente, con las experiencias del día a día. De tal manera que, cuando vas de nuevo a La casa de los espíritus, siempre harás una lectura diferente.

La película tiene un límite de tiempo. Tú entras a la sala de cine y en una hora y tantos minutos sales. El libro puedes tomarlo, dejarlo a discreción, retomarlo, dejarlo por un tiempo largo, volver sobre él. Son dinámicas diferentes y cada una tiene su encanto.

¿En qué se puede inspirar un escritor para llevar a cabo una obra?

Yo creo que todo el que escribe tiene temas particulares que le inquietan, le motivan, le asustan. Porque no es solamente el placer lo que mueve la escritura. Hay temas que te espantan, y una manera de catalizar ese sentimiento es a través de la escritura.

La inspiración está por allí. No sé quién fue el que lo dijo, pero en todo caso la frase dice: "Procura que cuando la inspiración te llegue, te consiga trabajando". Es un tema de inspiración pero también de disciplina. De tener una cierta ritualización del oficio de escribir.

Entonces, mira, ¿en qué te inspiras? En todo. Porque todo tiene un brillo, todo tiene un interés. Yo como escritora en ciernes, porque considero, aunque suene poco modesto, que escribo bien. Tengo momentos que son de arrebatos. Y así nacen mis cuentos. Pero esos arrebatos ocurren solo en cuanto al tiempo para escribir, porque obviamente las ideas han estado madurándose y gestándose. Tal cual un embarazo.

Te hablo de escritora en ciernes porque tuve la fortuna de haber obtenido el Premio de Literatura de Monte Ávila, en el año 2013, con mi primer libro de cuentos. Y esa fue una escritura que yo considero y defino como compulsiva, que surgió de una experiencia que está retratada en uno de esos cuentos premiados. Para mí es una gran satisfacción haber obtenido ese reconocimiento con un jurado integrado por, entre otras personas, Carlos Sandoval y Enza García Arreaza, que son personas cuyos trabajos yo respeto muchísimo.

Esa fue una escritura que yo no hice para concursar. Fue absolutamente honesta, sin ninguna finalidad lucrativa ni de figuración. Fue muy honesta en el sentido de que surgió de una circunstancia muy puntual, muy particular. En todo caso, yo llegué a mi casa después de una conversación que tuve con Eloi Yagüe y me puse a escribir. Pero con tanto afán, con tanta pasión, con tanta sinceridad; y por supuesto, un aspecto que no puedo dejar de lado, es el conocimiento de la técnica. ¡Caramba!, de algo me tuvieron que haber servido mis más de 15 años como docente enseñando a otros a narrar.

Fue una cosa absolutamente mágica, tan mágica que el libro fue premiado por gente que sabe más de eso de lo que podría saber yo.

¿Usted cree que logró plasmar todo en esos cuentos?

Mira la palabra siempre es insuficiente. Hay cosas que el hombre siente, que vive. Pulsiones que nos habitan, que son prácticamente imposibles de poner en palabras. Sin embargo, yo estoy absolutamente enamorada de todos y cada uno de los cuentos que están compilados en ese libro que presenté a concurso. Porque dan cuenta de cosas en las que yo creo, en maneras de decir en las que creo. Amo los personajes que construí. Inclusive, a esos que son antipáticos y mala vaina. A esos también los quiero porque tienen una corporeidad casi tangible. Puede que esté hablando con arrogancia y falta de modestia, pero también es lo que recibido como feedback de la gente que ha leído esos trabajos. Esas personas son muy distintas entre sí, no obstante, los comentarios han coincidido con respecto a un relato u otro.

Creo que uno debe, en todo caso, ser tremendamente honesto cuando escribe. Tomar los riesgos que haya que tomar y alejarse de las fórmulas. Pocas cosas me resultan tan desagradables como leer trabajos literarios que tengan carácter formulario. Que tú veas que la persona está dando un tiro al piso. "Voy a poner a un borracho, a una prostituta. Los voy a poner en esto. Y pongo un poco de salsa por aquí, un poco de noche por allá". Como si estuvieras haciendo un receta, pues. Y tú le ves el artificio. Yo creo que a un buen relato no se le debe ver el artificio. Debe pasar por ti como un trago y dejar el efecto que debería dejar un buen trago. Pero no puedes ver el artificio porque entonces algo estaría fallando.

¿Cómo saber que un cuento está listo?

Se siente.

¿Cuando supo que su libro de cuentos estaba listo, se dio cuenta como Eritza Liendo o como egresada de la Escuela de Letras?

Como Eritza Liendo. La Escuela de Letras no forma escritores, ¿salen escritores de allí? ¡Es posible! Es posible que quien tenga la vocación de escribir vaya a la Escuela de Letras, pero esta no está concebida para formar escritores, sino teóricos, críticos, investigadores. Para formar escritores están los talleres y otras instancias. Como los seminarios o los diplomados. De hecho, este espacio en el cual estamos (el Celarg) ha sido durante mucho tiempo un gran cántero para la formación de escritores.

Entonces, con los cuentos pasa, de alguna manera, como con la comida: hay un punto en el que sabes que debes apagar la candela. Hay un punto en el que sabes que tienes que apagar el horno y sacar eso de ahí. Cuando sientes que el personaje cumplió ese ciclo dentro de la trama que concebiste, ¿para qué vas a inventar más?

Eduardo Liendo decía hace poco que hay libros que no quieren ser escritos, que hay libros que te ponen resistencia. Asimismo, el cuento te avisa cuándo no hay que añadirle ni una palabra más. Hay como un peso que cae cuando el cuento se termina. Bien sea que tenga tres páginas o 20. Para eso no hay una fórmula.

El que está contando sabe. Eso es como un chisme. Un chisme no puede ser eterno. El chisme tiene una estructura: un inicio, un punto de climax y uno de resolución. Tal cual. Por más chismoso que alguien sea, no puede estar tres noches seguidas contando la misma cosa, ni que fuera Scheherezade (personaje y narradora de muchas historias de Las mil y una noches).

¿Qué cree que se escribe y lee en Venezuela?

Te mentiría si te dijera que, más allá de mi rol como profesora de literatura, hago un seguimiento sitemático a lo que se lee hoy. Cuando estoy fuera de clase me aparto un poco de eso, en el sentido de que no ando viendo ni sopesando la media estadística de lo que se lee.

Pero con respecto a la primera parte de tu pregunta, en el sentido del género que prevalece en medio de este contexto país que tenemos, yo, quizás, podría aventurarme a decir que hay un despunte de la crónica. Percibo que hay como un afán de registro de esta cotidianidad tan caótica y convulsiva, que nos arropa con tanto sobresalto.

Y no es que eso no pueda reflejarse en una novela o en un cuento, o en un ensayo o en un artículo. Pero siento que la crónica está alcanzando un protagonismo interesante, en el sentido de que te permite hacer registro de la realidad, pero también permite jugar con cierto vuelo estético que puede amalgamar y atenuar las amarguras circundantes que pueda haber en un momento dado. Con el esplendor y la belleza inherente al género.

¿Y qué creo que está leyendo la gente? Crónicas y literatura breve. Pero también percibo que hay una marcada propensión a leer estos textos que llaman de autoayuda, de consejos para vivir o de cómo vivir sin morirte en el trance. Yo no me atrevería a meter esas propuestas en el ámbito de la literatura. Son lecturas que quizás responden, en alguna medida, a la necesidad de fortalecer la esperanza, de creer que esto no se acaba aquí, sino que, más allá de los sinsabores que uno pueda experimentar cotidianamente, hay razones para vivir. Por eso hay ciertos autores que se están haciendo muy populares con esos tipos de propuestas.

¿Cuáles son las características de los libros que usted recomendaría?

Yo siempre voy a recomendar buenos libros. Primero voy a recomendar que se lea historia. Es bueno saber de historia. Es importantísimo. Aunque no me atrevo a decirle a nadie que estudie Historia. Pero es importante estudiarla para saber de dónde venimos. ¿Qué cosas estamos repitiendo?, ¿qué cosas se vuelven cíclicas?

Yo me asumo y me considero como una promotora de la lectura. Hay que leer, aunque sea para enriquecer el vocabulario. Si hablamos de autores que yo prefiera, siempre voy a recomendar a Juan Rulfo, a Mario Benedetti, a Alfredo Bryce Echenique, a Rosa Montero. Y así, tantos autores que me encantan y que considero auténticos maestros, como Eduardo Liendo, que para mí es un maestrísimo. Tiene una obra que nunca dejaré de exaltar y de recomendar. No solo porque creo que se lo merece, sino porque Eduardo tiene los toques precisos de humor, de ironía, de crítica, de ternura. De lo que hace falta para construir un universo ficticio que no solo te produzca el goce estético de la lectura, sino que también te haga pensar y reflexionar acerca del mundo en el que vives.

Hay gente a la que Pedro Páramo le parece una obra difícil de entender, ¿por qué debería leerse esta novela en el siglo XXI?

Mira, la vida no es fácil. Yo creo que ningún libro es más complejo que la vida, ni siquiera Ulises, de James Joyce. ¿Y qué hace Joyce? Retrata un día en la vida del protagonista, ¡caramba! ¿Cómo es un día en nuestra vida?, ¿cuáles son las fantasmagorías de nuestra vida?, ¿cuáles son las vibraciones entre la vida y la muerte que enfrenta un venezolano de estos tiempos cotidianamente?

Las razones para leer a Rulfo hoy son las mismas razones para leer a Dostoyevski. Porque están dentro del canon universal y tienen algo que Julio Cortázar definió como significación, junto con la tensión y la intensidad, que son las características que él atribuyó a todo buen relato.

Es la capacidad que tiene una obra de trascenderse a sí misma. Si eso ocurre, debe ser vista siempre. Eso es como si alguien me dijera que llegó el punto en que alguien no debe ver las pirámides de Egipto, las ruinas del Coliseo, la Capilla Sixtina. ¿Sobre qué base podría decirse eso?

¿Qué opina de la llamada literatura comercial?

Hay un principio al que yo me atengo: nadie debería hablar de lo que no conoce. Mal podría yo criticar la saga de Crepúsculo, las 50 sombras de Grey, la obra de Paulo Coelho, la obra de Walter Riso, porque no las conozco. No puedo formular un juicio de valor respecto a 50 sombras de Grey si no la he leído. Quien ejerce el oficio de crítico está obligado a estar actualizado en esa materia.

Pero por otra parte, y hablando en términos genéricos, lo que sí no puedo obviar es que detrás de todas esas propuestas hay un aparato de mercadeo. Una plataforma absolutamente eficiente que es la que mueve esos productos. Y de alguna manera hay un afán por estar de moda.

¿La literatura es útil para la sociedad?

Yo estoy obligada a decir que sí. Porque yo creo en la literatura, porque la enseño. Y porque de verdad, medularmente, creo que es necesaria por infinitas razones: por goce, por conocimiento, por reflejo especular, porque es arte y el arte siempre es un elemento de salvación.

El mundo es un lugar demasiado feo para vivir, y el arte es necesario como mecanismo de compensación. Definitivamente, a mí me parece que el mundo es horrible. Es un lugar terrible para vivir. Y una manera de hacerlo menos feo es llenándolo de arte, pero de arte de verdad. Eso amerita mucha honestidad.

Pequeños gustos de Eritza Liendo

Un libro

Los cuentos de El llano en llamas, de Juan Rulfo.

Una canción

Hay una canción de salsa que me gusta mucho: "Dueña de mi inspiración", de Ismael Rivera.

Una pintura

Cualquier Ávila de Cabré.

Una película

Tengo muchas películas que amo. Pero podría citar La casa de los espíritus.