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Epidemias: musas fatales de la pantalla

<i>Contagion</i> | Foto: Archivo

Contagion | Foto: Archivo

Los virus, reales o ficticios, han sido el plato fuerte de muchas de las películas y series que se han consumido en el último siglo

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Hay amenazas invisibles. Se esparcen con el aleteo de un mosquito, desfilan desde la punta de una jeringa o se posan sobre el colmillo de algún depredador. Los daños en los organismos de las víctimas son irreversibles y los médicos se dedican sin descanso a encontrar la cura. Sin embargo, este es un tema que históricamente también ha llamado la atención de los guionistas de cine y televisión.

Con su pluma, estos escritores bosquejan los límites en los que se encuentran la ficción y la realidad de las epidemias que azotan al mundo. El séptimo arte fue mordido por Drácula en 1931. Desde ese momento el director Tod Browning daría los primeros pasos de la cinematografía referida al contagio de un virus. El vampiro ataca a su víctima y esta se transforma en un personaje sediento de sangre humana que, además, sufre de insomnio.

Pero en esa época no todos los virus en pantalla estaban relacionados con colmillos. Algunos sexistas o que exaltaban emociones fueron parte de las epidemias de ficción que marcaron esa primera oleada de películas relacionadas con el tema. En El último varón sobre la tierra (1933), de James Tinling, la masculitis acaba con los hombres. En ¿Qué tiene de malo sentirse bien? (1968), de George Seaton, un ave tropical es portadora de un virus que causa la felicidad.

Luego de los años cincuenta, algunos cineastas empezaron a mostrar mayor conexión con el mundo real. La sintomatología de enfermedades como el ébola, la rabia, la viruela y el cólera se reflejaba en sus producciones. En The Seventh Seal de Ingmar Bergman y La peste de Luis Puenzo (basada en la obra de Albert Camus) se habló de la peste bubónica.

En 1995, el estreno del filme Epidemia, de alemán Wolfgang Petersen, coincidió con un brote de ébola en África Central. Este hecho contribuyó a que fuera una de las películas más taquilleras de la temporada: recaudó 190 millones de dólares.


El largometraje, que contó con un presupuesto de 50 millones de dólares, contaba la historia de motoba, un virus que comenzó a transmitir un mono infectado. Insectos y otros animales también han sido emisarios del caos en producciones como Alarma en altamar de Brian Trenchard-Smith, en la que un mosquito inicia una epidemia entre los pasajeros de un crucero. En Contagio, de Steven Soderbergh, un virus híbrido de influenza de cerdo con murciélago se propaga en Estados Unidos, país que se volvió blanco fácil de las epidemias en el cine.

En The Last Breath, de John Murlowski, un grupo de extremistas inocula un mortal virus al presidente de Estados Unidos. Un tema similar recreará la sexta entrega de Resident Evil, que se estrenará en 2016: el Poder Ejecutivo no escapa de las amenazas. Las figuras de autoridad son el primer blanco para los villanos que pretenden someter a pueblos completos.

En algunos casos, a los directores no les pesa la mano para acabar con millones de personas. Hay sociedades que quedan diezmadas. En 28 días después, de Danny Boyle, una variante del virus de la rabia azota a los habitantes de Inglaterra. La región es repoblada en la secuela 28 semanas después. En Soy leyenda, protagonizada por Will Smith, se muestra cómo una mutación de la viruela acaba con los habitantes de Nueva York.


Hay villanos de película que cuentan con los recursos para ejercer el bioterrorismo como medio para propagar epidemias. Los directores de cine terminan dando rienda suelta a la intervención de los cuerpos científicos y militares de las naciones que se ven amenazadas. Ocurre en Operación Delta Force, de Sam Firstenberg, en la que un grupo de terroristas surafricanos logra robar la cepa de un virus mortal.

En la mayoría de los casos hay un final feliz en el que suele explotarse el patriotismo y la figura del mesías, el salvador que tiene en sus manos acabar con la amenaza que cae sobre la humanidad. En Doce monos, dirigida por Terry William, un criminal convicto (Bruce Willis) debe viajar al pasado para descubrir las causas que desencadenaron la pandemia que obligó a la humanidad a resguardarse bajo tierra. Es, entonces, el gran salvador.


La televisión contagiada

Ridley Scott anunció recientemente que producirá una serie sobre el ébola basada en el libro The Hot Zone, de Richard Preston. El tema no es una novedad: en 1997 fue transmitido un capítulo de Los Simpson el que Bart cae enfermo y su madre le pide que lea el libro El curioso George y el virus del ébola. La fascinación por el caos que generan los virus ha invadido las parrillas televisivas, bien sea con referencias en algunos episodios o con temporadas completas. La serie más reciente es The Strain, de Guillermo del Toro, basada en la primera novela de su Trilogía de la oscuridad.

The Last Ship de Michael Bay, inspirada en el libro homónimo de William Brinkley, narra cómo una pandemia acaba con buena parte de la humanidad. Los tripulantes de un buque de guerra están a salvo y son unos de los pocos sobrevivientes de la catástrofe.

En Helix, creada por Cameron Porsandeh, una delegación de científicos debe viajar al Ártico para evitar que un nuevo y extraño virus se propague por el mundo. El laboratorio que contiene muestras de las enfermedades más peligrosas se ve en peligro con esta amenaza.