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“Ensamble Gurrufío es mi apellido de casado”

Manuel Rojas y Luis Julio Toro se reunieron para la entrevista y demostraron que no hay ningún conflicto detrás del cambio en la formación del grupo | Omar Véliz

Manuel Rojas y Luis Julio Toro se reunieron para la entrevista y demostraron que no hay ningún conflicto detrás del cambio en la formación del grupo | Omar Véliz

Manuel Rojas ocupó el lugar del flautista desde noviembre, cuando debutó en Pdvsa La Estancia

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El Encuentro monumental que se celebraría en el Aula Magna el 4 de noviembre sufrió las consecuencias de un conflicto laboral de la Dirección de Cultura de la UCV. El concierto, que involucró a Alfredo Rugeles y la Orquesta Sinfónica de Venezuela y también al mandolinista brasileño Hamilton de Holanda y su banda Brasilianos, se mudó a un espacio con características radicalmente distintas. No fue una presentación cualquiera, especialmente porque esa noche Ensamble Gurrufío, después de 28 años de existencia, presentó a un nuevo flautista.

El cuatrista Cheo Hurtado, que ya había asomado la idea en la gira de medios, lo mencionó a través del micrófono como si no tuviera mayor importancia. “Dijo que venía, pero no pudo. Gracias, Luis”. Pero se trataba de la salida de Luis Julio Toro, fundador de una agrupación esencial en la historia de los ensambles instrumentales del país, cuya formación había permanecido intacta desde 1997, cuando el maraquero Juan Ernesto Laya se unió a Toro, Hurtado y David “el Zancudo” Peña.

“No quise ir porque me parecía una distracción”, se justifica Toro, a un mes de aquel domingo. “Me parecía que lo más conveniente era que se enfocaran en una sola cosa. Ya habían llevado suficientes golpes para que encima llegara yo a meterle más leña al fuego. Cheo quería que fuera porque estaba melancólico (risas)”.

Toro bromea, en presencia de su sustituto, y aclara que no existe ningún misterio detrás de su salida del grupo al que había pertenecido desde 1984. “Les dije a los muchachos que me retiraba para que ellos siguieran echándole pichón. Tengo una cantidad de ideas que vengo arrastrando desde hace tiempo. Son cosas que quiero hacer. Creo que hay que abrirse espacios en la cabeza. El disco duro no me da para más”.

El flautista, que tiene cuatro hijas, aclara que nada tuvo que ver el accidente que sufrió en una mano. De hecho, ya está en planes otra serie de presentaciones del espectáculo Luis Julio Toro y sus aventuras sonoras, que es la versión en directo del programa que comenzó en radio y que luego saltó a la pantalla de Sun Channel.

Anuncia que editará una segunda entrega de Toro solo, un disco que dio rienda suelta a sus inquietudes. “Son caprichos personales. Piezas que siempre he querido grabar. No hay una razón distinta al placer que me produce tocarlas. La mayoría son cosas compuestas para otros instrumentos pero llevadas a la flauta. Cuando las publique, quiero proponer algo distinto, que involucre mi visión desde la cámara”.

 

El relevo. Toro, músico formado en el Royal School of Music de Londres, declara que a pesar de todo el cordón umbilical que lo une a la agrupación no se ha cortado. “Ensamble Gurrufío es mi apellido de casado. Son 28 años con mis compañeros. Siempre y cuando para el grupo sea conveniente, no tendré ningún problema en participar en un disco o un concierto”.

Frente a él, en una sala de juntas de la emisora Unión Radio, está Manuel Rojas, el barquisimetano que debió prepararse rápidamente para su debut. “Ya nos conocíamos y habíamos tocado juntos, pero cuando Cheo Hurtado me llamó, pensé que me estaba vacilando. Era algo que no me esperaba. Me siento honrado por ser parte del grupo”.

La llamada llegó en septiembre y para la presentación con Rojas sólo se realizó un ensayo. Las piezas en las que compartieron con el mandolinista brasileño se tocaron por primera vez en la prueba de sonido, minutos antes de que comenzara el espectáculo.

“Ha sido un reto –afirma Rojas– trabajar en ese repertorio. Algunas de las canciones ya me las sabía porque las saqué antes en épocas de ‘fiebre’. Igual tuve que transcribir todo. Ya ellos están montados; el que tiene que montarse soy yo. Eso será un proceso de adaptación. Hay que madurar los temas e irlos memorizando poco a poco. Gurrufío es un grupo increíble y fue una de las principales influencias cuando me interesé por la música tradicional venezolana. Es un camión, como decimos los músicos”.

Rojas, que dio sus primeros pasos en el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, hizo su primera incursión profesional como músico popular en un proyecto del arpista larense Carlos Orozco. El artista, que con 34 años de edad se convierte en el integrante más joven de Ensamble Gurrufío, grabó en 2005 su debut, titulado simplemente Música instrumental venezolana, en el que curiosamente participaron Cheo Hurtado y Juan Ernesto Laya.

Es parte de la agrupación A-Trío y actualmente promociona un álbum osado que ha llevado la flauta a terrenos insospechados. El instrumento, conocido por sus posibilidades melódicas, ha empezado a generar ritmos. Rojas comenzó a jugar, emulando las bases del aguinaldo, la gaita de tambora, el san millán, el tamunangue y golpe, la fulía y el culo e’ puya. Poco a poco, y gracias a la colaboración con el percusionista Yonathan Gavidia, el experimento se fue tornando serio. El resultado se llama Reinvención y es un viaje por instrumentos de percusión afrovenezolana.

“Yonathan me dice que si no hubiera estado en las sesiones de grabación, no creería que todo eso se hizo con una flauta”, añade Rojas sonriente. El hallazgo ha generado curiosidad dentro y fuera del país. Fue invitado, por ejemplo, al Festival Flautas del Mundo, en Argentina, para explicar cómo hizo que una flauta sonara a tambor.