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Enrique Sardá le da libertad plena a las obras secuestradas por su autocrítica

Foto Archivo El Nacional

Foto Archivo El Nacional

El pintor exhibirá en la galería Odalys algunas de sus piezas inéditas, creadas entre 1948 y 1960. Un trabajo que refleja los primeros pasos del arte abstracto en Venezuela 

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Enrique Sardá es un artista ermitaño. Su timidez y autocrítica lo llevaron a esconder sus pinturas durante años. Esos lienzos, secuestrados por su humildad, resultaron ser vestigios de los primeros pasos del arte abstracto en Venezuela. Más de medio siglo después, las obras ven luz en la galería Odalys en Caracas.

Fue su sobrino, el fotógrafo Manuel Sardá, quien se volvió cómplice de la curadora Odalys Sánchez de Savaro para que, luego de 8 años tratando de contactar al artista, fuera posible Enrique Sardá, los años tempranos.

La exposición está integrada por 34 pinturas de diversos formatos que registran los inicios de la carrera del artista plástico. Sánchez hizo una selección de piezas creadas entre 1948 y 1960. “Se trata de un período muy significativo, no solo dentro del proceso de construcción del discurso plástico de Enrique Sardá, sino también en la definición originaria del arte moderno en Venezuela”.

Esa fue la época en la que el artista pudo plasmar su visión, moldeada en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. El instituto tenía un atraso en sus programas, lo que causó que Sardá, junto con sus compañeros Pedro León Zapata, Celso Pérez, Luis Guevara Moreno, Sergio González y Raúl Infante, fundaran La Barraca de Maripérez, agrupación que viajó a México en 1947 con la intención de ampliar sus horizontes.

De esa experiencia se muestran los lienzos cubistas que realizó Sardá en su habitación. “El profesor de la escuela de arte a la que asistimos nos pidió que dibujáramos esculturas, cosa que hacíamos en Caracas. Decidí romper los esquemas y eso molestó al tutor. No fuimos más a la escuela, me encerré en el cuarto de la pensión donde me hospedaba y le di rienda suelta a mi propuesta”, recuerda.

De ese entonces nacieron Guitarra y frutas, Autorretrato, Mujer sentada y Manzana, fin, metamorfosis, obras en las que utilizó técnicas de óleo, grafito, tinta y acuarela sobre papel.

Debido a que su arte no cumplía con las convenciones de la época, Enrique Sardá formó parte del Taller Libre de Arte, un punto de encuentro en el que se gestaron formas alternativas de expresión artística y que dio espacio a las corrientes marginadas. En esta etapa su obra seguía centrada en la figura femenina y la fauna doméstica, entre otros temas que son planteados desde lo abstracto.

Las piezas se encuentran a la venta en la galería. Sardá perdió la pena, está dispuesto a desempolvar todas sus obras y “hacer cinco exposiciones más, por lo menos”.