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Enay Ferrer muestra un escenario de fe y violencia

Enay Ferrer | Manuel Sardá

Enay Ferrer | Manuel Sardá

El artista se apropia de códigos carcelarios y de personajes venerados por las masas para reflejar la crisis de valores que atraviesa el país. Su pintura comunica dolor, pero también ilusión

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Un rostro con un rictus de dolor ha sido la marca de fábrica de la pintura de Enay Ferrer desde su primera individual en La Carnicería, hace casi un lustro. Ya para entonces le interesaban los temas ligados al mundo religioso. En esta ocasión, el artista explora los vínculos entre la fe, la manipulación política y la violencia a través de una serie de lienzos y una instalación realizada con 498 chuzos, bajo la curaduría del creador José Vivenes, otro de los integrantes del Grupo de Oriente.

Ferrer teje relaciones entre lo pictórico, lo extrapictórico y lo tridimensional en sus obras, caracterizadas por el apego a los grandes formatos. Al asunto de los chuzos no llegó por casualidad. Un familiar suyo es abogado y tiene contactos en penales, que le ayudaron a conseguir algunos. Sin embargo, la mayor parte de las armas blancas que el artista despliega en una de las paredes de la galería G Siete fueron mandadas a hacer.

En la muestra, el creador quiere reflejar la criminalidad como una pulsión. Indica que la violencia es anterior a la modernidad, representada por la pistola. “Me cuentan que cuando hacen redadas ya casi no consiguen chuzos. La realidad es que hay más pistolas que armas blancas. Sin embargo, a mí el chuzo me interesa no sólo como el ícono carcelario por excelencia, sino también por su carácter primitivo”.

La aproximación que Ferrer propone con sus cuadros al tema de la fe y la violencia es la de un transeúnte, pero también la de un ciudadano cuya única arma es el arte. Para él, los incontables acontecimientos políticos, económicos y sociales que ocurrieron en 2012 marcaron un quiebre en su manera de abordar a los personajes que pinta. El artista ahora le imprime una mayor carga de dolor a los rostros que retrata. “Es algo que ves también en los gestos de sus gritos, porque yo mismo me vi en un momento de desgarre. Creo que la misma situación social nos alcanzó a todos, nadie escapa del conflicto político. El año pasado empecé a preguntarme cuál es mi papel como artista y como individuo dentro de esta sociedad fragmentada y golpeada. Creo que el país nos está haciendo un llamado a todos, a cada uno desde el escenario que nos corresponde. Siempre he tocado el tema de la violencia,  pero lo que pasa es que esta vez fui más frontal. Hay un escenario en particular que me interesó: cómo el Estado o el Gobierno –porque hoy en día pareciera que es lo mismo– nos empujó a un escenario en el que lo religioso y lo violento coexisten. Por una intención de dominio se manipulan valores desde la fe, la religión y la violencia con un fin político”.

Junto a los personajes de ojos vaciados y bocas abiertas de Ferrer aparecen las deidades, que van desde José Gregorio Hernández hasta la fallecida cantante Amy Winehouse. Los santos que al pintor le interesan son terrenales, pues para él la fe es cuestión de apego, no de religión. “En este escenario en el que constantemente se están manipulando valores la gente se aferra a algo que le dé ilusión, y creo que eso se ha potenciado con los años”.

La santa fe

Obras de Enay Ferrer

Inauguración: domingo, 11:00 am

Galería G Siete del Centro de Arte Los Galpones, avenida Ávila con octava transversal de Los Chorros

Horario: martes a sábado, de 11:00 am a 7:00 pm; y domingo, de 11:00 am a 4:00 pm

Entrada libre