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Elisa Lerner: “Lo importante es seguir a pesar de las sombras de la historia”

Elisa Lerner considera que el escritor busca corregir siempre alguna imperfección del mundo | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

Elisa Lerner considera que el escritor busca corregir siempre alguna imperfección del mundo | Foto Leonardo Guzmán / Archivo

La autora de En el entretanto recibió el lunes el Premio de Literatura Filcar 2016. Madera Fina publicará en marzo sus crónicas reunidas

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Elisa Lerner tenía mucho tiempo sin ir a Margarita. No recuerda cuántos años desde la última vez, pero sí tiene muy presente esa brisa que caracteriza a la isla y que tanto extrañaba. “Me limpia de las oscuridades de la historia del país”, afirma la homenajeada en la segunda edición de la Feria Internacional del Libro del Caribe, que finalizó ayer.

La autora recibió el lunes en la tarde el Premio de Literatura Filcar 2016, cuyo veredicto se conoció el viernes pasado. “Me da pena hablar de mí misma, pero regreso con una belleza de medalla por este reconocimiento que se da por primera vez. Y además, a una escritora venezolana, algo poco usual en los galardones literarios. Dicen que primero las damas, pero así no es en el país”.

No son pocos los honores que ha recibido; sin embargo, algunos de ellos solo permanecen en la memoria. Las primeras condecoraciones se las robaron unos ladrones que se metieron en su casa. Prefiere no ahondar en detalles, le entristece.

No es una lectora modélica, dice, aunque sí apasionada. Recuerda con emoción el amor tan complejo –así lo define– que empezó a sentir en su juventud por Rodión Raskólnikov de Crimen y castigo. “Desde muy joven he tenido que luchar contra la ceguera. Tengo la misma enfermedad que James Joyce, que decía que para él siempre atardece. Quizá lo más un importante para un escritor es seguir a pesar de la adversidad y de las sombras de la historia. Estoy de acuerdo con Vargas Llosa, que dice que el que escribe procura corregir alguna imperfección del mundo”.

Para Lerner el escritor es un héroe en un país que se caracteriza por la prevalencia militar. Considera que los novelistas, poetas, dramaturgos o ensayistas son los inquilinos del último cuarto en una casa donde ahora las adversidades trastocan el sector editorial. No obstante, destaca a la gente de la cultura como una nueva heroicidad.

“Las ferias literarias son la continuación del gobierno de Rómulo Gallegos. Fue nuestro primer escritor en el poder, en el mismo siglo de las tiranías de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Pensábamos que habría más lectores y que los escritores no estarían en el último cuarto. Yo estudiaba en el Fermín Toro, liceo de gran coraje democrático. Cuando ocurrió el golpe que lo sacó del poder, sentí que mi vida se había acabado. Es una metáfora”, indica la autora de Vida con mamá (1976).

En la Filcar compró La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica de Walter Benjamin, con introducción, traducción y notas de Luis Miguel Isava; además de Cuentos memorables venezolanos, la antología realizada por Ednodio Quintero.

Lerner se ríe, aunque con pena, cuando recuerda una anécdota ocurrida en el vuelo a Margarita. “Soy despistada”, advierte. Una de las personas que viajaba en el mismo avión le resultaba familiar. “Cuando llegué, le dije a Antonio López Ortega que había visto a una persona conocida, a un hombre de negocios. Y también me preguntaba de dónde conocía yo a un hombre de negocios”. Era el poeta Igor Barreto.

Nacida en 1932, asegura que puede llorar si le recuerdan a Eugenio Montejo. La escritora formó parte del grupo Sardio, al igual que, entre otros, Rodolfo Izaguirre y Salvador Garmendia. Está tranquila por las nuevas generaciones, considera que hay figuras de importancia o que se proyectan tan influyentes como los escritores nombrados. “Rodrigo Blanco Calderón y el mismo López Ortega son algunos”, indica.

Belleza y juventud

 Está previsto que a mediados de marzo la editorial Madera Fina publique Así que pasen cien años, que reúne sus libros de crónicas Una sonrisa detrás de la metáfora (1969), Yo amo a Columbo o la pasión dispersa (1979), Crónicas ginecológicas (1984), Carriel para la fiesta (1997) y En el entretanto (2000), además de textos aparecidos en revistas y una historia inédita llamada “La calle de mi infancia”, una mirada a la era posterior al gomecismo.

Lerner no suele leer de nuevo lo que escribió. “Me pasa algo totalmente diferente a las viejas divas que viven ensimismadas, aquellas que ven sus películas de juventud para recordar lo bella que fueron. Yo no estoy segura de ver belleza en lo que escribí en esa época”.

Estará, por ejemplo, la crónica que escribió cuando salió del interrogatorio en la Seguridad Nacional. Sin embargo, no estará ese pequeño texto de su autoría que Guillermo Sucre le llevó a Juan Liscano, quien dirigió Papel Literario. “Juan le preguntó si mi nombre era un seudónimo. Guillermo le dijo que no”.