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El cuatro de Edward Ramírez se prestó al world music

Edward Ramírez, músico venezolano/ Alexandra Blanco

Edward Ramírez, músico venezolano/ Alexandra Blanco

One Beat, una organización dedicada a las artes, seleccionó al venezolano para el experimento

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Los músicos estadounidenses Jeremy Thal, Christopher Marianetti y Elena Moon Park fueron más allá de la composición, la ejecución de instrumentos, la grabación y las presentaciones y fundaron una organización con un propósito inusual: generar intercambios entre artistas con concepciones musicales radicalmente distintas, ejecutantes de exóticos instrumentos y provenientes de los cinco continentes.

Imaginemos un laboratorio en el que conviven un ruso que hace electrónica con un computador portátil, una china exponente del noise music, una guitarrista húngara, un rapero senegalés, un estadounidense que toca el banjo y el violín, un percusionista egipcio y una india que genera ritmo con los pies –con cascabeles amarrados a los tobillos, similar a lo que hace Carlos “Nené” Quintero–. Ahora pensemos que a esa ensalada se añade un cuatro venezolano, ejecutado por Edward Ramírez.

El integrante de agrupaciones como C4 Trío y Kapicúa, ambas de la Movida Acústica Urbana, aplicó y fue el único latinoamericano seleccionado por One Beat para integrarse a otros 31 instrumentistas de 21 países que compartieron durante un mes.

La actividad se dividió en dos semanas. En las primeras, los músicos residieron en el Atlantic Center for the Arts de New Smyrna Beach, en Florida, una locación completamente acondicionada para la creación y la conformación de ensambles. Lo primero, después de presentarse, fue crear agrupaciones al azar, como para obligar a los involucrados a eliminar las barreras de inmediato y comenzar a generar fusiones.

“Allí tienen todo lo que necesitas para internarte y trabajar con la música. Desde los dormitorios hasta un teatro en forma de cubo para hacer conciertos –explica Ramírez, quien volvió al país hace un par de semanas–. Habían lugares para ensayar y un par de estudios para grabar. Toda la agenda y la programación de los shows se organizaba en el momento, a contrarreloj, porque dependía de lo que se iba gestando”.

Las dos semanas posteriores correspondieron a un tour por ciudades como Filadelfia, Washington y Nueva York, con paradas en pueblos como Charleston, Asheville, Floyd y Roanoke, algunos de ellos lugares asociados a la historia de la música tradicional estadounidense.

“Fue muy enriquecedor para mí el roce con todos esos artistas. Había mucho respeto por la visión y el arte del otro. No había egos de por medio. Era una comunidad de gente que se debía a la música”, dice Ramírez, que había generado noticias este año no sólo por C4 Trío, sino también porque presentó un cuatro con cuerdas de metal, que le sirve de vehículo para explorar el joropo central.

“Viajé con los dos. Cabían en un estuche que me prestó Jorge (Glem)”, cuenta el artista, sonriente. Con Nina Ogot (Kenya), Sidse Holte (Dinamarca), Anton Sergeev (Rusia), Ayman Mabrouk (Egipto), Chance McCoy, Domenica Fossati y Eva Salina (Estados Unidos), formó Tasty on the Inside, un ensamble que dejó registro en audio y con el que le gustaría avanzar más en el futuro.

En www.1beat.org pueden apreciarse algunos resultados de las experimentaciones. Ramírez grabó un par de temas, incluido un seis por derecho y un tambor de patanemo de su autoría titulado “Vaya pue”, con el contrabajista Gregg August, reconocido en el mundo del jazz. También compartió con Eighth Blackbird, una banda ganadora de premios Grammy. Al margen de esos encuentros, confiesa: “Definitivamente ha cambiado mi visión de la música”.