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Edward Ramírez bautizó su Parroquia sonora

El músico, Edward Ramírez / Williams Marrero

El músico, Edward Ramírez / Williams Marrero

El artista, integrante de los ensambles C4 Trío y Kapicúa, ofreció un concierto ayer en el Centro Cultural BOD-Corp Banca

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La aventura de Edward Ramírez tuvo ayer un episodio memorable. El cuatrista caraqueño creó un álbum intimista, construido sobre bases tradicionales pero impregnado de influjos contemporáneos. Y lo bautizó con un concierto, ajustado a la medida de la obra discográfica, que se celebró en el Centro Cultural BOD-Corp Banca.

Son armonías elegantes; complejas pero expresivas. Ramírez, integrante de los ensambles C4 Trío y Kapicúa e instrumentista de musicales como Orinoco y Venezuela viva, interpretó su trabajo Parroquia de arriba a abajo, apoyado en el contrabajista Roberto Koch y el percusionista Carlos “Nené” Quintero.

“Es un honor poder contar con el talento de dos maestros de la música venezolana”, dijo el músico, que se unió a la ovación que le regaló la audiencia a sus compañeros de escena. Comenzó por “Historias”, un pegajoso merengue caraqueño que ha sido grabado en otros formatos, pero nunca en trío, como si se tratara de una pieza jazzística.

El viaje al que el músico y humorista César Muñoz se refirió en la presentación del show, que comenzó justo cuando los asistentes comenzaban a quejarse por la demora, se realizó en poco más de una hora. Es un homenaje que Ramírez le hizo al centro de Caracas, su lugar de origen y su actual refugio.

Esta vez no tocó el cuatro sentado, como suele ocurrir. Prefirió colgárselo como si se tratara de una guitarra eléctrica. Así pasó por la danza “Danzaperoco”, la onda nueva “Utopía”, la experimental “El acertijo” y el vals “Simplemente”, todas de su autoría. También dedicó, con presencia del guitarrista Gustavo Medina, una jota carupanera a Béla Fleck, conspicuo estadounidense y ejecutante del banjo.

La percusión de Nené Quintero era digna de ser estudiada por separado. En directo parecía mucho más libre que en la grabación. Combinaba los cascabeles que tenía amarrados a sus tobillos con los golpes de escobilla que daba a sus tambores y con los sonidos que producía los “juguetes” que lo rodeaban. El ritmo era sólido y colorido al mismo tiempo.

Ramírez quedó solo en escena momentáneamente, pero invitó al maraquero Manuel Rangel, que levantó al público de sus asientos con la precisión y el arrojo con que movió las semillas de capacho. En “El misterioso”, un joropo tuyero, tocó el cuatro con cuerdas de metal que le fabricó el luthier Rafael González. Después de la balada “A tus ojos” y de un tema llamado “Parroquia” –que no está en el disco pero estará disponible en la página www.edward4ramirez.com– Aquiles Báez y Orlando Cardozo, los padrinos, subieron a derramar ron en la obra.