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Eduardo Liendo: “No soy el escritor que soñé”

El autor venezolano considera que la literatura es una segunda oportunidad | Foto Henry Delgado

El autor venezolano considera que la literatura es una segunda oportunidad | Foto Henry Delgado

La nueva obra del autor cuenta la historia de un niño que se monta en un autobús desde cuya ventanilla ve sus vivencias y fantasías

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La vida es como una obra teatral de tres actos para Eduardo Liendo. En la trama de la suya, asegura encontrarse en el tercero.

No tiene miedo ni está ansioso. “No sé cuándo voy a bajar el telón. Tampoco estoy apurado”, dice el autor de 73 años de edad que prefiere saldar deudas, como lo hace con su más reciente obra: Contigo en la distancia.

Es la historia de un niño llamado Elmer, a quien el novelista considera un álter ego, que viaja en un autobús sin saber que es el de la muerte. Por la ventanilla observa su vida, primeras pasiones, desencantos, reuniones, desencuentros y errores, algunos de ellos enmendados con fantasías. A bordo están aquellos que fueron importantes en la vida del protagonista: José Gregorio Hernández, Cantinflas, Walt Whitman, Dick Tracy, Doña Bárbara, Franz Kafka, quienes viajan en el vehículo antes de perderse en la parte trasera, tras una misteriosa cortina de humo blanco.

“En este viaje es posible una última oportunidad, antes de llegar al fin del final”, dice en un momento ese personaje.

Uno de los cómplices en la travesía es el colector, Sócrates Pérez, quien recibe a los nuevos pasajeros y rechaza a aquellos que aún no tienen un puesto, aunque quieran subirse con desesperación.

Para Liendo este libro es la forma de aprovechar ese chance. “Lo que me interesa es la literatura como segunda oportunidad”, dice el escritor, quien se imaginó el periplo de la existencia como la ruta de los buses que observaba cuando vivía en Prado de María.

“Esta novela tocará muchas sensibilidades. A la mayoría nos han ocurrido cosas semejantes. Uno piensa que hay ocasiones que se presentarán luego. Cuando uno es joven siente que la vida es infinita, pero al cumplir años te das cuenta de su fugacidad”, agrega el novelista, que con el nombre del protagonista quiso rendir homenaje a Elmer Szabó. “Un autor bastante extraño que conocí en la Asociación de Escritores de Venezuela”, acota.

Hay una frase que se repite en el texto: “Doy por vivido todo lo soñado”, una especie de lema del bus. ¿Y cómo la aplica Liendo en su existencia? “Me siento un hombre afortunado. He tenido una vida rica en experiencias". Recuerda momentos de cuando estuvo preso y en el exilio, su estadía en Europa y la Unión Soviética; la primera vez que vio una minifalda, en París; lugares que un joven de barrio, como él mismo se llama, nunca pensó que podría conocer.

“Lamentable fue haber pasado varios años de la juventud como prisionero, aunque tampoco me considero una víctima. Nosotros retamos al poder de una manera beligerante. Distinto a lo que ocurre con los estudiantes ahora, que en su mayoría han protestado pacíficamente. Cuando iba a la montaña con un fusil, sabía que no me lanzarían papelillo”.

Eso fue en su juventud, son los recuerdos de una época de fervor político e ideológico. Cuando se le pregunta por las satisfacciones actuales, responde: “No soy el escritor que soñé. No me transformé en una figura elemental de las letras del continente, pero doy por vivido todo lo soñado. Reivindico mi literatura, la emoción y el esfuerzo que hay en ellas, además de lo hecho en mi hogar con mi esposa e hija”.

Lamentaciones hay. Tienen que ver con el país: “Está mas deteriorado que el que yo recibí. Me refiero a la inseguridad. Antes se caminaba por cualquier lugar con tranquilidad, sin temor”.

Sobre la utopía
“La utopía tiene las rodillas ensangrentadas y los pulmones inflamados”, dice en una de las páginas de Contigo en la distancia el colector del autobús, Sócrates Pérez.   

Es una frase que resume parte del pensamiento de Eduardo Liendo, quien creyó en la lucha armada. “Ya no creo en la utopía en el sentido de adoctrinamiento ideológico político. La Unión Soviética despertó la curiosidad y solidaridad de gente como Chaplin, Picasso o Neruda. Se pensaba que era posible. Cuando eso se llevó a la práctica y el sistema se volvió improductivo, la estructura se convirtió en totalitaria. Un Estado superpoderoso crea una nueva casta”, afirma el autor de El mago de la cara de vidrio.