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Ednodio Quintero: Me interesa en la literatura la forma, no la anécdota

Ednodio Quintero | WILLIAM DUMONT

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Seix Barral publicó El hijo de Gengis Khan y Candaya prepara una colección de relatos del autor

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Si la concreción de una obra literaria se caracteriza por la delimitación del perfil de un autor dentro del cuerpo literario de su nación y de su proyección internacional, Ednodio Quintero está en la madurez en su carrera. Eso lo prueba la edición reciente que hizo Seix Barral de su libro El hijo de Gengis Khan, que coincide con la difusión de una antología de su narrativa breve impresa por Monte Ávila Editores Latinoamericana para su Biblioteca Básica de Autores Venezolanos. A esto se suma la publicación que prepara la catalana Candaya de sus relatos escritos entre 1974 y 1994, Ceremonias, que completará el proyecto iniciado con Combates en 2006, título que reúne los que creó a partir de 1995.

A pesar del auge que parecen tener sus relatos, el autor nacido en Las Mesitas en 1947 perdió el interés en la narrativa que busque la unidad de efecto al estilo de Edgar Allan Poe y Julio Cortázar, y por eso, últimamente prefiere trabajar en narraciones de largo aliento. “El cuento es un artefacto que ya manejo muy bien y he pensado en abandonarlo, pero éste no me deja a mí”, bromea.  


Cuentos de la novela. Su novela más reciente nació de otro libro y de un video del grupo musical británico Massive Atack, en el que un bebé habla desde el vientre de su madre. “Cuando leí La rebelión de los tártaros de Thomas De Quincey comenzó a fascinarme la vida de Gengis Khan, a pesar de que la novela transcurre en la segunda mitad del siglo XVIII. Quizá, el personaje me parece un trasunto simbólico de mi padre”, indica.

Como siameses unidos por una espina vertebral, El hijo de Gengis Kahn está dividido en dos partes. La primera cuenta una serie de eventos de la época del unificador del primer imperio mongol (1206-1227) desde la voz de quien supuestamente es su hijo varón, aún no nato. El segundo libro, subtitulado “De vuelta a casa”, ambientado 800 años después que el anterior, describe un personaje que Quintero define como “el trasunto del hijo de Gengis Khan”, que al volver a casa, después de una aventura en la que intentó recuperar su capacidad de soñar, se encuentra con un amenazador padre centenario. Allí, advertirá el lector, se cierra un ciclo que comienza y termina con el miedo al progenitor. “Me veo reflejado en mi padre como si un espejo me devolviera una imagen mía del futuro, y esa imagen, teñida con los colores de la sangre y la maldad, es la representación exacta de lo que más detesto”, escribe en la novela.

A Quintero no le molesta la sensación de sueños hilvanados que deja su novela, ni la ausencia de un argumento que otorgue linealidad, pues prefiere privilegiar la forma. “Lo que me interesa en la literatura es la forma, no la anécdota, porque para conocer de éstas sólo tienes que agarrar el periódico o prender el televisor y ver el espanto de casos como el de las tres chicas que secuestraron durante 10 años”, señala el autor enamorado de la literatura japonesa. “No voy a escribir sobre las miserias de mi país ni el narcotráfico ni la violencia ni la política actual porque es la literatura pura, como placer de escribir, lo que quiero que me haga distinto a los demás”. El autor aclara que al principio de su carrera lo tentaba el uso de sucesos tomados de la crónica roja nacional para sus narraciones, como fue el caso de la masacre de El Amparo en 1988, aunque ahora prefiere refugiarse en lo puramente literario.