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Edda Armas: “Hay autores con los que se tiene una deuda en el exterior”

Roto todo el silencio se publicó en 1975 y fue reeditada este año por Oscar Todtmann Editores

Roto todo el silencio se publicó en 1975 y fue reeditada este año por Oscar Todtmann Editores

La poeta, que presentó la reedición de Roto todo el silencio, afirma que es frustrante buscar libros de escritores venezolanos en otros países

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En Roto todo silencio Edda Armas escribió hace cuatro décadas que las corazas no siempre son el mejor abrigo. Durante todo el tiempo transcurrido desde aquella publicación, la poeta no había hecho mayor reparo en cómo esos primeros pasos podrían tener cabida en la actualidad. “Eran piedras de energía, registros de mis momentos de juventud. Lo tenía como un tesoro de vida que podía dejar como legado a mis hijas”.

Un día la visitó la editora Kira Kariakin. Juntas tomaron té. Mientras compartían encontró el ejemplar de 1975 ilustrado por Daniel Medvedov. “Me dijo que eso había que mostrarlo, que no podía quedarse en casa. Soy de las que cree en círculos concéntricos”, cuenta sobre la reedición de la obra que respeta el diseño original de Álvaro Sotillo y que en los setenta editó José Vicente Abreu en la Imprenta Universitaria de la UCV, donde Armas estudiaba Psicología.

En esos momentos de juventud, entre los 17 y 19 años de edad, cuando escribió esos breves versos, ella no tenía nociones de poesía. Era una estudiante tímida y fascinada por la narrativa y el cine, especialmente por los ciclos de películas de autor que entonces organizaba Rodolfo Izaguirre en la Cinemateca Nacional, adonde iba con su hermano Ricardo Armas.

Fue el crítico de cine quien a principios de junio dedicó unas palabras en el bautizo de la reedición de Roto todo silencio (Oscar Todtmann Editores). “Es lo que ocurre con los poemas de este libro. Son breves, pero no nos engañemos: entre las cuatro o cinco palabras de cada uno de sus textos se abre un abismo de desmesura en el que florecen pensamientos filosóficos, resonancias del espíritu, alusiones crípticas que obligan a reflexionar, enigmas, sortilegios y fabulaciones”, dijo entonces Izaguirre.

Si bien han pasado cuarenta años desde entonces, el entusiasmo de la escritora se mantiene intacto. En su casa quiere que la gente se sienta cómoda. Pregunta qué música quieren escuchar, si el disco de Natalia Lafourcade en homenaje a Agustín Lara, alguno de Fito Páez o el concierto del violonchelista Michel Strauss y la pianista María Belooussova en Giverny.

En aquellos años, y sin tenerlo en cuenta, la poesía buscaba abordar todo. “Luego, cuando empecé a ilustrarme sobre la poesía, me di cuenta de que lo que mejor puedas decir en menos palabras es mejor. La brevedad es el resultado de la poda del poema, ir a lo esencial, la depuración para ir al núcleo, la fruta más concentrada del decir. Luego, el poema breve se impuso y si uno se descuida es una forma fácil de decir las cosas. Por eso, necesita su arte”.

La psicología le sirvió a Armas para hacer preguntas, conocer al ser humano, especialmente la violencia, un interés registrado en El sol cambia de casa (1992). La poesía, entonces, era la manera de responder a muchas de esas interrogantes. “De la contemplación hay una necesidad expresiva y un latir que necesitas colocar en palabras”. ¿La gran respuesta? “Darme cuenta de que todo ser humano puede ser un provocador de belleza y de mejores situaciones para todos. Creo en que la gente puede cambiar las cosas y en la poesía como motor social. Lo viví en los barrios cuando trabajaba en los talleres de Fundarte, cuando niños que no habían comido se integraban a nuestras actividades, se sentían parte de esa creación”.

Desde el año pasado, junto con su hermana Annella Armas y Carlos Cruz-Diez, busca apoyar a esas personas que no encuentran dónde publicar sus manuscritos. Lo hace a través del sello Dcir Ediciones, que con dos títulos anuales intenta dar cabida a un novel y a otro consagrado. En 2015 editaron Pasajero de Néstor Mendoza y Ritual de bosques de María Clara Salas.

“A medida que somos más violentados por la situación política del país, más demandamos cierto elíxir para el alma. Uno lo ve en conciertos en plazas, en ferias del libro como la de Chacao. Lo que me preocupa es el costo del libro como objeto. Entre comprar un kilo de carne y un libro, la gente optará por lo primero. Pero se va remando, se está leyendo de todo”.

Tiene dos libros por publicar, pero también prepara una antología de poesía hispanoamericana de la que no quiere dar muchos detalles. “Somos uno de los países que más ha aportado en voces y originalidad. Tenemos autores sólidos desde hace mucho tiempo, pero el problema es que nuestros libros son difíciles de exportar por el cerramiento del país. No podemos enviarlos por correos, los costos son elevadísimos”.  Relata que cada vez que está en ferias extranjeras le preguntan por autores como Ida Gramcko, Luz Machado. “Hay referentes como Rafael Cadenas, Igor Barreto, Eugenio Montejo o Yolanda Pantin, pero hay autores con los que se tiene una deuda en el exterior”.