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Ecuador mira a sus mitades en Prometeo deportado

Fernando Mieles, realizador: “Las preguntas de El pez que fuma siguen vigentes” | Foto: Francesca Commissari

Fernando Mieles, realizador: “Las preguntas de El pez que fuma siguen vigentes” | Foto: Francesca Commissari

El director Fernando Mieles quiso plasmar un retrato de su país en la sala de espera de un aeropuerto

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¿Qué es Ecuador para el mundo? ¿El monumento en la mitad del planeta? ¿Delfín Quishpe, el cantante fenómeno de Youtube, o las tortugas de las Galápagos? ¿Un sinónimo de inmigración indeseable, que no aporta nada para “mejorar la raza”? Prometeo deportado, insólito caso de estreno ecuatoriano en la cartelera nacional (llega con 3 años de atraso), no puede competir técnicamente con ninguna película de Hollywood y quizás se le pueda criticar que es más teatro filmado que cine: un encuentro a medio camino entre La terminal de Steven Spielberg (aunque costó 800.000 dólares: 75 veces menos) y el clásico sociológico El señor de las moscas. Sin embargo, propone preguntas pertinentes que se hace un pueblo latinoamericano sobre sí mismo, y que sería bueno que se hicieran los venezolanos.

El pez que fuma, película venezolana que me sirvió de inspiración, hablaba de Latinoamérica desde un prostíbulo en 1977. Sería bueno saber por qué muchas de las preguntas que allí se hacían siguen sin respuesta”, cuestionó Fernando Mieles, el director y guionista de Prometeo deportado, de visita en Venezuela, un país que participó en el filme ecuatoriano a través de la productora Tango Bravo.

La tragicomedia que parafrasea la tragedia griega Prometeo encadenado muestra cómo grupos de ecuatorianos van siendo “amasados” en una sala de control de inmigración del aeropuerto de una nación europea no identificada, cuyas autoridades no los dejan entrar por razones tampoco aclaradas. Se trata de una cinta coral, aunque entre los arquetipos reconocibles aparece un prestidigitador que se esposó por error a sí mismo, un escritor que sirve de conciencia, una chica que usa lentes de contacto claros y dice ser más estadounidense que ecuatoriana, tres santurronas, un criador de galápagos, un pequeño capitalista que monta un mercado negro entre los viajeros retenidos, un matrimonio burgués (“nosotros somos turistas; los demás, inmigrantes”) y un campeón de natación.

 

La verdadera magia. En una comparación con Venezuela, el país de las misses, Simón Bolívar y reservas petroleras casi 40 veces más grandes que las de Ecuador, el guayaquileño Mieles admitió con humildad envidiable: “Hay pueblos con más autoestima que otros. Creo en la autoconciencia. En Prometeo deportado, un mago que se dice el mejor de Ecuador se termina reconociendo como un simple hombre esposado. Ese instante en que los seres humanos nos vemos como realmente somos, y aceptamos al otro también como lo que es: he ahí la verdadera magia”.

Es tentador hacer una lectura política de Prometeo deportado: los inmigrantes que pierden la noción de tiempo, en sus intentos de autogobierno, oscilan entre un comunismo primitivo y la depredación hobbesiana. “Cuando la película se estrenó en Ecuador, en 2010, coincidió con la crisis en la que el presidente Rafael Correa fue tomado como rehén por la policía y muchos creyeron que el guión imitaba a la realidad. Pero me interesan más las motivaciones humanas básicas, como las que retrata El señor de las moscas”.


Prometeo deportado

Ecuador, 2009

Director y guionista: Fernando Mieles

Desde el viernes 25 en los circuitos Gran Cine, Cinex y Cines Unidos

Información: www.grancine.net