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Diego Matheuz: “Su máxima virtud fue la humildad”

Matheuz: “De Abbado aprendí la importancia de la disciplina y, sobre todo, el respeto por la música y por los músicos” / Foto Raúl Romero

Matheuz: “De Abbado aprendí la importancia de la disciplina y, sobre todo, el respeto por la música y por los músicos” / Foto Raúl Romero

El director del teatro La Fenice de Venecia, se trasladó de París a Bolonia para asistir al funeral de su maestro Claudio Abbado, que falleció esta mañana

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Claudio Abbado, quien tuvo una relación estrecha y fraternal con el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, especialmente a partir de 2005, encontró en el país a uno de sus grandes pupilos, el músico barquisimetano Diego Matheuz, a quien le abrió las puertas de Italia y le enseñó todo lo que pudo acerca del arte de la batuta.

Matheuz, quien el 9 de agosto cumplirá 30 años de edad, es uno de los prodigios formados en la institución que José Antonio Abreu fundó hace casi cuatro décadas. Cuando el joven conoció al italiano, luminaria que estuvo al frente del teatro alla Scala y la Filarmónica de Berlín, era sólo un violinista sin inquietudes por subir al podio. Actualmente es el director principal del Teatro La Fenice de Venecia.

Matheuz estaba en París, donde actualmente Abreu, Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar cumplen con una gira que luego continuará en Omán y Abu Dabi, lugares que visitarán por primera vez. Apenas se enteró de la noticia, tomó un vuelo para trasladarse al funeral de su mentor, que se celebrará en Bolonia, ciudad en la que Abbado vivió desde 2009 hasta que murió. Desde Italia, atendió su teléfono celular y manifestó su pesar.  

—¿Qué recuerda de su primer encuentro con Abbado?

—La primerita vez que lo conocí fue en 1997, cuando yo ni pensaba estudiar dirección de orquestas. Luego no nos vimos sino hasta cuando él vino a Venezuela. Lo que tengo claro es que, desde ese primer contacto, me quedé impactado por su manera de hacer música, de enseñar, de hablar sobre esos temas.

—Mirándolo en retrospectiva, ¿qué representa Abbado en su formación?

—Representa muchas cosas. De él aprendí la importancia de la disciplina y, sobre todo, el respeto por la música y por los músicos. Tenía ese deseo constante de hacer las cosas lo mejor posible.

—Se sabía que el maestro estaba muy enfermo, pero esas noticias siempre impactan...

—Sí. Tuve la fortuna de ser muy cercano a él. Hablamos en estos días por última vez y, apenas lo supe, me puse en contacto con su familia, con sus amigos. Mucha tristeza.

—¿Cuál será la mejor manera de rendirle tributo?

—Simplemente continuar haciendo música y hacerla de la mejor forma. Fue un hombre que le dedicó su vida entera a hacer eso y a enseñar su filosofía a los demás. Creo que eso sería lo ideal.

—¿Cuál considera su máximo atributo como maestro?

—Su máxima virtud fue siempre la humildad. A pesar de ser el más grande director del mundo, era un hombre con una generosidad sin límites. Era muy sencillo. Y creo que esa es la verdadera misión de un músico. Conjugar las dos cosas.