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Diálogo con James Mathison

James Mathison

James Mathison

Durante varios meses James Mathison y Félix Suazo sostuvieron un vigoroso intercambio de ideas a propósito de los preparativos de su exposición Homo Mensura, presentada en el Centro Cultural Bod-Corp Banca entre agosto y septiembre de 2012. El diálogo que aquí reproducimos intenta colocar en contexto aquellas conversaciones, así como las preguntas y argumentos que les permitieron reconstruir una visión de su actividad escultórica a lo largo de los veinte años transcurridos desde 1992, fecha en que realizara sus primeras obras. La escultura, el hombre y la contemporaneidad resumen algunos de los aspectos tratados en las pláticas y ante los cuales Mathison sienta su posición con generosidad y franqueza

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--La idea de que la escultura es un asunto del pasado está cada vez más extendida. 

Quienes así piensan, sostienen que es una modalidad ya superada por nociones como las de ambientación e instalación donde el espacio tridimensional se vuelve penetrable. Frente a esta creencia, tu trabajo artístico ha persistido en la exploración de las posibilidades técnicas, estéticas yconceptuales de la escultura, aprovechando procedimientos de larga data como la fundición en bronce y motivos altamente recurrentes la historia del arte como el de la figura, siempre enfocado en la idea del hombre como tema. 

En ese marco, y según tu experiencia: ¿crees que lo contemporáneo es incompatible con los medios tradicionales? ¿Qué posibilidades de renovación crítica percibes en la escultura actual? --Creo que lo contemporáneo está íntimamente ligado al artista como partícipe de su realidad, mucho más que a la técnica o la solución formal de la obra. La contemporaneidad la leo como un conjunto de planteamientos plurales y multivalentes de las maneras de afrontar la realidad a través de los ojos de quien se confronta con un mundo amplio de interrogantes, donde siempre es el conflicto interno del artista el eje central de esa posibilidad. Pienso que la obra es un ejercicio de comprensión del momento que nos toca vivir y es solo luego de realizada que pude ser ubicada en ese marco de referencia, pero no a la inversa. 

--¿Qué papel juegan los conceptos de novedad y de originalidad en tu interpretación de lo contemporáneo? ¿De qué manera una escultura de bronce, por ejemplo, puede ser enfocada de una forma renovadora en el presente? --En la forma que he planteado mi trabajo y tomando como objeto y sujeto al hombre como eje, la originalidad o novedad me parecen un ejercicio inútil, más aun cuando la representación del hombre y su realidad ha sido el eje central del arte durante los últimos 30.000 años. Las referencias a los iconos y las técnicas del arte clásico en mi trabajo son parte fundamental del desarrollo de la obra, para mi ellos evocan y son el punto de partida a la reflexión sobre el hombre. Pero ese acercamiento plástico y emotivo se presenta desde una perspectiva completamente distinta pues no son los vestigios de una cultura antigua lo que narran, sino mi aproximación personal al hombre y su conflicto existencial en este momento. 

--Mucha gente se pregunta quien o quienes son los personajes que aparecen en tu trabajo. La curiosidad se incrementa cuando se constata que en ellos hay una suerte de síntesis étnica que losmantiene emparentados sin que por ello pierdan su distinción. ¿Podrías comentarnos de dónde vienen esos rostros y esos cuerpos? ¿Qué les sucede que se muestran tan abatidos y ensimismados? --El objeto de mi trabajo ha estado fundamentado en tratar de comprenderme y comprender el mundo que me rodea a través de la escultura como medio y el hombre como tema. Ese personaje es de alguna forma una representación íntima del hombre. Ese sujeto, que soy principalmente yo y a la vez es cualquier otro, es un ser idealizado, siempre igual y a la vez siempre distinto. Es un hombre que se enfrenta a su soledad, a su intemperie en busca de entenderse, de encontrarse. Aceptarse es un acto de abatimiento y conquista. De alguna forma la soledad es una vía al reencuentro con uno mismo. 

--En gran parte de tus obras de la última década, las figuras presentan afectaciones drásticas la superficie de --hoyos, incisiones, retículas, tramas, etc.-- que sugieren una demarcación no mimética de lo corporal. Pareciera como si, de algún modo, te hubieras planteado un diálogo entreel lenguaje figurativo y los códigos abstractos. Desde tu óptica, ¿cómo se plantea ese encuentro entre elementos representacionales y geométricos, aparentemente incongruentes o disímiles? --Creo que en una gran medida el oficio, el taller y la técnica han marcado esas respuestas plásticas, en algunos casos han sido accidentes propios de los materiales; en otros casos, consecuencia de los diferentes procesos involucrados en la realización de las piezas. 

Ha sido en el ejercicio del oficio donde han surgido esas posibilidades que luego he incorporado en las obras como recursos expresivos. Pero sin duda alguna plantearse la creación hoy en día sin tomar en cuenta todas las manifestaciones creativas y culturales a las que uno ha estado expuesto es imposible, si bien no me lo he planteado como punto de partida, es innegable el peso especifico que ha tenido y tiene la geometría, la abstracción y el cinetismo en nuestra cultura plástica como representación directa de lo humano. 

--Giorgio Agamben se refiere a un tipo de desnudez que se presenta como un "traje de gracia". Se refiere, por supuesto, a la desnudez primigenia correspondiente al estadio edénico, cuando la humanidad no conocía la culpa. En la casi totalidad de tu obra escultórica, la figura ­fundamentalmente masculina  se presenta "descubierta", con la piel como único vestido. ¿Podríasargumentar si esta es una decisión estética o, por el contrario, se trata de la forma de corporizar un concepto acerca de lo humano? --Veo la desnudez como una relación con el desamparo, con la fragilidad y la sensualidad. La piel en la obra se transforma en la evidencia de lo vivido. Si la culpa nos descubrió que estábamos desnudos, quizá la única forma de librarnos de ella es desnudándonos nuevamente. 

A la vez, es un territorio a explorar, plásticamente es en la superficie de las esculturas donde se descubre el mundo sentimental de ese sujeto, su conciencia como hombre, su posibilidad espiritual. Incluso la negación del propio cuerpo como único soporte de nuestra existencia.