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Desorden Público recorrió su catálogo desde otra perspectiva

Gaélica y Mariaca Semprún participaron en un show que fue presentado y amenizado por César Miguel Rondón

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Desorden Público, a 28 años de su fundación, tuvo la osadía de sacar el ska de contexto. Un género habituado a fervientes multitudes saltando al aire libre sobre el pavimento en actitud desafiante o acaso anárquica, pasó anoche por un particular barnizado, no sólo en cuanto a los arreglos musicales, sino también en la concepción del espectáculo.

Orgánico, álbum de rarezas acústicas, fue presentado en el salón Plaza Real del hotel Eurobuilding. La audiencia se ajustó a la convocatoria y, elegantemente vestida ­en su mayoría­, se sentó a ver cómo la banda miraba desde otro ángulo algunos de sus hits y joyas de esas que quedan escondidas en los discos por consecuencia de las dinámicas promocionales y las exigencias del público masivo.

César Miguel Rondón fue el maestro de ceremonia. El locutor y periodista salió al escenario pasadas las 9:00 pm.

Rescató el afán de la agrupación de ser siempre consecuente con sus seguidores y elevó el tono de su voz cuando dijo: "¡28 años después, incansablemente, aquí sigue el mismo combate!" En escena aparecieron Horacio Blanco y William "Magú" Guzmán con sus respectivas guitarras acústicas. Tras una versión minimalista de "Combate", se completó un sexteto que ha sido el tren ejecutivo.

Faltaban dos piezas fundamentales: Caplís Chacín (bajista) y Danel Sarmiento (batería). Y también el percusionista "Oscarello" Alcaíno y el tecladista ­que también tocó el acordeón­ Francisco "Coco" Díaz.

Los intros, como el de "Simón Guacamayo", mantenían expectantes a los asistentes, hasta que las canciones llegaban a sus formas más reconocibles y todos gritaban. La labor más riesgosa en los arreglos fue sustituir a los metales, que son tan determinantes en el sonido de la agrupación cuando se presenta con más de una decena de instrumentistas.

"Visitaremos las décadas de los ochenta, noventa y los dos mil", anunció Horacio Blanco.

Y así lo hicieron. De pronto, interpretaban "Los contrarios", el tema que le dio título a su álbum más reciente, y luego pasaban a "Espiritual" ­con chelos incluidos­, que proviene de Estrellas del caos (2006). O cantaban "Vaivén", del aclamado Plomo revienta (1997), cuyas letras están más vigentes que nunca en Venezuela, para después pasar a "Truena truena", de Diablo (2000).

El primer boleto a los inicios, que están reflejados en el disco homónimo de 1988, fue la pícara balada-ska "Skápate conmigo". Tocaron "La indecisión" y "Sex", una divertida canción en la que los artistas anuncian, advierten y amenazan con hablar de sexo y nunca lo hacen. Allí estuvieron acompañados por el saxofonista Sebastián León, de la Gypsy Ska Orchestra.

Una vez que cantaron "Luna verde", llegaron al escenario los integrantes de Gaélica, con quienes tocaron "El tren de la vida". Y después de "¿Dónde está el futuro?", metida en una suerte de bachata, Oscarello ­el percusionista­ le pidió a los presentes que se levantaran de sus asientos. Con el vibrafonista Jesús Bosque interpretaron "Cristo navaja" y una simpática cumbia. Era la inolvidable "Danza de los esqueletos", de Canto popular de la vida y muerte (1994). En "El poder emborracha" actuó Mariaca Semprún, cuando se acercaba el final. Con "Allá cayó", "Tiembla" y "Valle de balas", que son detonantes para la agitación, finalizó el viaje.