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Desorden Público, la banda que debutó en medio de la neblina

Hoy se cumplen 30 años del primer concierto de la agrupación de ska. Los músicos tenían previsto realizar una presentación para conmemorar la fecha, pero no consiguieron financiamiento

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El primer concierto de Desorden Público fue en medio de la neblina, lejos de Caracas, en el kilómetro 35 de la carretera a la Colonia Tovar. Se presentaron en un lugar llamado Junkolandia, club campestre abandonado en el que poco más de 100 personas no solo fueron a escuchar música, sino también a aprovechar la libertad que ofrecía una zona lejos de la rutina y la norma.

“Fue una osadía hacer que chamos se fueran a una rumba tan lejos. Era algo muy punk y mamarracho, pero alucinante. Veías a muchachos con su sobretodo como si estuvieran en Inglaterra, jugando frisbee y otras miles de cosas”, recuerda entre risas José Luis “Caplís” Chacín, bajista de la banda que hoy cumple 30 años de haber tocado por primera vez frente a un público.

Ese día también estaba Horacio Blanco, pero no como cantante. Solo tocaba la guitarra. El vocalista era Andrey Vivas. El resto de la agrupación la integraban el guitarrista Antonio Rojas y el baterista Elías Racho. Este último fue sustituido un año después por Danel Sarmiento, quien al poco tiempo recomendó al percusionista Oscar Alcaíno. Todos ellos, a excepción de Vivas y Rojas, continúan en la banda junto con William Guzmán, Héctor Hernández, Noel Mijares, Terry Bonilla y Francisco Díaz.

El show fue el segundo evento de Aseo Urbano, como se llamaba la miniteca que Chacín, Blanco y otros amigos tenían para organizar fiestas inspiradas en el punk y el new wave.

“La primera rumba que hicimos fue en diciembre de 1984. Tuvimos como invitado a Sentimiento Muerto. Luego acordamos que el paso lógico era tener nuestra propia banda, que formamos en febrero de 1985”, cuenta Blanco, quien se convirtió en el vocalista meses después de aquella primera actuación.

El día que debutó Desorden Público el grupo principal era Cuarto Reich. “Recuerdo con mucho detalle aquella presentación, incluso mejor que varios de los shows que ocurrieron después. Como fuimos los organizadores, subimos a tarima primero pero no había mucho público. Las personas fueron llegando poco a poco. Al final, como buena parte no nos escuchó, pidieron que repitiéramos. Uno de los que quería vernos otra vez era Cayayo”, dice Blanco en referencia a Carlos Eduardo Troconis, guitarrista de Sentimiento Muerto.

Interpretaron siete canciones, de las que sobreviven tres: “Políticos paralíticos”, “¿Dónde está el futuro?” y “Lili es…”.

Desde Vista Alegre

De los miembros actuales, Horacio Blanco y Caplís Chacín fueron los primeros en conocerse. “En la universidad estudié con un vecino que se empató con la hermana de Horacio. Entonces él empezó a frecuentar las actividades de Aseo Urbano, para luego incorporarse como organizador”, rememora el bajista.

Los músicos identifican sin vacilar el lugar de nacimiento de la banda: la calle 3 de Vista Alegre. Durante esos primeros años era considerada una agrupación del underground caraqueño, hasta que en 1988 publicaron su primer disco de estudio con CBS Columbia de Venezuela, titulado Desorden Público. “Ese álbum aglutinó al público del punk, el reggae, el ska, el rockabilly”, menciona Alcaíno.

Dos años después editaron En descomposición, bajo la producción de Gerry Weil. Luego Canto popular de la vida y muerte (1994), con el que terminaron de consolidarse como una banda capaz de llegar a todo tipo de personas, no solo a aquellos seguidores del ska. Desde entonces han sido siete los discos de estudio con canciones inéditas.

En los años noventa comenzaron a viajar: Nueva York, Ciudad de México, Washington, Bogotá, Madrid, Barcelona, París y Tokio son algunos de los lugares que visitaron.

Los cuatro miembros más antiguos se sienten satisfechos. “Le hemos echado un cerro…”, dice un entusiasta Alcaíno, quien aspira a que muchos de los temas de Desorden Público se sigan escuchando por décadas. “Solo espero que algunos pierdan vigencia con el tiempo. Me refiero a ‘Políticos paralíticos’, ‘Lo agarraron’ y ‘Política criminal”, especifica el percusionista.

Actualmente finiquitan los detalles de un disco que grabaron con C4 Trío y preparan un álbum de estudio que contendrá el tema “Todo está muy normal”. Tenían previsto realizar un concierto hoy, pero no consiguieron financiamiento. “Es muy difícil asumir los costos por cuenta propia. Todo está muy caro. Queríamos hacer algo en Caricuao, pero sin patrocinios es imposible. Sin embargo, aún hay tiempo. Seguimos buscando. Estamos empeñados en que sea el Aula Magna de la UCV porque nunca hemos tocado ahí. También puede ser un Poliedro para reencontrarnos con ese viejo escenario”, afirma Chacín.

“Mientras tanto, aprovecharemos las redes sociales. Haremos algo por streaming. Nos reuniremos para eso”, indica el vocalista.



En aguas convulsas. Cuando se les pregunta por alguna situación adversa en extremo para la agrupación, Horacio Blanco responde: “La época del paro, cuando Desorden Público se partió. Buena parte de quienes estuvieron con nosotros en los noventa se fue. Quedamos nosotros cuatro y hubo que hacer una reinvención”.

Se refiere a la época en que dejaron la agrupación el guitarrista Antonio Rojas, el tecladista Emigdio Suárez y el saxofonista Francisco “Kiko” Núñez. “Otro momento duro fue cuando en 2007 murió en un accidente el trombonista César Mijares”, añade Alcaíno.

¿Hay arrepentimientos? “Claro, de haberle prestado dinero a Danel”, contesta el percusionista y el comentario genera risas entre los otros. Enseguida, Chacín dice reflexivo: “Sí los hay. Haber tenido algunos manager, ser inocentes en algunas oportunidades o grabar algunas canciones”. Entre esas piezas que prefiere haber descartado están “Maldad en tu corazón” del disco Diablo y “Zigzag” de Canto popular de la vida y muerte.

La banda ha logrado mantenerse por décadas, sin embargo, Horacio Blanco considera que no ha sido fácil el contexto en el que les ha tocado desenvolverse, en el que les exigen identificarse con el pensamiento político de algún sector del país. “Ha sido difícil atravesar ese río, pues muchas veces nos han arrinconado. Somos buenos como músicos, no dando argumentos de políticos. Cuando le cantamos a la corrupción o al abuso de poder, no tiene nada que ver con una posición ideológica. Es para quienes aspiran a un país mejor y tienen decencia”.



Políticos y diáspora. Los músicos son críticos con la situación actual. Si pudieran reunirse con el presidente Nicolás Maduro, algunos tienen claro lo que le dirían.

“¡Que deje de manipular!”, exclama el percusionista. “Que trate de enderezar esto. No lo está haciendo bien. La economía es vital y estamos muy mal”, expresa Chacín.

Pero también tienen palabras para los líderes de la oposición. “Que se pongan las pilas porque hay mucho que conquistar. La idea no es formar a un títere. Se requiere a alguien con un proyecto”, expresa el bajista.

“En nuestro país es común que se apueste más a la persona que al plan. Si es más simpático o menos es otro tema, eso hay que dejárselo a la farándula. Necesitamos que se tomen decisiones importantes. Nos merecemos una Venezuela más justa y pacífica”, agrega Blanco.

La crisis ha hecho que muchos músicos del país emigren, especialmente en los últimos dos años. El cantante dice que no los juzga. “Les doy una palmada en el hombro para que les vaya bien. Sin embargo, duele. Hay artistas que uno considera un baluarte y toman esa decisión. ¿Cómo les dices que no se vayan? No hay que señalarlos ni juzgarlos. Es una coyuntura histórica”.

Sarmiento añade: “Hay que estar claro, las condiciones para el músico no son fáciles en el país. No hay disqueras ni formas de promocionarse. Es lógico que busquen donde ese tipo de elementos funcionen normalmente”.

Desde el exterior. Al salirse del grupo, el guitarrista Antonio Rojas se fue a vivir a Estados Unidos con una excelente oferta de trabajo. “Mi carrera siempre se debatió entre la música y la televisión. Soy un ejecutivo de la parte creativa de este medio. Esa también ha sido mi pasión. Estuve muchos años con Warner Channel y ahora soy la cabeza crítica de la cadena Discovery para toda América Latina. Esa fue la única razón”, relata por teléfono, desde Miami, quien fue miembro fundador de Desorden Público.

No es tan preciso como Blanco al hablar de lo que ocurrió hace 30 años en Junkolandia. “Recuerdo apenas retazos de ese día, aunque siempre lo tengo presente como nuestro primer concierto. Además, Horacio siempre me envía un correo en el que me pone ‘feliz cumpleaños’. A pesar de la distancia, se mantiene la amistad, la hermandad. Estuve en la banda 18 años. La mayor virtud que tienen es haber sobrevivido en un país que no es el más amigable como industria musical, especialmente en el género”.

El guitarrista pudo revivir esa época con Desorden Público el año pasado, cuando tocó con la banda en Miami.

Otro músico que ya no forma parte de la agrupación y que también estuvo presente en ese concierto fue el tecladista Emigdio Suárez. Estuvo ligado a Desorden Público desde 1990 hasta el año 2000. “Hubo momentos increíbles. Es muy difícil mencionar uno en específico. Disfruté mucho cuando hicimos Plomo revienta (1997). Ensayamos en una finca cerca de La Victoria y grabamos en Los Ángeles. Alcanzamos unos niveles de acoplamiento que nunca tuvimos”.

Sin embargo, empezó a sentir desgaste. “Hice la gira de promoción de Diablo y listo. Estaba muy cansado de tocar y tenía otros planes de vida. Además, influyó también la coyuntura política del momento. No me sentía cómodo con posiciones de Desorden, aunque nunca peleé con ellos, los considero mis hermanos. Buscaban a la banda para tocar en conciertos gratuitos del Estado, pero yo consideraba que querían hacer propaganda con nuestra música. También hubo una fricción grande cuando la disquera de Manuel Guerra, con la que se editó ese disco, no nos pagó”.

El artista plástico Muu Blanco es otro que acompañó a Desorden Público esos primeros años, pero no como músico: “Estuve con ellos en ese famoso concierto de Mata de Coco que se hizo para despedir a Sentimiento Muerto, que se iba a España para participar en el Encuentro de Rock Iberoamericano. Yo era el que bailaba todos los temas en tarima y me lanzaba al público. En la canción ‘Calvo’ personificaba a ese personaje y Horacio me rapaba la cabeza con una máquina”.

Cuenta, asimismo, que les prestó el taller de su abuelo para que ensayaran. Hoy el artista, que también vive en Miami, piensa que Desorden Público ha sido la única banda que ha ayudado a entender el proceso de fusión musical en el país. “Cuando todos estaban influenciados por el exterior, ellos torcieron su música hacia lo venezolano y caribeño”.

Muu Blanco recuerda un concierto en Puerto Ordaz, en la sede de Interalumina. “Fue la primera vez que salieron de Caracas. Me acuerdo de que llegó la Disip y nos metió presos por pocas horas. Pensaron que haríamos algo político, punk, anarquista… Pero fue muy divertido”.