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“Desaparecer es mi forma de expresar la ansiedad que siento por la humanidad"

En la exposición se podrá apreciar la obra Harina PAN | Foto: Cortesía

En la exposición se podrá apreciar la obra Harina PAN | Foto: Cortesía

Como en una especie de epifanía, el artista chino Liu Bolin escogió para el proyecto que realizó en Venezuela en 2013 productos que después desaparecieron de los supermercados

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El arte contemporáneo es, de cierta manera, profético. La sensibilidad de los artistas les permite a veces ver cosas que para los demás pueden pasar inadvertidas. Eso puede constatarse en la exposición Liu Bolin. Happening en Caracas, que se inaugura hoy en la Galería Freites de Las Mercedes. 
Sin quererlo, el espectador viajará en el tiempo. Pero no 100 años atrás ni 50, solo 2 años, cuando todavía los supermercados de Caracas ofrecían una gran variedad de productos. Es como si Bolin, sin conocer a fondo la realidad del país, intuyó entonces la crisis que se avecinaba. 
En 2013 el creador chino visitó Venezuela. Con el apoyo de la galería donde expone y del maestro Jacobo Borges realizó un proyecto del que resultaron 7 piezas, 5 de las cuales se exhiben en esta muestra. En la actividad participaron más de 200 voluntarios, incluido Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar. 
Bolin, reconocido mundialmente por su capacidad de mimetizarse en los más diversos contextos, escogió los que consideró símbolos de la venezolaneidad: El Salto Ángel, la cerveza, la Harina PAN, las frutas tropicales y los bolívares. A estos agregó dos, una diana –Target, que reflexiona sobre la inseguridad– y un kiosco de coloridas revistas. Todas las piezas pertenecen a sus series Escondido en la ciudad y Mask.
En el recorrido se incluyen tres estaciones interactivas para que el espectador se familiarice con la técnica del artista. Uno en la sección de cómics; el otro, con el traje que Bolin usa para dibujar la cuadrícula de las piezas; y la última brinda la posibilidad de esconderse entre una reproducción de paquetes de la escasa Harina PAN.
Bolin nunca buscó hacer arte contestatario, señala por correo electrónico, pero fue una protesta la que lo llevó al camino que hoy transita. En 2005 se escondió por primera vez para manifestarse en contra del gobierno de China por la demolición de la ciudad Suo Jia Cun, en la que vivía junto con un colectivo de artistas. A partir de allí comenzó a explorar la pérdida de la individualidad y la manera en cómo el medio ambiente afecta al individuo. 
“Mis primeras obras se centraron en la protesta. Más adelante fui ampliando mi trabajo hacia el contexto social. Me interesa lograr un carácter personal. Desaparecer no es el aspecto principal de mi arte, es mi forma de expresar la ansiedad que siento por la humanidad”, indica.
La muestra se divide en dos partes. La primera documenta, con imágenes y videos, el proceso de realización de cada una de las fotos. “Es un trabajo complejo que requiere una gran precisión. En Caracas necesité 30 voluntarios y 10 pintores asistentes para cada producción, además del equipo de carpintería y ejecución de los sets para las fotos de los cómics y de las frutas. En esta ocasión el proceso fue muy participativo. Por la Galería Freites circularon cerca de doscientas personas durante los días de la producción. Son jornadas que exigen esfuerzos físicos elevados. Cada foto por lo general se realiza en un día”.
—¿Cómo ha sido su evolución en el arte visual, de qué manera ha cambiado su trabajo?
—Hace más de diez años comencé a aproximarme a la técnica y estaba centrado básicamente en expresar mis ideas. En ese entonces no imaginé la repercusión que tendría la obra que hice en Pekín por la demolición de los talleres de los artistas. A partir de allí fui perfeccionando el concepto de mimetizarme sobre el fondo de las composiciones, de manera que el espectador apenas pueda descubrir mi presencia. Es una manera de pasar inadvertido para que la obra sea la protagonista. Pero también es importante el tema de la invisibilidad, la disolución de la identidad. 
—¿Cuál ha sido la obra más difícil y la más controversial?
—Mi obra más difícil y más controversial fue precisamente Escondido en Pekín. Es la más memorable y también la que más me costó hacer. Nos demoramos un día completo, no tenía mucha experiencia y puse a prueba todos los recursos que me permitirían alcanzar la mimetización. La realización de esta obra me obligó a estar de pie todo el día y poner a prueba mi resistencia.  
—¿Cómo fue la colaboración que realizó con Carlos Cruz-Diez?
—En Panamá realicé tres fotografías. La tercera se hizo en conjunto con el maestro Carlos Cruz-Diez y el resultado fue muy bueno. Es la primera obra en colaboración con un artista. Desde el primer momento nos llevamos muy bien. Se adaptó perfectamente a las condiciones físicas del trabajo y eso demuestra la enorme  energía que posee. Fue una foto icónica que de inmediato circuló por las redes sociales y pertenece a la serie Escondido en el color. La obra de Cruz-Diez en la que estamos escondidos fue diseñada por el maestro especialmente para la ocasión. 
—¿Cómo es la situación de los artistas en China? ¿Cómo se relacionan los creadores con el público?
—Los últimos treinta años la situación en China ha sido estimulante para los artistas por los cambios que se han registrado. Debemos asimilar procesos que no conocíamos, situaciones a las que no estábamos acostumbrados.  No siempre mi trabajo es aceptado por las autoridades, pues manejo recursos para denunciar los autoritarismos y la represión. Aunque no me considero un artista político, mi obra sí contiene elementos de protesta. Mi foco es la sociedad china y ello toca en algunos casos al gobierno, pero eso no es lo único. La política es solo una parte de la vida. Como artista, explico mis ideas y opiniones de la sociedad mediante mis personajes y mis imágenes. En ocasiones he sufrido represiones por parte de la policía, pero la intención no es provocar sino resaltar algo que llama mi atención y puede que ello genere sentimientos de incomodidad.