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Leonardo DiCaprio | Foto Cortesía

Leonardo DiCaprio | Foto Cortesía

Jordan Belfort, el especulador salvaje que interpreta Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street, puede ser visto como un gerente, el chamán de una coreografía orgiástica o un predicador religioso

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El lobo de Wall Street ha sido clasificada como “comedia” a efectos de premios como los Globos de Oro. En realidad es un filme que durante 3 horas se ríe de nosotros, los que trabajamos a cambio de un sueldo. Los verdaderos ricos y poderosos carecen de tiempo para ver películas: dan material para ellas. Los auténticos delincuentes no se sientan ante la televisión a aprender malos valores. “No hay nobleza en la pobreza”, es uno de los lemas que no se cansa de restregar el personaje interpretado por Leonardo DiCaprio. Lo peor es que probablemente tiene razón.

El sexo, que solemos concebir como el más elevado de los placeres, pudiera ser solo una manera de relajarse para el orgasmo real: ganar dinero. Las drogas, que según nuestra concepción moral son un vicio para almas débiles en rincones sórdidos, quizás expanden con eficacia corporativa el único límite con el que choca la ambición humana: las 24 horas del día.

Fábula de auge y (relativa) caída de un prototípico capitalista salvaje de los años noventa, cuyo lago de billetes se alimentó exclusivamente de una burbuja de especulación, todo es exceso en la historia de Jordan Belfort (DiCaprio), director de la pujante firma inversora Stratton Oakmont. El lobo de Wall Street es probablemente la película con mayor número de malas palabras (la publicación digital estadounidense Vulture.com contó 687), desnudos y escenas de consumo de drogas de la historia, por lo menos entre las que han sido consideradas al premio Oscar.

Steven Spielberg (67 años de edad) hizo hace poco un decente Lincoln, aunque parece haber perdido el fuego de la audacia. George Lucas (69 años) se jubiló. Francis Ford Coppola (74 años) y Brian de Palma (73 años) están prácticamente desactivados. La nueva bofetada del director Martin Scorsese (71 años), el más gimnásticamente lúcido de una generación de oro del cine estadounidense, podría ser vista como un triunfo para los que creen en la ambigüedad de la naturaleza humana y desechan los relatos tranquilizadores en los que el mal siempre es castigado.

Los rituales corporativos de celebración depredadora que dirige Belfort entre las dentelladas de sus lobeznos aprendices en Stratton Oakmont tienen un elemento orgiástico, pero también coreográfico y tribal. El personaje de DiCaprio puede ser visto como un gerente, el chamán de una ceremonia de masturbación colectiva o un predicador religioso. La danza del dinero en la capital financiera del planeta se conecta en un círculo perfecto con los instintos más elementales del primate que creemos racional.

El actor fetiche de los universos de desmesura de Scorsese encabeza un reparto en el que también deslumbran secundarios de lujo como Matthew McConaughey (como Mark Hanna, un mentor decisivo en la liturgia del hedonismo desdramatizado), Jonah Hill (Donnie, el perro faldero que se orina sobre la ley) y Jean Dujardin (Jean-Jacques, el exquisito desagüe para dólares en Ginebra). Por si existe algún consuelo en pensar que El lobo de Wall Street es solo ficción, Jordan Belfort existe en la vida real, apenas pagó unos meses en prisión y sigue desmintiendo aquello de que ser rico es malo.   


El lobo de Wall Street
Comedia negra. Estados Unidos, 2013
Director: Martin Scorsese
Reparto: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Jean Dujardin, Margot Robbie
2 horas y 59 minutos
Desde mañana en cines
Información y reservación: www.cinesunidos.com y www.cinex.com.ve