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Denzel Washington | Archivo

Denzel Washington | Archivo

Con una inquietante actuación de Denzel Washington, El vuelo relativiza prejuicios sobre el consumo de sustancias ilegales 

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Hay personas que piensan que Diego Maradona consiguió uno de los mejores goles en la historia de los Mundiales de Fútbol, ante Inglaterra en México 1986, debido a que estaba bajo los efectos “mágicos” de la droga. O que el pintor Vincent van Gogh logró sus obras maestras gracias a algún desequilibrio mental. La verdad es que el primero era un gran futbolista y el segundo un gran artista, con independencia de sus problemas de otro tipo. Ninguna sustancia ilegal o trastorno psicológico convierte a alguien en genio: son padecimientos.

En El vuelo, Denzel Washington interpreta a un piloto que ejecuta una obra maestra con un avión para salvar un centenar de vidas. Antes había bebido alcohol y se había drogado con cocaína. Existen numerosas concepciones erradas en la opinión pública sobre el consumo de determinadas sustancias, y también verdades últimas que son imposibles de determinar: por ejemplo, ¿fue la combinación de uno y otro elemento beneficiosa, en vez de perjudicial? En cualquier caso, Whip Whitaker, el personaje de Washington, es un excelente aviador, más allá de un ser humano destructivo consigo mismo y sus congéneres.

Por eso El vuelo es un filme relativamente modesto en la filmografía de Robert Zemeckis, pero pertinente en cuanto a su franqueza acerca de la naturaleza de las adicciones. Desde un punto de vista moral resulta ambiguo e inquietante, y por eso, inusual.

Zemeckis suele ser más conocido por su pasión por la ciencia ficción (Contacto y la saga Volver al futuro) y sus prodigios con los efectos especiales, como las innovaciones que ejecutó en Quién enganó a Roger Rabbit y Forrest Gump, además de sus investigaciones pioneras con las técnicas de captura digital y 3D (El expreso polar, Beowulf, Un cuento de navidad). De hecho, desde el año 2000 no hacía una película con personajes de carne y hueso. Al igual que El náufrago, con Tom Hanks, que era una reflexión sobre la subjetividad ante el tiempo, El vuelo es una de sus cintas más íntimas. Zemeckis tuvo también problemas de adicciones y se mantiene sobrio desde los años ochenta.

La única gran secuencia en la que intervienen efectos especiales en El vuelo ocurre, precisamente, en el aire, y es una de esas creaciones magistrales del espectáculo con el sello de Zemeckis, no por nada un miembro de la generación de Steven Spielberg y George Lucas, expertos en hacer que el espectador desgarre de nervios con las uñas el forro de las butacas del cine. La otra joya es la interpretación de Washington, uno de los bebedores más desenfrenados e incorregibles que se haya visto en la gran pantalla. Al igual que El náufrago, es este casi un filme de un solo hombre.

El vuelo es una historia ficticia, concebida por el guionista John Gatins (el de Gigantes de acero), y algunas asociaciones de pilotos en Estados Unidos la han cuestionado porque aseguran que en la industria de la aviación existen controles y filtros que evitarían que alguien como el capitán Whitaker fuera puesto en la cabina de una aeronave. En todo caso, confirma a Zemeckis como un cineasta tan tecnológico como melancólico.   


El vuelo

(Flight)

Drama. Estados Unidos, 2011

Director: Robert Zemeckis

Reparto: Denzel Washington, Kelly Reilly, John Goodman, Don Cheadle

1 hora y 19 minutos

Desde hoy en cines





acorreia@el-nacional.com