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“Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura”

Luis Barrera Linares | Manuel Sardá

Luis Barrera Linares | Manuel Sardá

El profesor universitario considera que debería desecharse el prejuicio de que todo buen lector sólo se forma leyendo clásicos de la literatura, así como el que pesa sobre el formato digital

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El Ministerio de la Cultura declaró 2013 el Año de la Lectura con el propósito de apuntalar una serie de medidas enfocadas a la promoción de este hábito en la población más joven del país. De acuerdo con la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela –publicada el año pasado por el Centro Nacional del Libro– en el país se leen anualmente entre 2 y 4 obras per cápita, más que en Colombia y México, donde se leen 2,2 y 2,9 publicaciones promedio al año.

Sin embargo, a pesar de lo que parece ser un panorama optimista, el Cenal elabora otro Plan de Lectura con el objeto de inculcar el hábito en ciudadanos en edad escolar, pues el más reciente, que data de 2009, se enfocaba en la población adulta y se sustentaba en el trabajo de los consejos comunales. Para avanzar en la planificación, la novena edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela que se celebró recientemente en Caracas convocó a especialistas en la materia provenientes de varias partes de la región.

Luis Barrera Linares, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y profesor de Literatura de la Universidad Simón Bolívar, propone concentrarse en la discusión sobre el público del Plan de Lectura, más que en las características específicas de esta herramienta de promoción. “Todo nuevo programa de promoción es positivo porque, por lo general, tiene la intención de mejorar la situación preexistente”, concede. “Si cuando se habla de jóvenes se alude a estudiantes de básica, me parece que precisamente es por allí por donde hay que comenzar. No es que no se pueda estimular la lectura en adultos, pero si se comienza por las etapas iniciales del sistema educativo las posibilidades de éxito son mayores”.

¿Qué recomendaría a los especialistas del Cenal para mejorar la promoción de la lectura entre los más jóvenes?

—Está demostrado que los jóvenes son más atraídos por aquellas lecturas que de alguna manera toquen sus campos de interés y su contemporaneidad. Habría que comenzar con autores que no sean necesariamente los clásicos. Obligar a un niño o un adolescente a la lectura de un clásico puede traer consecuencias muy distintas a las que se esperarían. Estamos acostumbrados a escuchar de los lectores jóvenes que no hay nada más “pavoso” que leer un clásico. Y cuando uno tiene 10 o 12 años de edad, eso puede resultar una verdad lapidaria. En el proceso de inmersión en la lectura, los clásicos tienen también su momento y hay que darle tiempo al tiempo (y al lector, para que no termine rechazándolos).

—¿Cómo las universidades venezolanas, la Academia de la Lengua y otras instituciones en las que se discute la literatura nacional sirven para la promoción de la lectura?

—Es importante dejar de lado el prejuicio de que un buen lector sólo se forma leyendo literatura. Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura. La literatura de creación es apenas un registro más de los muchos con que debe lidiar un lector. Y no solamente en esta época, siempre ha sido así. La literatura no debe ser excluida de ningún plan de lectura, pero tampoco se debe convertir en su eje transversal. Aquello de que “leer es un placer” pierde sentido si se mantiene la creencia de que el único complemento directo del verbo “leer” son los textos literarios. También puede ser placentero leer historietas, artículos sobre historia contemporánea, biografías, crónicas en sus distintas variantes, manuales para videojuegos, en fin, textos de diversa naturaleza. De modo que la respuesta a su pregunta es sí: las academias, las instituciones educativas todas (y no solamente las universidades) deberían contribuir de alguna manera con la promoción de la lectura, cada una de acuerdo con sus posibilidades y objetivos.

—¿Y la crítica? ¿Cree que es escaso el trabajo crítico alrededor de la producción editorial contemporánea? ¿Cómo se relaciona esto con la falta de lectores?

—Es verdad que la crítica podría estimular la lectura de alguna manera, principalmente si hablamos de la divulgativa, pero quien no tiene el hábito de la lectura tampoco leerá lo que escriban los críticos.

—Algunos profesores señalan que hoy en día, producto de las dificultades para importar y el impulso que desde hace un lustro recibe la literatura nacional, muchos estudiantes prefieren hacer sus tesis sobre esta última. ¿Ha notado este fenómeno?

—Sí, desde hace algunos años parece haber mayor interés por la literatura nacional, no solamente por parte de los tesistas (que forman parte de los llamados “lectores profesionales”), sino también de los lectores en general. Pero no estoy seguro de que eso tenga que ver con la posibilidad mayor o menor para importar libros. Pensar eso me parece que más bien le resta méritos a la producción local. Casi como decir que como no tenemos acceso a otras formas de escribir, terminamos conformándonos con las nuestras. Y eso es una creencia errada porque hay buen material nacional en el mercado. El proyecto oficial de vender libros a precios muy módicos es además un buen aliciente, eso nadie puede negarlo. Adicionalmente, prefiero creer también que el interés creciente por la literatura venezolana, o por la escritura venezolana en general, tiene que ver más bien con una situación psicosocial que nos está obligando a interrogarnos sobre nosotros mismos, a buscar raíces, a requerir subconscientemente explicaciones para saber de dónde venimos, cómo somos y por qué. Y también con que nuestros escritores andan en lo mismo y eso ha generado una relación de afinidad con algunos grupos de lectores. Aparte de que buena parte de quienes hoy hacen literatura en Venezuela se han dejado de prejuicios “literatosos” y están escribiendo para que los lean y no para hacer ejercicios de narcisismo o malabarismos escriturarios incomprensibles.

 

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Internet como herramienta de lectura

Luis Barrera Linares, un entusiasta defensor de las capacidades pedagógicas de Internet, considera que las pantallas y la tecnología obligan a un contacto diario con la palabra escrita: “Eso también es leer, aunque a algunos les cause piquiña que las personas pasen buena parte del tiempo o leyendo o tecleando”.

Como una fantasía de Jorge Luis Borges, el académico concibe la superautopista de la información como una inmensa biblioteca en la que hay de todo, desde sofisticadas páginas literarias y diversos blogs hasta libérrimos textos y divertimentos de distinta naturaleza. Agrega que, cualquiera que sea la valoración de su calidad, son métodos para que la gente se familiarice con la palabra escrita. Por eso concluye con un mensaje esperanzador: “Si los usuales quejosos de antes decían que los jóvenes no leían (aludiendo casi siempre a que no leen literatura y, básicamente, clásicos), ahora suelen decir que muchos de ellos son viciosos de la “pantallería” (computadoras, teléfonos, tabletas…). ¿No deberíamos aprovechar esto para buscarle el lado bueno y ver cómo nos ayuda en los planes de lectura?”.