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Diccionario de la RAE abierto a las sugerencias

Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua | Foto Manuel Sardá / Archivo

Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua | Foto Manuel Sardá / Archivo

El nuevo diccionario señala un antes y un después en su concepción porque pone punto final a la herencia descriptiva de tres siglos

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Ante la reciente incorporación en la edición 23 del diccionario de la Real Academia Española de 5.000 palabras y 195.439 acepciones o actualizaciones, los directores de academias de la lengua de distintos países de Latinoamérica ofrecieron su opinión.

Francisco Javier Pérez, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, considera que es una obra de gran significación. “No solo por entenderse como edición conmemorativa de la histórica fecha, el tricentenario de la RAE, sino porque señala un antes y un después en la concepción del más importante diccionario de la lengua: poner punto final a la herencia descriptiva de tres siglos y anunciar la ruta moderna que ha de seguir en adelante”.

Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, dijo que los diccionarios cuando aparecen suscitan controversia. “Eso no debe apenarnos en materia de lengua puesto que esta pertenece a todos, cualquiera puede opinar y su punto de vista es siempre valioso. El diccionario de la lengua española siempre fue hecho por españoles y cuando algún hispanoamericano quiso influir en el pasado, salió descalabrado. La Real Academia Española está cambiando lentamente de actitud y empieza a considerar el punto de vista americano en el diccionario que se considera de todos”.

El director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Francisco Arellano Oviedo, aseguró que la edición 23 de este diccionario es excelente en todos sus aspectos. “Para el próximo habría que pensar en un diccionario más acorde con la realidad, menos españolismos y más americanismos. De esta manera se podrían suprimir palabras de uso en una provincia o sector limitado de España e incluir americanismos de uso en seis países, a fin de que sea un diccionario de la lengua española y no un diccionario del español de España”.

Susana Cordero, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, dijo que el diccionario es un lazo de unión y una posibilidad de revelación entre los hablantes del español en el mundo. “Define en sus páginas el fluir de la lengua y nos permite averiguar, a solas y en silencio, el múltiple sentido, más o menos secreto, de los términos que incluye. Se abre a interminables sugerencias y consigue que todos nos sintamos representados en él: desde España, de tricentenaria academia, hasta Estados Unidos, cuyos 50 millones de hablantes agradecerán la presencia del espanglish y backstage –escritas en cursiva, pues conservan la ortografía originaria– o la adaptación ortográfica baipás. Quizás lo mejor es que no pretende ser políticamente correcto, y aunque depura significados prejuiciados como ‘débil y endeble’ en la antigua sexta acepción de femenino, acepta las palabras con los sentidos de siempre, sin procurar limpiar el término con eufemismos y reticencias que solo conducen a ignorar las contradicciones y equívocos de nuestra condición”.

Mario Antonio Sandoval, director de la Academia Guatemalteca de la Lengua, consideró que el diccionario recoge de manera clara el trabajo de colaboración de todas las academias hispanoamericanas. “Por eso se le puede llamar Diccionario de la Lengua Española, DILA, no de la Real Academia Española, DRAE. El significado de la obra, entonces, es su espíritu y tarea panhispánicos”.