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“La teoría de la conspiración es una necesidad biológica del ser humano”

Dan Brown, novelista estadounidense | EFE

Dan Brown, novelista estadounidense | EFE

La divina comedia de Dante Alighieri inspiró al creador de El código Da Vinci y Ángeles y demonios

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El célebre profesor de la Universidad de Harvard Robert Langdon, protagonista de las novelas del estadounidense Dan Brown, lleva en su muñeca un reloj del ratón Mickey. Se lo regalaron sus padres y constituye una especie de manifiesto acerca de que la vida no hay que tomársela demasiado en serio. Es uno de esos símbolos que rodean la vida del escritor y que él va dejando caer sobre sus páginas.

De hecho, el autor ha comentado que suele escribir en un escritorio lleno de objetos con significado especial. Uno de ellos es un reloj de arena al que le da vuelta cada hora y que le recuerda, como las palpitaciones de su corazón, que el ritmo de la escritura es determinante en las historias de suspenso.

Las más de 500 páginas de su nueva novela, Inferno, se leen de un tirón gracias a su fórmula de capítulos cortos, temas polémicos, datos soltados con cuentagotas y el vértigo permanente que soportan sus personajes.

Su eje narrativo en esta oportunidad son las claves que esconde el capítulo “El Infierno” de La divina comedia, escrita por Dante Alighieri.

Ese es el pretexto mediante el cual Inferno pone sobre la mesa temas como el control de la natalidad y la corriente filosófica denominada transhumanismo.

—Civilizaciones como la inca y la maya están llenas de códigos. ¿Ha pensado situar alguna de sus narraciones en América Latina?

—Claro que me interesaría escribir sobre esos misterios. Desde el punto de vista artístico y sociológico, en esas culturas hay enigmas que me encantaría explorar.

—¿Acaso existen todavía misterios sin resolver?

—Estoy seguro de que sí. Los más interesantes vienen de la antigüedad, pero también del futuro, como lo debato en Inferno: la idea de la ingeniería genética, que tiene implícitas cuestiones éticas, como qué es un humano y si deberíamos jugar a ser Dios.

—¿Qué lo inspiró para escribir sobre el tema del infierno?

—Yo había escrito muchos libros sobre las bellas artes, pero no sobre las artes literarias. Dante fue algo nuevo y muy sólido para mi personaje Robert Langdon. Me pareció muy interesante el paisaje del infierno, cargado de símbolos históricos.

—¿Por qué La divina comedia?

—Cuando estudiaba italiano, a los 18 años de edad, leí por primera vez una parte de La divina comedia. Luego la leí completa en italiano. Recuerdo que me impactó que una obra de 700 años de antigüedad pudiera ser tan moderna.

—El libro aborda el polémico debate sobre el control de la natalidad. ¿Cuál es su punto de vista?

—Durante los últimos 85 años, la población de la Tierra se ha triplicado. Cada día nacen 300.000 personas. Los futurólogos consideran que el crecimiento poblacional es, sin duda, el gran problema del futuro, pues repercute en contaminación, deforestación y capa de ozono, entre otras cuestiones. No conozco la solución, pero creo que es un problema tan grave que requerirá una respuesta muy grave. En este libro, al antagonista se le ocurre una idea drástica y aterradora.

—Es decir que es una novela en la que usted toma partido…

—Es importante decir cosas constructivas y con sinceridad, porque esto crea el diálogo que desencadena las soluciones a los problemas. En ese sentido, me parece que el libro pone a la gente a pensar sobre el crecimiento demográfico.

—Sus novelas siempre contienen conspiraciones. ¿Lo inspiran este tipo de situaciones?

—Yo soy más escéptico frente a la teoría de la conspiración, aunque en nuestro mundo se consolide el poder en menos manos. Considero que el espíritu humano está construido de forma tal que quiere creer que hay una razón para todo. A la mente no le gusta el caos, no nos gusta pensar que la vida es aleatoria. De allí la teoría de la conspiración: yo creo que es una necesidad biológica del ser humano.

—¿Cree que ha encontrado la fórmula del éxito literario: una mujer inteligente y hermosa al lado de un profesor que sabe descifrar los códigos para salvar el mundo?

—Me encantaría encontrar una fórmula, porque así podría escribir más rápido. Todos mis libros tienen temas que interesan a Robert Langdon, con códigos secretos, arquitectura, arte y, claro, una mujer inteligente. Yo crecí rodeado de mujeres poderosas, inteligentes y atractivas, y por eso las incluyo en mis libros. Si eso es una fórmula, pues estupendo, pero eso es lo más fácil. La parte más difícil es la estructura del libro.

—¿Cómo es su proceso de investigación?

—Luego de El código Da Vinci mi vida tiene dos caras. Ahora tengo acceso a mucha documentación que antes no podía ver. Pero, por otra parte, mis temas son secretos, así que si hablo con alguna persona de un museo y le comento, por ejemplo, que quiero profundizar sobre Dante, al día siguiente podría contárselo a la prensa. Entonces hago preguntas sobre lo que estoy trabajando, pero luego hago muchas otras que no tienen nada que ver y simulo que tomo notas, muy atento y con cara muy seria, sobre temas que no me interesan.

—Usted ha dicho que lo único imaginario son los personajes y que los temas sobre arte, lugares y ciencia son reales. Sin embargo, estudiosos e historiadores han encontrado contradicciones. ¿No sería más honesto decir que hay cosas reales y otras noveladas?

—Yo hago algo muy específico e intencionado en mis novelas: creo unos personajes de ficción que se desenvuelven en un mundo real. El código Da Vinci, por ejemplo, sigue la premisa de que la historia, tal como la conocemos, no es verdadera. Entonces, me gusta que los historiadores contradigan, que señalen que lo que digo en mi libro no es lo que dicen ellos en los suyos. Esto es de esperar y es fantástico porque establece un diálogo.

—¿Es usted creyente?

—Yo crecí en unafamilia curiosa, porque mi madre tocaba el órgano en la Iglesia, mientras que mi padre era profesor de matemáticas. Estudié a Adán y Eva y la evolución. Un día le pregunté a mi sacerdote cuál era la historia correcta y me dijo: “Los niños buenos no hacen este tipo de preguntas”. Eso me frustró mucho y empecé aestudiar la ciencia. Y cuanto más me adentraba en ella iba entendiendo que la mejor ciencia plantea preguntas espirituales. Al final, la ciencia y la religión son dos idiomas que intentan contar la misma historia. En conclusión, yo diría que mi religión es un trabajo inacabado. Todavía tengo muchas preguntas.


Furor nacional

Del millón de copias de la novela Inferno de Dan Brown que fueron producidas para distribuir en el mundo, aproximadamente 30.000 se destinaron para el mercado venezolano y están en las librerías desde el mes pasado. Esto es una verdadera apuesta en un país donde las dificultades para conseguir papel afectan también al sector editorial, pero las estadísticas son de buen augurio: en Venezuela se vendieron 40.000 copias de El código Da Vinci y 30.000 de El símbolo perdido.

El autor estadounidense ha vendido 200 millones de ejemplares en el mundo de sus 5 libros anteriores. La película sobre su más reciente título se encuentra ya en preproducción.