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El Cuarto de los Mil Colores invita a aprender y a jugar

El cuarto de los Mil Colores, en el Museo de los Niños | LEONARDO GUZMAN

El cuarto de los Mil Colores, en el Museo de los Niños | LEONARDO GUZMAN

La atracción más nueva del Museo de los Niños se inauguró en noviembre del año pasado y permite al visitante convertirse en creador 

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El Museo de los Niños alberga un nuevo espacio que permite divertirse y aprender a la vez. El Cuarto de los Mil Colores, inaugurado en noviembre del año pasado, es la atracción más nueva del lugar y está especialmente dirigida a niños en edad preescolar que están descubriendo las letras, los colores, las formas y cómo vincularse con lo que los rodea.

Forma parte de una exposición temporal denominada Una gran caja de colores, que lleva más de una década en el museo. Dedicada al conocimiento de los colores, está integrada por cuatro espacios: Mundos de Colores, en el que se estudian los colores primarios y secundarios y se estimula el sentido de la visión; el Salón de Juegos, que cuenta con rompecabezas y juegos de memoria y mimetismo en los que se vinculan los colores y las señales de tránsito; el Salón de Talleres, provisto de grandes mesones en los que los niños pueden llevar a cabo actividades de artes plásticas con distintos materiales; y el Cuarto de los Mil Colores.

Masihel Bravo, de la Unidad de Educación del museo, encargada de la labor de investigación para la creación y actualización de las exhibiciones, indicó que la nueva atracción nació de la necesidad de nuevos espacios de aprendizaje. “La institución está orientada a la ciencia y la tecnología, pero también al arte y a contribuir con la enseñanza de los valores fundamentales de la sociedad. Por eso siempre buscamos innovar”, dijo.

El Cuarto de los Mil Colores, que hasta el día de su inauguración era totalmente blanco, está basado en los cuartos de obliteración creados por la artista japonesa Yayoi Kusama, que se fundamentan en la acumulación y la reiteración de lunares de colores.

A los visitantes se les entregan unas hojitas con calcomanías de puntos de colores y se les invita a alterar el espacio. Automáticamente el cuarto se convierte en un gran lienzo abierto para que los niños dejen volar su imaginación y sean cocreadores de la atracción, que se llena de más colores cada día. “Es una obra que está en construcción permanente, en la que el visitante no sólo es un espectador. Es un espacio que va a estar en constante cambio”, señaló Bravo y agregó que la idea es que no quede ningún espacio en blanco en la habitación, y que más bien muestre una explosión de colores vibrantes: “Ese cuarto blanco y plano va a ir desapareciendo y convirtiéndose en un sitio creativo e innovador en el que los niños pueden dejar su huella”.