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Cruise sin efectos especiales

Jack Reacher | Foto: Archivo

Jack Reacher | Foto: Archivo

En Jack Reacher, el ego mejor pagado de Hollywood se adapta al género de acción de la vieja escuela junto a todo un duro como Robert Duvall

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Para el que prefería un viejo y espacioso cine de funciones continuadas en el centro de Caracas antes que una salita con sonido estéreo, butacas reclinables y baños limpiecitos en un centro comercial. Para el que siempre preferirá una película en televisión de Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger o Steven Seagal antes que una superproducción de superhéroes tipo Los Vengadores. Para todos ellos ha nacido un héroe de acción de la vieja escuela, sin ningún efecto especial o añadido digital. De esos de pocas palabras y pericia en el polígono de tiro que, en la pelea decisiva, acuerdan con su enemigo, en un código viril de honor, lanzar las armas al suelo y encontrarse piel a piel, nudillos a nudillos. Se llama Jack Reacher, y aunque Tom Cruise no parezca amoldarse mucho a toda la descripción anterior, se adapta aceptablemente a otro tipo de encanto.

Inspirado en una serie de libros iniciada en 1997 por el escritor británico Lee Child, Jack Reacher hace lo justo, no lo legal: otro tópico clásico de este tipo de películas que hace clic en públicos de países donde las morgues se llenan más que los museos. A diferencia de la mayoría de las personas, no habla para rellenar vacíos de soledad y sólo dice lo esencial. Ex policía militar graduado con honores y héroe de guerra en Líbano, ahora es perseguido por las autoridades. Duerme en hoteles baratos en los que se registra con nombres falsos (por ejemplo, peloteros que defendieron la segunda base de los Yanquis de Nueva York), se traslada pidiendo cola o en autobuses, carece de ingresos regulares, usa la misma ropa oscura durante varios días y luego la sustituye en tiendas de descuento. No necesita un reloj para calcular con exactitud horas, minutos y segundos. Le gustan los carros viejos. Posee la capacidad deductiva de un Sherlock Holmes y una metodología científica, que no es lo mismo que ser interpretado por la cara mundial más famosa de la cienciología.

A las espectadoras también de la vieja escuela, que desprecian los cuerpos demasiado jóvenes, esculpidos o depilados, Cruise les regalará una vista de su torso sin camisa, como en una recordada portada de la revista Vanity Fair, que aquí hará ruborizar a la inglesa Rosamund Pike, la doble de la animadora venezolana Michelle Badillo: otro personaje femenino de los de antes. La chica a la que amarran los malos hasta que el héroe la salva. Por si todavía hacía falta nostalgia, a los 82 años de edad se incorpora el mismísimo Robert Duvall como el dueño de una galería de tiro: una intervención antológica, cuyos disparos suenan con ecos de los tiempos en que Venevisión transmitía películas de vaqueros los domingos en la tarde.

Christopher McQuarrie, el realizador y escritor del sesudo filme de suspenso Sospechosos habituales (1995), le “baja una” a las neuronas y se encarga con solvencia de una cinta que perfectamente podría llevar la firma de John McTiernan, aquel director de Depredador y Duro de matar. Otro anzuelo para los que zapatean cinematecas y circuitos de arte es la insólita presencia en el reparto, como villano originario de la Europa profunda, del cineasta alemán Werner Herzog. Jack Reacher no tuvo un éxito excepcional de taquilla y aún se desconoce si se convertirá en una saga, pero el ego mejor pagado de Hollywood regresa a las pantallas en abril con la película de ciencia ficción Oblivion: una mirada al futuro luego de un paseo al pasado en un viejo y confiable Chevrolet Chevelle de los que chocan sólidamente, como los carros de antes.