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Los 12 de 2013: Conciertos

El país tenía tiempo sin disfrutar de un espectáculo como el ofrecido por Beyoncé | Foto AP / Archivo

El país tenía tiempo sin disfrutar de un espectáculo como el ofrecido por Beyoncé | Foto AP / Archivo

A pesar de las trabas con divisas, la ausencia de locaciones adecuadas y la inseguridad, este año el público venezolano pudo apreciar ambiciosos espectáculos musicales

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1. Dos universos confluyeron en la Ríos Reyna

Recientemente se realizó un par de ediciones de Rock & MAU, el espectáculo en el que músicos pertenecientes –o allegados– a la Movida Acústica Urbana, amantes del folklore, le sirven de base a propuestas del pop y el rock, como las de Nana Cadavieco, Rawayana, Malanga, Caramelos de Cianuro, Viniloversus, La Vida Bohème, Los Tomates Fritos y otras agrupaciones. Pero ninguna de las citas, ni la primera, que se hizo en el Trasnocho Lounge en diciembre de 2011, ni la del Teatro de Chacao, ni la improvisada con arreglos orquestales en los espacios abiertos del Centro Cultural BOD-Corp Banca, fue tan emblemática como la que se celebró el 22 de mayo en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño.

Fue una noche de la que podría escribirse mucho. Por ejemplo, Pacho Flores, Linda Briceño y Chipi Chacón, los tres grandes representantes de la nueva generación de trompetistas, actuaron juntos por primera vez. Mauricio Arcas representó a Los Amigos Invisibles y Horacio Blanco a Desorden Público. Actuaron Pablo Dagnino e incluso Bostas Brain y Cotur, grandes exponentes del hip hop nacional. Todos sobre la misma tarima. Sí, se podría decir que ese día se hizo historia. Por eso fue el mejor show de 2013. 


2. Una verdadera diva pisó suelo caraqueño

En los últimos años Venezuela ha quedado fuera del calendario de giras suramericanas de los artistas y bandas más influyentes del mainstream mundial. Caracas sigue estando a años luz de agrupaciones como U2 o divas como Madonna. Pero todavía, a pesar de las trabas que implican el control cambiario, la inseguridad y la carencia de locaciones adecuadas, se presentan ambiciosos espectáculos.

Hacía rato que en el país no se concretaba un show como el que Beyoncé ofreció en la Universidad Simón Bolívar el 20 de septiembre. La cantante, que no permitió la entrada de reporteros gráficos de diarios, revistas ni páginas web, cautivó a todos con su Mrs. Carter Show, apoyada en una extraordinaria banda de mujeres y un impresionante despliegue tecnológico. Demostró la potencia de su voz en algunas piezas y, en otras, bailó y se contoneó, siempre sonriente, siempre sexy. Lució como una deidad desplazándose por un escenario inmenso frente a boquiabiertos entusiastas venezolanos que no podían retirar la mirada. “¿Se acordarán de este espectáculo por el resto de sus vidas?”, preguntó en un momento a la audiencia. Pues la diva se encargó de que sí: de que a ningún presente se le borrara de la memoria ese episodio. 


3. El regreso del héroe en un cuerpo cansado

Charly García volvió a Caracas después de 8 años, acompañado por una banda de 15 elementos a la que llamó The Prostitution –un guiño a Prince–, para ofrecer un espectáculo que tituló La dimensión desconocida, en referencia a la serie televisiva de ciencia ficción. El reencuentro entre el público venezolano y el ídolo, personaje fundamental en la historia del rock en castellano, se concretó el 15 de junio en el anfiteatro del Sambil. Allí el controversial argentino lució una franela que decía “1962” porque ese fue el año en el que escogió estar. Todo lo indicaba: la escenografía, la vestimenta y el rock n’ roll. Fue un concierto imponente, del tamaño de su legado, y una excusa para recorrer el cancionero de su vida, desde Sui Géneris, pasando por Serú Girán, y cerrando con trabajos solistas más recientes como Influencia (2002). Sonaron canciones como “Los dinosaurios”, “Rock n’ roll yo”, “Demoliendo hoteles”, “I’m Not In Love”, “Cerca de la revolución”, “Pasajera en trance”, “Piano bar”, “Eiti Leda” y “Fanky”. No hizo pataletas, no rompió guitarras ni fue grosero con la audiencia. Pareciera que, después de tanta agitación, el genio encontró calma; o, por lo menos, así pareció esa noche.  


4. La vieja Aerosmith regresó a reivindicarse

En mayo de 2010 Aerosmith visitó Venezuela por primera vez y, a pesar de que intentó seducir, el sistema de sonido no lo permitió. Algunos salieron de La Rinconada decepcionados. Tres años después, Steven Tyler (voz), Joe Perry (guitarra), Brad Whitford (guitarra), Tom Hamilton (bajo) y Joey Kramer (batería), los de siempre, regresaron y descargaron todo su feeling para el deleite del público que se acercó al estacionamiento del Poliedro de Caracas. El reencuentro, correspondiente a The Global Warming Tour, ocurrió el sábado 28 de septiembre, cuando se encargó de la apertura la agrupación Del Pez, ganadora del Festival Nuevas Bandas. Antes, en rueda de prensa, Perry reaccionó ante el hecho de que ningún reportero preguntó nada relacionado con su disco más reciente, titulado Music from Another Dimension!: “Es muy difícil vivir apegados a las canciones del pasado”. Efectivamente, para lograr el efecto deseado en sus fans, los estadounidenses debieron recurrir a baladas pegajosas como “I Don’t Want To Miss a Thing”, “Crazy" y “Cryin” y otras piezas enérgicas como “Love in an Elevator”, “Dude (Looks Like a Lady)”, “Livin’ On the Edge”, “Jaded”, “Walk this Way” y, de The Beatles, “Come Together”.


5. El Teatro de Chacao fue Villa Planchart

Por una noche, la del 18 de mayo, un repleto Teatro de Chacao mutó, cambió sus formas y colores, se adaptó y se convirtió en la mítica quinta que está ubicada en Colinas de San Román. Jorge Glem presentó allí su álbum En el cerrito, una producción de Germán Landaeta que quebró todas las ideas preconcebidas acerca del arte de grabar discos. Allí, con el cuatrista cumanés, estuvieron el percusionista Diego “el Negro” Álvarez, el bajista Rodner Padilla y, en flauta y saxofón, Eric Chacón y Rafael Greco. Fue una noche fuera de lo común. En muy contadas ocasiones una presentación de música tradicional –que en este caso podría catalogarse como world music e incluso, en algunos episodios, como jazz fusion– ha incluido semejantes sutilezas tecnológicas, videomaping y un sonido que recubría toda la sala. Fue algo más que un concierto, fue una experiencia.

 

6. La ciudad y su música en un solo festival

El empresario Ernesto Rangel y el músico Aquiles Báez cumplieron una meta y organizaron un festival para presentar algunas de las mejores propuestas musicales venezolanas de esta época. Entre el 27 de julio y el 4 de agosto, varios puntos de la ciudad, principalmente el Teatro de Chacao, se cubrieron de talento emergente y consagrado. Un homenaje a Simón Díaz que se realizó en Ciudad Banesco podría considerarse el momento más memorable.


7. La Vida Bohème no se conformó

Los primeros meses del año fueron accidentados para todos, sobre todo por la muerte del presidente Hugo Chávez. Justo cuando el país salió de ese bajón, La Vida Bohème presentó el disco Será en el Centro Cultural BOD-Corp Banca. Pero el cuarteto de rock quería un escenario de mayor envergadura. Por ello insistió, esta vez junto con Americania y Los Colores. La fecha: 13 de julio. El lugar: la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. 

 

8. La dosis necesaria de Fito Páez

Cada visita de Fito Páez a Venezuela es un baño de sentimiento en forma de letra y música. El argentino no había estado en Caracas desde noviembre de 2009, cuando actuó con los Killer Burritos en el Sambil. En esta ocasión, en vísperas del lanzamiento de su disco Te amo, le recordó a sus seguidores venezolanos lo buen performer que es. Actuó el 15 de noviembre en la terraza del CCCT con la excusa de celebrar los 20 años de su trabajo El amor después del amor, el más exitoso de su carrera y, para muchos, el mejor. Fue otro show memorable del músico, que cantó desde los clásicos más solicitados, como “11 y 6” o “Mariposa technicolor”, hasta canciones que rara vez interpreta, como “El jardín donde vuelan los mares”. Fue ovacionado, como siempre. Un par de noches después ofreció un espectáculo en la plaza Diego Ibarra ante un público más enérgico.  


9. La maquinaria funky volvió a Venezuela

En 2006 Jamiroquai ofreció su primer concierto en Venezuela frente a más de 13.000 personas que asistieron al Poliedro de Caracas. Los liderados por el hiperquinético Jay Kay actuaron esta vez en la USB. Asistieron menos personas pero, de acuerdo con la reseña que Andreína Martínez Santiso publicó en El Nacional, la cita del 23 de febrero preservó la energía de su funk y su acid jazz. Fue una noche fría la que intentaron calentar los DJ Trujillo y David Rondón con sus mezclas. Los británicos se pasearon por “Twenty Zero One”, “Alright”, “You Give Me Something”, “Little L”, “Canned Heat”, “Space Cowboy”, “Cosmic Girl” y una versión acústica de “Love Foolosophy”. También interpretaron “Deeper Underground” pero, tal como lo hicieron en su primera visita, se dieron el lujo de dejar fuera del repertorio su primer gran éxito: “Virtual Insanity”.


10. Amantes de la canción reunidos en tres fechas

Fueron tres citas: el 17, 18 y 19 de mayo. No se había realizado un festival con una curaduría tan estricta en ese renglón. En el Festival de Cantautores: Generación Siglo XXI no actuaron Yordano, Ilan ni esos grandes creadores que brillaron en décadas pasadas. Fueron Linda Sjöquist, Jan Pawel, Ulises Hadjis, Domingo en Llamas, La Pequeña Revancha, Fabby Olano, Laura Guevara y José Alejandro Delgado, todos sobre un mismo escenario.


11. Un showman acompañado por cuatros explosivos

La noche en la que C4 Trío y Rafael “Pollo” Brito presentaron su disco De repente en el Sambil fue mágica. El ensamble y el cantante habían realizado una gira por nueve ciudades y cerraron el periplo el 11 de diciembre. Fue un espectáculo completo, con pantalla de leds y sonido impecable. Los acompañaron Daniel Somaroo, Gualberto Ibarreto y Servando Primera. El momento cumbre llegó con Horacio Blanco, quien abordó clásicos de Desorden Público.


12. Una mujer divina y diminuta cautivó

Natalia Lafourcade tenía muchas ganas de actuar en Venezuela. Y lo demostró. Primero vino sola, sin aspavientos, para abrir los shows que Los Amigos Invisibles ofrecieron en La Castellana en diciembre de 2012. Allí la cantautora mexicana prometió volver y cumplió el 13 de junio en el Centro Cultural BOD-Corp Banca. Con su banda, dirigida por el ex Cunaguaro Soul Gustavo “Cambur” Guerrero, presentó su disco en homenaje a Agustín Lara. Ese día se había lesionado seriamente un pie, pero eso no la detuvo. Salió al escenario vendada –siempre sentada– y envolvió a todos con su voz angelical y su carisma. Mientras tocaba la guitarra, el ukulele o el piano, hizo varios duetos con Los Hermanos Naturales, Ulises Hadjis, Henry D’Arthenay (La Vida Bohème), Alain Gómez (Famasloop) y Beto Montenegro (Rawayana). Incluso interpretó “Luna de Margarita”, en tributo a Simón Díaz.