• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Comunicación y precisión: factores esenciales para crear una ficción

Actores, asistentes y vestuaristas piensan que las dinámicas para presentar una obra son exigentes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La incomodidad que causa el conflicto de una historia, los diálogos que provocan risa, las lágrimas que se secan en la oscuridad de la sala. Para lograr en una obra de teatro estas y otras emociones, muchas veces esperadas, el ambiente en la que se desarrolla constituye un elemento fundamental. Representantes de cuatro piezas narran cómo lo ejecutan y las dinámicas que deben establecer para que todo se realice de acuerdo con lo planificado.

La utilería. Samantha Dagnino no sólo interpreta a Penélope en Mi madre, Serrat y yo, sino que también canta en escena. Debe hacer pruebas de sonido antes de comenzar el montaje. Con parte del vestuario puesto, ella camina por la sala de conciertos del Centro Cultural BOD-Corp Banca mientras entona temas como “Mediterráneo”: “Trato de llegar dos horas antes porque necesito calentar la voz. Es un reto, porque además del personaje tengo que abordar a Serrat, entender su poesía”.

Al fondo, cinco personas elaboran la escenografía, que incluye computadora, pisos, muebles, paredes, lámparas, libros y vino. Una obra les precede y otra se presentará después, así que lo máximo que pueden tardarse es media hora los sábados y 15 minutos los domingos, cuando hay menos tiempo entre cada montaje. En ocasiones los mismos actores ayudan a retirar la escenografía.

El concepto. La ropa que lucen los personajes transmite un mensaje. No fue seleccionada al azar. En Rock n’ Roll: la revolución de terciopelo, que se presenta en el Celarg, la intención es mostrar cómo un ser se aferra a sus ideologías.

Fedora Freites, cofundadora de Teatro Forte, es la coordinadora de vestuario. Los trajes fueron confeccionados en una semana por estudiantes del Instituto de Diseño Las Mercedes. Son reversibles y se colocan frente al público. Los cambios no se realizan tras una cortina negra sino en la misma escena, como parte de la propuesta del director. Así, varios asistentes deben vestir y desvestir a los actores y movilizar la utilería. Daniela Correia, una de las diseñadoras que forma parte de este grupo, cuenta: “Todo tiene que estar en el lugar exacto antes de que salgan a escena los actores, porque si no se pierden. Muevo la utilería y me encargo de los vestuarios. Es un poco estresante y hay que trabajar con mucha coordinación”.

El ritual. Moisés Díaz es el asistente de producción de Stop Kiss y su clave es la relajación. Callie (Sheila Monterola) y Sara (Karina Velásquez), los personajes principales de la pieza, tienen un promedio de 12 cambios de vestuario por función. Estos, así como los objetos que manejan en la historia, están enumerados por escena. Para tener todo listo, Díaz tardaba más de 40 minutos, ahora sólo necesita 15. “Lo importante es organizarse y tener todo bajo control, pues las actrices salen apuradas y nerviosas para entrar en escena otra vez. Todo es cuestión de comunicación. Algunos cambios son rápidos: sólo 10 segundos. Yo me calmo para que el actor se calme. Dejo organizado todo y cuando salen ya tengo la ropa en la mano para colocárselas. Les digo qué escena viene y cuáles elementos tienen que llevar”.

En los dos camerinos del Espacio Plural los actores se preparan. Desenredan la lengua, sisean, se peinan y maquillan. Su ritual es cantar. Agarrados de las manos o brincando entonan “Con las ganas me quedo” de Miguel Bosé, se ríen con “Pásame la botella” y entran en personaje con “Mujer contra mujer”. “Es la que le canto a Karina”, dice Monterola.

La transformación. Los integrantes de Popeye, que ofrece sus últimas funciones hoy y mañana en el Teatro de Chacao, cambian sus rostros. Narices postizas, pelucas, polvo y mucho delineador los convierte en personajes de cómic. Alejandro Díaz interpreta a Carlitos –el niño que lee la historieta– y a Cocoliso. “Tengo poco tiempo para pasar de un personaje a otro. Es estresante. Y si hago una cosa mal, todo se friega. Cocoliso no tiene dientes, así que uso planchas, pero un día en el Trasnocho cambié a Carlitos y se me olvidó quitármelas. El público se rió y yo también. Y me las saqué ahí mismo, cara’e tabla, pues”.