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Clint Eastwood: Fue divertido trabajar sólo como actor

El actor Clint Eastwood / AFP

El actor Clint Eastwood / AFP

El director se coloca frente a las cámaras en Golpe de efecto, bajo las órdenes de otro cineasta, algo que no hacía desde hace 19 años. Considera que Estados Unidos necesita un cambio en la política y por eso apoya la candidatura de Mitt Romney

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Presidentes hay muchos, pero leyendas hay pocas. Y Clint Eastwood es una. Así lo comprobó el 30 de agosto el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney. Con la idea de ganar electores aceptó la nominación de su partido bañado en la popularidad de su último ponente, el legendario actor y director de Hollywood.

La apuesta, sin embargo, no tuvo el efecto esperado. Terminada la convención –para bien o para mal– sólo se habló del intérprete que, con el pelo revuelto y una fragilidad notable, apoyó a Romney y criticó a Obama.

El actor fue motivo de mofa no por su ideología sino por las formas, por ofrecer uno de los momentos más extraños jamás televisados en una convención, un momento improvisado en un espectáculo en el que todo está pautado.

La cita de la entrevista se hizo en medio de este ambiente y con una advertencia: a Eastwood no le gusta hablar de política y menos cuando promociona una nueva película: Golpe de efecto, la primera en 19 años en la que sólo se limita a trabajar como actor a las órdenes de otro, Robert Lorenz.

Aunque Eastwood fue alcalde de la ciudad de Carmel, en California, es cierto que la política nunca se mezcló directamente ni con su vida ni con su cine. Entonces, ¿por qué ahora? “Vivimos un mal momento políticamente hablando. Las campañas son cada vez más agresivas y los candidatos no hacen más que intercambiar insultos. Me parece un momento ruin y no tengo la sensación de que vaya a cambiar en breve. Así que necesitamos a alguien que encienda la luz, que muestre el camino y lleve la antorcha”.

Ese alguien, en opinión de Eastwood, es Mitt Romney: “Es un hombre decente, un hombre de negocios; necesitamos a alguien así porque el país está a punto de despeñarse desde el punto de vista financiero. Espero que él sea capaz de inspirar a la gente a ser mejor”.
A pesar de su abierta posición, el cine del intérprete se resiste a inmiscuirse en la política. “Nunca lo he hecho. Yo me considero lo que llamo un libertario en la vida real, alguien que apoya ocasionalmente a gente de ambos lados. Pero esta vez necesitamos un cambio verdadero, que nos aleje de los tontos que nos gobiernan. Y eso es lo que pienso. O me estoy haciendo viejo, que también es posible”.

—¿Conoce a Obama?
—No, nunca he coincidido con él. Me concedió la medalla de las artes a la vez que a otros ocho cuando llegó a su cargo, pero nunca lo he visto. De presidentes, el último al que conocí fue Clinton. O Bush. Uno de esos.

—¿Así que su posición política no es personal?
—Al revés. Aunque nunca apoyé abiertamente su anterior campaña, pensé que estaría bien contar con un presidente como Obama. Que estaría bien un gobierno multirracial. Quizá el comienzo de una sociedad sin división de color. Estoy casado con una mujer multirracial y estos temas captan mi atención. Quiero lo mejor para todos. Pero todo va a peor.

De regreso al frente de las cámaras. Más allá de su actual controversia política, algo que nadie le niega a Eastwood es su estatus como una fuente de inspiración que ha sabido mantener sus valores en una dura industria como es Hollywood. Con una carrera que se acerca a los 60 años en cine y televisión, casi 40 títulos como director, 10 candidaturas al Oscar y 4 estatuillas con su nombre, su peso en la industria es indiscutible.

—¿Qué le hizo ponerse de nuevo ante las cámaras?
—Fue divertido trabajar sólo como actor. Como unas vacaciones. Llegar, actuar, incluso contar con días libres durante el rodaje. Es la primera vez desde 1993 cuando hice En la línea de fuego. Me gusta dirigir, pero ha sido un cambio agradable.

—¿Qué es lo que encuentra en la dirección que le falta como actor?
—Conmigo las cosas nunca están pensadas. No hago planes ni a corto ni a largo plazo. Soy alguien espontáneo que respondo según el momento.

—¿Cómo se ve usted? ¿Como un hombre satisfecho con lo que hace?
—Siempre hay algo más, así es como me veo. Yo aprendo con cada película. En el período de la década de los noventa hice unas cuantas cintas con las que logré el éxito, no el comercial, sino el de la satisfacción personal. Una situación que se repitió con Mystic River, Million Dollar Baby y Gran Torino.

—¿Qué se ha quedado en el tintero?
—Lo único que lamento es no haber trabajado en la década de los cuarenta con gente como Howard Hawks, Frank Cappa, Preston Sturges o John Ford, porque los admiro. Estuve muy cerca de Alfred Hitchcock, habría sido interesante trabajar con él. Pero quién sabe… Quizá no me habría gustado. Es muy romántico lo de echar la vista atrás, no quiero ser uno de esos viejos gruñones para los que el tiempo pasado siempre fue mejor.

—¿Cómo ve a los nuevos Clint Eastwood? ¿Existen?
—¡Yo qué sé! Probablemente Bradley Cooper o Justin Timberlake. Depende de cómo les vaya en el futuro. Además, las cosas han cambiado mucho y con tantas revistas en el mercado tenemos estrellas profesionales que ni tan siquiera son artistas. Ni actúan ni cantan, nada. Su profesión es ser estrella. Han cambiado mucho las reglas del juego en Hollywood.