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Ciro Guerra, el cineasta que dialogó con la selva

En Venezuela aún no se ha definido la fecha de estreno del filme | Foto: Liliana Merizalde

En Venezuela aún no se ha definido la fecha de estreno del filme | Foto: Cortesía de Liliana Merizalde

El director quedó encantado con los diarios de dos exploradores vinculados con los indígenas de la Amazonia

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La región colombiana de Vaupés concentra diversos intereses económicos, uno de los principales está basado en el coltán, además de actividades como la agricultura, la ganadería y el turismo. 

En esa zona el cineasta Ciro Guerra filmó El abrazo de la serpiente, una historia que le obsesionó desde que la conoció: la de los diarios del etnólogo alemán Theodor Koch-Grünberg y el biólogo estadounidense Richard Evans Schultes. 

Desde hace tiempo quería hacer una película en la Amazonia para propiciar un diálogo que considera olvidado. “Siempre nos hemos visto como caribeños y le hemos dado la espalda a esta región. La poca producción del área no es conocida porque la relación es mínima”, dice.

Para llevar a cabo el rodaje entre esos follajes, ríos y culturas empezó a buscar sustento. Entonces, un amigo antropólogo llamado Ignacio Prieto le recomendó leer los cuadernos de estos investigadores, quienes con varias décadas de diferencia se adentraron en los pueblos indígenas de esos lares. 

No le fue fácil, han pasado más de 50 años y el desarrollo de diversas industrias atentaba contra sus objetivos. “Es difícil encontrar una selva que no esté afectada. La mayoría de los indígenas no usa su vestimenta tradicional. Ellos, además, conviven con los colonos”, asegura el realizador. 

Sin embargo, durante poco más de dos horas el director logra contar en blanco y negro el recorrido de dos extranjeros que llegan a esas tierras en búsqueda de una planta sagrada. Ambos son acompañados por un indígena que en principio tiene muchos prejuicios hacia el blanco, pero acepta la propuesta. 

Guerra no se parcializa. Tampoco hace caso omiso a hechos inocultables como la voracidad del negocio del caucho y las exacerbaciones religiosas. Los protagonistas buscan comprenderse en medio de sus rencores, angustias y anhelos. Se encuentran a pesar de que sus objetivos aparentan ser distintos. De eso trata El abrazo de la serpiente, sobre la comprensión entre aquellos que se enorgullecen de solo necesitar lo más inherente y los que exaltan el vínculo afectivo con el objeto poseído. “La idea es que cada quien aporte su interpretación. Solo muestro los lados del problema. Es la historia de un viaje al corazón del Amazonas, en el que pasado, presente y futuro dialogan. Está inspirada en estos textos, pero a la vez tiene una estructura más cercana al mito amazónico”. 

Del Dorado se decía que había abundantes riquezas. En esta trama interesan los poderes curativos de una planta a la que no todos tienen acceso. “Los hechos existieron, pero estaban dispersos. A través de la ficción les di un sentido. La parte del hombre que se proclama mesías es lo único que pasó como se ve en la película. Lo tomamos literal”, indica el cineasta sobre la literalidad de su largometraje, en el que se hablan nueve idiomas: español, alemán, portugués, latín, catalán, wanano, cubeo, tikuna y huitoto. 

En 2015 ganó el Festival Internacional de Cine del Mar del Plata y hoy puede quedar seleccionada como una de las cinco nominadas al Oscar como Mejor Película Extranjera. La revista de cine El Espectador de El País de España la incluyó en su lista de las 10 mejores cintas latinoamericanas del año pasado. 

Guerra se apoyó en los indígenas de la zona para el rodaje. Incluso tuvo que explicar a algunos qué es el cine. “Les pedimos permiso para filmar en lugares que consideran sagrados. Los convencimos de lo importante que es transmitir esto al mundo. No solo actuaron, también trabajaron en parte del proceso. No quise hacer una película taquillera. La idea era comunicar y transmitir lo aprendido, un mensaje que no se puede expresar en palabras”.

La cinta es una coproducción en la que también participan Argentina y Venezuela. Por eso, además del actor Luigi Sciamanna, quien tiene una breve participación, están otros profesionales del país como Marco Salaverría en la edición de sonido. Aún no se define su fecha de estreno en la cartelera nacional. La música del también venezolano Nascuy Linares  fue premiada recientemente con un Fénix.

“Este tipo de producciones se solían hacer con respaldo de Europa y Estados Unidos, pero poco a poco nuestras industrias se están fortaleciendo y nos podemos apoyar unos a otros”, señala Guerra, que también es guionista del largometraje junto con Jacques Toulemonde Vidal.  

“Es la historia de un viaje al corazón del Amazonas, en el que pasado, presente y futuro dialogan”.