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Cineastas venezolanos se abren camino en el extranjero

<i>La casa del fin de los tiempos</i> estará en la sección Blood Window | Foto Archivo El Nacional

La casa del fin de los tiempos estará en la sección Blood Window | Foto Archivo El Nacional

La distribución internacional de las películas nacionales ha servido como trampolín para los directores, que han recibido proyectos en otros países 

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Ser pasajero de una línea aérea de Filipinas puede resultar en un viaje alterno hasta Caracas. En varios de sus aviones se encuentra disponible una película venezolana de 2012: Piedra, papel o tijera.  

El salto continental de la segunda producción de Hernán Jabes se debe a los acuerdos alcanzados por su agente de ventas en Barcelona, España. El filme tendrá una rotación en el mercado internacional hasta por lo menos 2021.

El camino de la distribución en el extranjero no es sencillo y depende de una gran cantidad de variables. “Es la etapa más difícil. Es el punto flaco de la cinematografía nacional”, reconoce Alejandro Hidalgo, director de La casa del fin de los tiempos. Su ópera prima, sin embargo, ha tenido uno de los recorridos más exitosos fuera de las pantallas locales.

“No tenía conciencia de los festivales en los que podía participar. El CNAC te da una orientación de los certámenes clase A, que son los más importantes de la industria, pero no manejaba mucha información sobre la gama de encuentros de cine fantástico y de terror, con un mercado muy amplio”.

La primera ventana que se le abrió fue en el Fantasporto, el festival de ciencia ficción de Oporto. Ahí conoció a su agente de ventas, que le presentó un abanico de posibilidades para la cinta. El largometraje ha sido proyectado en la sección fantástica de Ventana Sur, en Argentina, además de participar en Fantasia de Montreal, Frightfest de Londres, el Fantasy Film Fest de Alemania y el Screamfest de Los Ángeles.

La casa del fin de los tiempos se ha proyectado en salas de cine de seis países latinoamericanos. Este mes se encuentra en Bolivia, Turquía y Rusia. Para este año también tenemos México, Chile y Ecuador. En 2016 llegará a Argentina, Uruguay y varias ciudades de Centroamérica. Además de esto, ha tenido un gran impacto en Netflix, con más de 100.000 visitas. En Francia, Reino Unido, Japón y Corea del Sur está disponible en DVD”.

Esta proyección internacional le ha permitido a Hidalgo plantearse sus próximos proyectos en suelo foráneo. El filme le ha servido de carta de presentación.

Es el mismo caso de Joel Novoa, con su ópera prima Esclavo de Dios. “Nada me gustaría más que hacer películas en Venezuela, pero lamentablemente en este momento no hay oportunidades. Hay que lidiar con la burocracia, la inseguridad, el control de cambio. En Los Ángeles hay varios compatriotas, directores, buscando oportunidades. Si tienes ambiciones, no puedes quedarte en el país, hay que salir”.

Novoa se encuentra en etapa de posproducción de su segunda película, I. D. 2, la secuela de la cinta inglesa sobre una banda de hooligans. Este trabajo le llegó gracias a Esclavo de Dios. Una agente de ventas europea lo contactó para que se hiciera cargo del largometraje, porque le gustó mucho su primera película y además cumplía con el perfil que estaban buscando.

Hace un año Novoa logró un acuerdo de distribución en Estados Unidos con la empresa Film Movement, que incluye la rotación actual de su trabajo en Netflix.

El techo más bajo

 Es importante que las películas tengan nivel internacional para que puedan salir a competir con 10.000 filmes que hacen el mismo camino todos los años. En eso coinciden los involucrados en la industria nacional. “Lograr un buen agente de ventas depende de la factura de la cinta. El trabajo que puedan hacer los directores y actores también influye. Hay una cuestión de feeling que engancha al momento de vender el largometraje”, indica el productor Rodolfo Cova. Ha trabajado con Miguel Ferrari, de Azul y no tan rosa; con Diego Velasco, de La hora cero; y con Henry Rivero, de Secretos de confesión, entre otros proyectos.

 “A los festivales no se va a ver películas, se va a trabajar. A reunirse, a buscar productores, agentes, a promocionar el trabajo. Para lograr el delivery correcto hay que entregar material específico, fotos, audios, videos. Hay una lista de requerimientos mínima, que cambia si vas a ofrecer la cinta a HBO o a Netflix”

Los premios alcanzados en certámenes importantes puede impulsar el trayecto internacional de la película. Un ejemplo es Pelo malo de Mariana Rondón, que logró distribución en muchas pantallas de Europa y Latinoamérica luego de ganarse la Concha de Oro en San Sebastián. La cinta protagonizada por Samantha Castillo entró en la rotación de varios canales de HBO-Max este mes.

“Mientras más gente vea el largometraje, el cineasta tendrá más herramientas para negociar sus próximos proyectos”, señala Cova.

Joel Novoa ve imposible hacer una cinta en estos momentos en Venezuela que tenga la calidad para competir afuera con las grandes producciones. “El control de cambio hace imposible plantearse proyectos importantes. Solo se puede filmar un tipo de película, pequeña, con presupuesto limitado. Cuando le metes una persecución, disparos, un actor internacional, se acaba el dinero. El techo es cada vez más bajo en el país”.

En búsqueda de espectadores

Claudia Pinto reconoce que no ha logrado colocar La distancia más larga en el mercado internacional. “La fuerza de la película se ha medido en los festivales. Hemos participado en más de 80 desde que estrenamos en Montreal en 2013. Pero la distribución comercial es un tema complicado”.

La cineasta tiene fe en el Premio Platino a la Mejor Ópera Prima que recibió el mes pasado.  “Si tienes una Concha de Oro es mucho más fácil negociar. El Glauber Rocha a la Mejor Película Latinoamericana de Toronto no tiene la misma fuerza mediática. Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián son los grandes. Estamos en negociaciones con varios países, aunque todavía no hay nada concreto”, indica Pinto.

El hecho de que en Latinoamérica y España se hable la misma lengua y no exista una red de distribución cinematográfica es algo que siempre ha preocupado a los directores y productores hispanos.