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Cine, teatro y galerías se adaptan a la precariedad

Edgar Sánchez no pudo viajar a Colombia por falta de pasajes | Foto Manuel Sardá

Edgar Sánchez no pudo viajar a Colombia por falta de pasajes | Foto Manuel Sardá

El negocio del entretenimiento se vuelve cuesta arriba para quienes buscan mantener actualizada la cartelera nacional con estrenos 

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El cine sigue siendo una opción de entretenimiento, pero no está exento de las limitaciones de una economía en crisis y con control cambiario.

José Pisano, director general de Cinematográfica Blancica, es de los que piensa que sentarse a ver una película se mantiene en momentos en los que otras formas de esparcimiento, como viajar dentro o fuera del país, se vuelven cada vez más costosas.

“La gente siempre busca la manera de distraerse. Sin embargo, no es fácil ofrecer una programación variada. El cine independiente es el que sufre más porque los productores exigen el pago de una garantía mínima. De lo contrario, es difícil que envíen las cintas”, dice.  

Bernardo Rotundo, presidente del circuito Gran Cine, afirma que han tenido que adaptarse. “No tenemos acceso a dólares preferenciales y debemos establecer alianzas”.

Para proyectar en el país películas independientes cuenta con la colaboración de organismos como Europa Cinema y la Confederación Internacional de Cines de Arte y Ensayo. “Nos ha permitido recibir pequeñas ayudas económicas internacionales que sirven como garantías mínimas para importar obras. Establecen una cuota y unos puntajes de acuerdo con el país de procedencia de cada filme. Una vez que los evalúan, dan un aporte que no tiene que ser devuelto. Es como un estímulo que dan al cine europeo”.

Con respecto a los largometrajes de otras naciones, como las latinoamericanas, Rotundo detalla que tienen acuerdo con transnacionales que operan en Venezuela. “Existe apoyo de las embajadas, pero también hay compañías que nos otorgan pequeños financiamientos en divisas. A cambio, ofrecemos patrocinio en las proyecciones de Cine Móvil”, dice en referencia a la presentación de películas en zonas populares.

Otro problema que afronta la industria cinematográfica en el país es la ausencia de suficientes salas digitales. “Se calcula que entre 35% y 40% se han digitalizado, aunque Colombia está en casi 100%”. Según datos de Gran Cine, un proyector para ese tipo de formato cuesta entre 40.000 y 80.000 dólares, dependiendo de la distancia con la pantalla.

Marcello Gagliardi, gerente de Mercadeo de 20th Century Fox Venezuela, asegura además que sacar del país las ganancias en dólares es un tema descartado. “Por eso asumimos el costo de producción con empresas nacionales. En el caso de 35 mm, traemos de afuera los internegativos. Es como cuando ibas al estudio a revelar una foto. En vez de darte la imagen final, te dan el negativo. De ahí sacamos las copias que necesitamos”.

El formato digital requiere discos duros que envían desde el exterior. “Se tienen que pagar en divisas, por lo que buscamos otras rutas que nos permitan pagar ese envío en bolívares".

¿Y por qué siguen trabajando en esas condiciones? “Todos los estudios estamos de acuerdo en que las crisis suelen pasar. Venezuela es un mercado grande. Sería mucho mayor la pérdida de irse y después volver para comenzar de cero.

Pocos recursos. “Con las uñas se hace teatro en Venezuela. Está complicado además el tema del vestuario. No hay telas ni otros implementos. Por ejemplo, hay salas en las que no se consiguen repuestos para los reflectores. Cuando alguien viaja, aprovechamos para pedir lo que falta, como maquillaje”, relata el director teatral Dairo Piñeres, quien también es uno de los impulsores del Microteatro.

No sataniza las obras comerciales, más bien les saca provecho. “No me molesta la migración de actores de televisión al teatro. Me han ayudado mucho a conocerme como autor y a hacer dinero para montajes con actores que nadie conoce”.

Sonia Villamizar coincide con Piñeres en lo cuesta arriba que es producir. “Ha habido problemas hasta para conseguir goma espuma y maderas. Cuando se halla tela la venden muy cara, o 2 metros por persona. Además, cada día es menor el apoyo de la empresa privada. Está condicionado a la disponibilidad de los materiales que una compañía quiera patrocinar”, señala la productora y protagonista de Dramas y caballeros.

Las artes plásticas también han tenido que amoldarse. “El público venezolano sigue comprando arte. Pero tenemos problemas con la impresión de los catálogos. Cada mes es más caro. A veces imprimimos menos ejemplares o solo hacemos versión digital”, asegura Ana Josefina Vicentini, de la galería de arte D'Museo.

Desde principios de septiembre se realiza una exposición de obras de Edgar Sánchez en la galería La Esquina, en Bogotá, pero el artista plástico no pudo asistir. “No encontré pasajes. Me siento mal por no poder ir después de tanto trabajo y esfuerzo”.

Entre los primeros
La Encuesta Latinoamericana de Hábitos y Prácticas Culturales 2013, de la Organización de Estados Iberoamericanos, indica que Venezuela es uno de los países en los que más se va al cine. Aproximadamente, 13% aseguró haber ido al menos una vez al mes. Ocupa en ese renglón el tercer lugar después de Costa Rica y Ecuador. En música, 25% de los venezolanos consultados afirmó haber ido entre 1 y 3 veces a un espectáculo, y 40% escucha música grabada al menos 1 vez por semana. Por el contrario, de acuerdo con el estudio, 68% indicó que nunca ha asistido al teatro.