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Cine digital pone fecha a la muerte del celuloide

El precio del soporte químico es la razón que precipita la extinción del viejo proyector: una copia de filme digital no representa ni la décima parte del valor de una en celuloide | FOTO ARCHIVO

El precio del soporte químico es la razón que precipita la extinción del viejo proyector: una copia de filme digital no representa ni la décima parte del valor de una en celuloide | FOTO ARCHIVO

En Estados Unidos 85% de las salas trabajan sin película química, mientras que en Venezuela sólo una de cada cinco ha dado el salto

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En la cinta El artista, una celebridad del cine mudo casi se descerraja un tiro en la cavidad bucal luego de la llegada de los diálogos al séptimo arte. La próxima revolución en la pantalla grande, el salto del carrete con película química de 35 milímetros de ancho al proyector digital, parece desarrollarse de manera menos traumática, pero es igual de imparable.

“El gran doliente es el operador del viejo proyector cinematográfico”, señala Bernardo Rotundo, presidente del circuito alternativo Gran Cine, acerca de esa figura romántica representada por el personaje de Alfredo en el filme Cinema Paradiso. “Sin embargo, también ese oficio venía un poco amañado. No hay ya escuela de formación de proyeccionistas y el error humano está presente en muchas de las funciones, por ejemplo, con imágenes fuera de foco. En las nuevas salas digitales, el personal es mucho más especializado”, agrega el promotor cultural, una de las principales autoridades del país sobre el tema de la transición que a cortísimo plazo extinguirá a los “Alfredos” del mundo.

De los poco más de 4.000 complejos cinematográficos que tiene Estados Unidos, que disponen de aproximadamente 34.000 pantallas, 85% es totalmente digital, según un reporte de mayo del diario californiano Los Angeles Times. En Noruega se alcanzó la meta de 100%. Para finales de año, los laboratorios Fuji y Kodak dejarán de producir película química, que se ha vuelto demasiado costosa: una copia en celuloide cuesta 1.600 dólares, y una digital, 130. Esa es la verdadera razón que sella el acta de defunción de una era.

Directores caseros. La revolución se precipitó con la cinta Avatar (2009): las funciones con la nueva tecnología del 3D requerían una sincronización impensable con los dispositivos tradicionales.   

Venezuela es uno de los países más retrasados en la transición en América Latina: sólo 19% de las salas tiene los nuevos proyectores, en los que la película es recibida no ya como una pesada pila de carretes con una sucesión de transparencias en miniatura, sino como un indescifrable disco duro externo de computadora. Acondicionar un cine para convertirlo en digital cuesta entre 80.000 y 100.000 dólares, en medio de las dificultades que tienen los empresarios para obtener moneda estadounidense y en una economía en recesión.

“Como ha ocurrido en el resto del mundo, tiene que haber una política de Estado para financiar el cambio. Porque al que más conviene el salto al digital no es a los dueños de las salas, que van a seguir cobrando más o menos el mismo precio de entrada, sino a toda la industria cinematográfica, incluidos los productores de filmes nacionales”, señala una fuente vinculada con la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas, gremio que abarca a los dos grandes circuitos privados del país, Cinex y Cines Unidos, y cuyas autoridades, a la espera de acontecimientos, prefieren no fijar una posición pública sobre el tema. El cine digital también es sinónimo de más cámaras en manos de potenciales realizadores de cintas independientes.

Rotundo, como representante del circuito Gran Cine, se ha reunido recientemente con organismos como la Comisión Permanente de Medios de Comunicación de la Asamblea Nacional para tratar temas como la digitalización y democratización de las salas.

“Sería un atrevimiento decir que el Estado tiene que financiar a unos circuitos de exhibición por encima de otros. Lo que sí tiene que haber es un plan nacional, una mesa técnica de trabajo que reúna a las grandes cadenas privadas, los promotores de la cultura y el CNAC para el diseño de una política, porque Venezuela quedó muy rezagada con respecto al resto del planeta. El Trasnocho Cultural, por citar un ejemplo, no tiene acceso a divisas para adquirir los nuevos proyectores. Cuando en Gran Cine organizamos un festival de películas europeas o independientes de Estados Unidos, cada vez se nos hace más cuesta arriba conseguir copias en 35 milímetros”, denuncia Rotundo.

“El cambio no nos debe asustar ni preocupar. Con el nuevo formato se hace mucho más sencillo, por ejemplo, colocar subtítulos en español. Y lo que planteamos ante la Asamblea Nacional es que, con los proyectores pequeños, se puede ampliar el espectro de exhibición: apoyar a emprendedores privados para abrir salas de cine alternativo en toda la ciudad y el interior del país”, sugiere. La función está por comenzar y depende del dueño de los dólares.


LoDijo

“Con los equipos digitales será más factible abrir un cine en San Agustín del Sur en el que vendas papelón con limón en vez de refresco”

Bernardo Rotundo

Presidente del circuito Gran Cine


LasCifras

2009

fue el año (exactamente en abril) en el que se inauguraron las primeras 3 salas digitales en Venezuela, en los complejos caraqueños Cinex Tolón, Sambil y Recreo. La cinta animada Monstruos vs aliens se proyectó en las pantallas sin que fuera necesaria una película química de 35 milímetros


2.048

líneas horizontales es la resolución de una imagen digital en el formato JPEG2000, que ha sido adoptado en la mayor parte del mundo para los nuevos proyectores. Teóricamente, aún no supera la calidad óptica de la película química, pero una proyección digital es más limpia y uniforme


Vertiginoso

Es complicado trazar un cuadro mundial del estado de la digitalización de los cines en el planeta, debido a lo vertiginoso de la transición en la mayoría de los países. Según The Hollywood Reporter y la publicación tecnológica Arma.tv, el porcentaje mundial en este momento es de 70% o 75% de salas con “cero químico”, es decir, provistas de los nuevos proyectores. Noruega alcanzó 100% tan temprano como a mediados de 2011 (líder en el globo terráqueo) y Gran Bretaña aspiraba a la misma meta para el primer cuatrimestre de este año. China ostenta alrededor de 85%, igual que Estados Unidos. El continente europeo, en conjunto, está montado en 67%. Latinoamérica muestra un rezago, aunque México tenía 60% a comienzos de 2013, contra 44% de Colombia y 33% de Brasil. Ecuador, aunque resulte sorprendente para los que desconozcan su exitosa política económica, será probablemente el primer país de la región que alcanzará el número mágico de 100% de cines digitales.




acorreia@el-nacional.com