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Cine con muchos colores: Venezuela suma 30 años de películas LGBT

El paso de <i>Azul y no tan rosa</i> por la pantalla grande local dejó cifras históricas | FOTO ARCHIVO

El paso de Azul y no tan rosa por la pantalla grande local dejó cifras históricas | FOTO ARCHIVO

Desde el año 1982 se han realizado en el país casi una centena de audiovisuales que visualizan de alguna manera a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales 

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“Primero ladrón, asesino… Lo que sea, pero marico no”, reprocha con furia Cheila Mercedes Iriarte, antes llamado José Antonio Iriarte, que no se graduó de maestro sino de maestra. Su apellido era el mismo, su familia era la misma. Solo había cambiado su nombre y su aspecto físico.

Esa frase pertenece a la película Cheila, una casa pa’ maita dirigida por Eduardo Barberena y escrita por Elio Palencia, estrenada en el país en el año 2010. Pero, también, es una frase que cualquier venezolano habrá escuchado alguna vez al calor de una discusión familiar o entre amigos sobre la homosexualidad.

El cine nacional ha intentado servir de espejo de la sociedad y con este tema no iba a hacer una excepción. De acuerdo con el libro Arcoiris tricolor: producciones audiovisuales sexodiversas venezolanas (1982-2012), de los investigadores José Alirio Peña y Claritza Arlenet Peña (Editorial Académica Española, 2013), durante 30 años Venezuela ha forjado un catálogo de 95 producciones de temática LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) que comprende 9 cortometrajes documentales, 28 cortometrajes de ficción, 3 cortometrajes de animación, 5  mediometrajes documentales, 4 programas televisivos, 6 largometrajes de ficción y 40 videos. Esto sin contar los 3 estrenos que la producción local tendrá este año: Pelo malo de Mariana Rondón (sobre un niño que quiere alisarse el cabello), Liz en septiembre de Fina Torres (sobre el amor entre mujeres) y Tamara de Elia Schneider (sobre el cambio de género).

Azul y no tan rosa, historia de Miguel Ferrari en la que un joven fotógrafo planea casarse con su novio hasta que su hijo se muda a vivir con él, está dentro del estudio mencionado. La cinta hizo historia en el país al figurar en las salas de cines durante 33 semanas y haber sido vista por casi 600.000 espectadores. Es, además, postulada por Venezuela para el Premio Goya de este año.

“Creo que Azul y no tan rosa fue un éxito de taquilla por esa reacción de boca a oreja que llevó a las salas a personas que tenían en sus cabezas los estereotipos estigmatizantes antes mencionados, y terminan identificándose totalmente con la historia y sus personajes. Porque el amor es universal”, reflexiona la abogada y activista de derechos humanos Tamara Adrián, cuya propia historia de vida (transexual y lesbiana) será llevada a la gran pantalla este año con su nombre como título y en la piel del primer actor Luis Fernández.

Eduardo Barberena considera que el secreto de las películas con contenido LGBT en un país como Venezuela que se cree machista es que no se convierten en audiovisuales panfletarios, sino que reflejan los problemas de una minoría, junto con el resto de dificultades que debe sortear un venezolano promedio.

“Hacer Cheila, una casa pa’ maíta fue un reto porque no quería caer en estereotipos ni caricaturas. Yo no la veo como una película sobre la transexualidad, sino sobre los problemas de convivencia de la familia venezolana”, indica el director.


2014 gay

A 30 años del estreno de Macho y hembra de Mauricio Walerstein (sobre las relaciones en trío y la bisexualidad), en 2014 se verán tres cintas de temática LGBT hechas en el país, además de una tercera edición del Festival Venezolano de la Diversidad. Para el crítico de cine de El Nacional, Sergio Monsalve, existe ahora en el país una saturación de películas demagógicas: “El tema de la homosexualidad es tratado como un comodín para atraer audiencia, como antes lo hacían en TV”. Lejos de esa opinión, Tamara Adrián piensa que la presencia de la sexodiversidad en el arte es un logro más en la lucha por los derechos igualitarios. “La visibilidad de la población LGBT, como simplemente parte de la sociedad, con los mismos problemas, los mismos dilemas y los mismos sueños que todas las demás personas, es un éxito en sí. Contribuye a superar esos estereotipos estigmatizantes que plagaron el cine latino de los años setenta, ochenta y noventa”, reflexiona la académica.